Sábado, 23 de junio de 2018

Construirnos a nosotros mismos...

Está claro, siempre ha sido así, que el mundo cambia con tu propio ejemplo, no con tu opinión. Es tiempo de empezar a plantearnos que nuevas metas una de ellas sería la de que “no se trata de tener derecho a ser iguales, sino de tener igual derecho a ser diferentes, dentro de la igualdad”...

Caramba…, se me estropeo una persiana de una de las ventanas del tejado que protege mi despacho de trabajo. Por lo que me ví obligado a precisar los servicios de un profesional, y así, vino el técnico, y allí los dos platicando mientras arreglaba la avería, me dijo: “es un honor trabajar en casa de una persona culta”, viendo la cantidad de libros que adornan mis paredes y los papeles que cubren mi mesa, “ya no se ve una casa así”, haciendo referencia a su experiencia cotidiana de visitar hogares, día tras día, para reparar ventanas.

Reflexionando después, te preguntas a ti mismo: “en qué mundo vivimos”, y te respondes: “en el que nos toca”. Pero si uno tenía dudas, sobre ciertos temas, pues ahora un poco menos.

La persona que no lee, no es mejor que una persona analfabeta. Lee poco y serás como muchos, lee mucho y serás como pocos. Leer es vivir dos veces, pensar después es vivir tres. Las ideas se cargan cuando son pensadas. Comprender el mundo es estar a la altura del mundo.

Contaba mi abuela que iba un día Unamuno paseando por una calle estrechita que hay junto a la catedral, y por la acera también muy estrechita se encontró con un amigo suyo. Casi no cabían andando los dos por la acera. Viendo venir a otro de frente, el amigo le dijo: “pues yo no me bajo para dejar pasar a ese imbécil”. Unamuno contestó: “pues yo sí”. El imbécil, la ignorancia y la necedad cuanto antes se vaya de nuestro lado mejor.  Resumido en  castellano viejo: “no te arrimes nunca a un caballo por detrás, ni a una cabra por delante, ni a un necio o un tonto por ninguna parte”...

Así las cosas hay muchas actitudes que retratan nuestra forma de vivir. Vivimos en una época en que el mediocre crítica, aunque no comprende, envidia porque no se atreve, y reivindica aunque no lo merezca. Mientras otros callan porque no se ven capaces.

Hay miles de ejemplos que demuestran la incapacidad social de muchos a la hora de enfrentarse a la vida; y de la que no son conscientes. Una incapacidad dirigida, nosotros los que peinamos canas, nuestros padres, nuestros abuelos tuvieron menos oportunidades y comodidades a la hora de labrarse un futuro. Pero ahora nos quieren hacer creer que es peor. Un ejemplo está en que antes la preocupación de los jóvenes era trabajar y formar una familia. Ahora la mayoría de los hombres y las mujeres buscan una pareja con la que acostarse, y pocos son los caballeros y las damas que buscan una parte contraria con las que valga la pena despertarse, formar un futuro y una vida de convivencia. Se vive, al margen de la propio sentido de la vida, en una vida de total desconocimiento de lo que es la propia existencia y su sentido, en definitiva de lo que podemos ser capaces.

Decía Platón: “Cuantas más ideas tengas en un segundo, más perfecta podrá llegar a ser tu vida. Si sólo has visto una manzana en tu vida y la tienes que dibujar, te costará mucho hacerla perfecta. Para ello tendrás que ver millones”.

La necesidad de contar es innata al ser humano, porque va unida a la necesidad de trascender la pequeñez de la vida misma, es también una manera de dar ejemplo, de ayudar a los demás. Sabido es que el principal reto al que se enfrenta un escritor, un pensador, es a transmitir y a que lo lean, y que la crisis de lectores es un drama en esta sociedad. Porque leer no es leer un mensaje en una aplicación; leer va más allá. Quienes no leen, difícilmente pueden desarrollar un pensamiento propio, diferenciar la intoxicación de la realidad, y tener espíritu crítico, además de construirse a sí mismos.