Lunes, 20 de noviembre de 2017

Una decisión de espaldas a la militancia

Escribo esto consciente de una realidad innegable: Cuando, por ejemplo, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón protagonizan un enfrentamiento verbal de incuestionable fondo ideológico, se dice que es un claro ejemplo de transparencia, que pone en evidencia las virtudes de la nueva política, y que no refleja nada más que un sanísimo ejercicio de enriquecedor debate. Sin embargo, si eso ocurre entre dos socialistas, es que el partido está roto. También tengo plena conciencia de que no soy Iglesias, ni Errejón, ni tan siquiera Fernando Pablos, persona a la que respeto y aprecio sincera y profundamente. Tan solo soy el Secretario General (y casi por accidente) de la Agrupación Socialista Bejarana, orgullosa de ser la más antigua de Castilla y León.

Los españoles acudimos a las urnas el pasado mes de diciembre y Mariano Rajoy, líder del partido vencedor nos dio la enésima muestra de su virtuosismo en el arte de no hacer nada, desoyendo el requerimiento del Rey y despreciando su obligación de intentar la formación de un Gobierno para España. Un hecho bochornoso e inédito en la historia reciente de nuestro país. En ese momento el PSOE, con un Secretario General y Candidato elegido por un procedimiento de primarias entre todos los militantes socialistas, intentó, a sabiendas de su dificultad, conformar un Gobierno firmando un pacto con Ciudadanos (refrendado también por la militancia) que no tuvo el apoyo ni activo ni pasivo de Podemos (que lleva meses interpretando el papel de crítico de arte: todo le parece mal, pero es incapaz de esbozar un solo trazo que tenga sentido). Para Podemos era inimaginable acercarse a Ciudadanos, un partido de derechas y nacionalista español. Para ellos era mucho más razonable acercarse a PNV y la nueva versión de CIU, partidos de derechas pero que, a juicio de los morados, deben de tener la “virtud” de que su nacionalismo es “sólo” catalán o vasco.  A mi modo de ver la situación obligaba a un acercamiento en todas las direcciones, con las únicas líneas rojas de nuestra ideología y nuestro programa.

Todo ello nos llevó a repetir proceso electoral en el mes de Mayo, con unos resultados (sorpasso excluido) prácticamente calcados a los de Diciembre. Vuelta a empezar. Y el PP y D. Mariano, doctorándose en su Máster de “verlas venir”. Y, por arte de magia, y de los medios de comunicación afines al poder, el PSOE volvió a situarse en el centro de todas las miradas, obviando que el protagonismo y la responsabilidad estaban del lado del Partido Popular. Y todos con la amenaza constante sobre sus cabezas del riesgo de unas terceras elecciones. Y todos los medios afines presionando al PSOE para que facilitara el Gobierno. Nadie se lo exigió, por ejemplo, a Podemos, con un número de escaños también suficiente.

Mientras esto ocurría fuera, dentro del Partido Socialista se sentía la presión, y se cocinaba el golpe. Celebramos un Comité Federal allá por el mes de Julio en el que se decidió mantenerse firmes en el “no” a facilitar el Gobierno del PP. Ahora hay quién critica que aquella decisión no se consultara a la militancia. Pudo haberse hecho, pero lo cierto es que la postura adoptada no suponía ningún cambio de rumbo, sino que, al contrario, confirmaba lo defendido desde siempre y también en la campaña y en el programa electoral.

Y entonces ocurrió lo que ahora algunos parecen olvidar. A finales de Septiembre, de manera orquestada y premeditada, se produce la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva Federal, forzando la dimisión de Pedro Sánchez tras un bochornoso Comité Federal a primeros de Octubre. Fulminan al primer Secretario General y Candidato elegido (y reconozco que sin mi voto) de forma directa por la militancia, sin que la militancia, sorprendida, tenga oportunidad de hablar. Se nombra entonces una Gestora que, desde el primer momento, se pone a trabajar para facilitar el Gobierno del Partido Popular.

La militancia, conmocionada, se empieza a movilizar. En Salamanca se reúne el Comité Provincial y responsables de las distintas Agrupaciones, evidenciándose la mayoritaria postura de apoyar el “no” al Partido Popular. Se convocan asambleas, como la de Salamanca, en la que se vota por el “no”. De nada sirve. En el Comité Federal del pasado fin de semana, nuestras compañeras salmantinas, y 137 más deciden, frente a 96 votos en contra, abstenerse y facilitar la investidura de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno de España.

Sé que hay razones para abstenerse, aunque no las comparto. Lo que no puedo admitir es que una decisión de tal transcendencia, que supone un vuelco radical en el sentir socialista y, lo que es más grave, contraviene lo defendido en campaña electoral, se tome sin tener en cuenta el sentir de las bases. Ninguneando las miles de firmas recogidas en pocos días oponiéndose a la decisión tomada. Facilitando el Gobierno de un Partido que lleva años cercenando la calidad de vida de los más desfavorecidos. Que lo ha hecho instalado en la corrupción. No puedo admitirlo sin más. Y, sintiéndolo mucho, no creo que sea el tiempo de restañar heridas. Ya llegará. Ahora es el momento de que los militantes y simpatizantes se movilicen. De que exijamos el retorno a los valores socialistas. De que exijamos que nuestra voz sea tenida en cuenta.

Decía la protagonista en la sombra, Susana Díaz, que no quería ver al PSOE convertido en “una gran IU”. Mira compañera, en la humilde opinión de un simple militante y Secretario General de una pequeña Agrupación, prefiero, utilizando tu símil, ser una gran IU que una pequeña UCD, que es a lo que nos aboca esta decisión. Una pequeña UCD que sería fagocitada a medio plazo por la gran derecha. Y no vamos a consentirlo sin pelear.

*José Luis Rodríguez Celador es secretario general de la Agrupación Socialista Bejarana