Miércoles, 23 de agosto de 2017

Lo que emerge de los suelos

 

Nunca usa tanto su cuello el naturalista como en noviembre. ¡No hay mejor tiempo para emboscarse! En suma, que sólo por lo que emerge de los suelos ya tenemos motivos suficientes para sumarmos a los calendarios de la vida

Las grullas están casi todas en Extremadura tras hacer algunas escalas en Aragón y las dos Castillas. Comienza la invernada propiamente considerada de los casi cuatrocientos millones de aves que han elegido nuestros campos para hacerlo. La mayoría de los mamíferos van adquiriendo un aparente mayor volumen al crecerles el pelo de invierno que les protegerá de los fríos. Los clanes lobunos ya se dejan notar. Se suma a bellotas y bayas silvestres el fruto de los espinos, chumberas, olivillas y majuelos, altamente nutritivos. Los abetos   fructifican, pero ya son pocas las especies que aprovechan su diminuto piñón

Las hormigas rojas de nuestros bosques culminan su actividad con la última recolección. Los sapos de espuelas y corredores inician su puesta. Las anguilas siguen abandonando nuestros ríos para adentrarse en el mar mientras millones de angulas, sus sucesoras, remontan los mismos cursos fluviales.

Cuando ya el frío y hasta la nieve niegan inorada y sustento en medio continente, nuestro derredor ofrece pocos rigores climáticos y comida en abundancia. Todavía más espectacular, aunque espacialmente muy reducida, es la capacidad de acogida de nuestros aguazales.

 

Ante tanta oferta, nosotros dudamos si mirar al parloteo de colores que avanza entre las copas, o descubrir a la altura convencional de nuestros ojos las cien diferentes costras de los fustes arbóreos, o, incluso y sobre todo, agachar la cabeza para descubrir esa erupción vital que son los hongos. Con la humedad que ayuda a los suelos a digerir las hojas, surgen no sólo las vaharadas de la fertilidad espontánea, también una larga colección de joyas tan coloristas como las que acaban de aterrizar sobre ellas. Son el aparato sexual de unos seres, inclasificados todavía, pues no son plantas aunque lo parezcan, que durante todo el año resultan  invisibles  por estar formados por microscópicas  esporas  o diminutos    filamentos. Es   ahora   cuando   se manifiestan rompiendo el suelo con redondeces jugosas, falos baboseantes, esferas pinchudas, paraguas moteados... Centenares de setas diferentes eclosionan ahora como si toda la tierra fuera huevo. Y ya tenemos las amanitas y los boletos, las risillas y los níscalos, los pleurotos y los corros de brujas...


Corro de amanitas