Sábado, 24 de junio de 2017

El paso de las aves

Entre los mamíferos hay unos pocos casos de segunda reproducción anual con septiembre como marco temporal. Caso de erizos comunes, comadrejas, a veces los gatos monteses, jabalíes...

Triplican sus descendientes los musgaños comunes y los conejos pueden estar en su quinta o sexta generación anual de descendientes. Al tiempo que se formaliza el clan de los lobos se acaba el celo de las osas y puede comenzar, sobre todo si llueve, el más espectacular de los amoríos zoológicos.

Los ciervos dejan oír su bramido en las noches de septiembre.

 

Los anfibios están casi desaparecidos pero algunos, como el sapo de espuelas, en lo más pausado de la noche dejará oír su mínimo silbido para desvelar que se apresta a su periodo de reproducción. Los reptiles se dedican principalmente a la captura del mayor número posible de presas, aunque su metabolismo les permite pasar meses sin comer, nada mejor que unas buenas reservas de grasa para pasar el invierno.

Se impone, pues, aprovechar las oportunidades de hacerlo, sobre todo los muchos jóvenes de lagartijas y lagartos que nacieron en pleno verano. Los camaleones macho, allá en Cádiz y Málaga, persiguen a las hembras antes de inmovilizarlas, requisito imprescindible para que pueda llevarse a cabo la cópula. Algunas culebras, como las de collar y la lisa europea, se atreven con un segundo intento reproductor.

 



Las aves, a excepción de los halcones de Eleonora, que ceban a sus pollos en los acantilados costeros de las islas del Mediterráneo y las Canarias, son cada vez más llamativas: las gregarias porque acaban de formalizar esa íntima alianza que llama­mos bandada, las viajeras porque ya cubren disparatadas distancias hacia el Sur, las sedentarias porque se atiborran de los mencionados frutos y las ocasionales porque es buena ocasión para detectar a la excepción. Los patos, que pierden las plumas de golpe a lo largo de este periodo, las recuperan con la misma prontitud, ya que también se entregan a las más espectaculares singladuras.


Enormes bandos de fringílidos,
como el lúgano, alcanzan nuestros
campos a lo largo del otoño
.
 

Pero son sin duda los mosquiteros, comunes y musicales, los que se dejan ver con más frecuencia. Son millones viajando hacia África, sobrevolados por aviones, golondrinas, vencejos, abejaru­cos, águilas calzadas, culebreras, milanos negros, aguiluchos... No hay mejor mes para contemplar el paso de las aves migradoras de gran tamaño por el estrecho de Gibraltar, lo que resulta uno de los mejores espectáculos zoológicos del calendario natural