Miércoles, 20 de septiembre de 2017

Me manifiesto

Hay tanto afán por desconocer a la democracia tradicional, sí, la de partidos, que se está cayendo en creer que la calle es más democrática que los parlamentos y las asambleas lo son más que las urnas.

Sigamos encadenando artículos.

En el anterior, si recuerdan, hablaba de opiniones, axilas, redes sociales, barras de bar…

Hoy, sin embargo, me voy a manifestar; hay tanto afán de tirios y troyanos por desconocer a la democracia tradicional, sí, la de partidos, que se está cayendo en creer que la calle es más democrática que los parlamentos y las asambleas lo son más que las urnas.

Parece de perogrullo pero insisto, elijan la manifestación pública que quieran y siempre serán más los que no están en ella; ¿eso quiere decir que están contra lo que pidan los que se manifiestan? Por supuesto que no, pero, por lo mismo, quienes se manifiestan son eso, un grupo que tiene derecho a gritar… incluso contra el sistema que les permite hacerlo.

Hace poco fue la Diada catalana; sí, hubo mucha gente, ¿y? Salir a la calle no significa más que eso, que viven en un régimen en el que pueden salir a la calle; mientras no cambien ese sistema, si quieren cambiar otra cosa, hay caminos legales… Pero en vez de seguirlos, queremos que “la calle” sea moneda de cambio o patente de corso.

En México, los grupos más tradicionalistas se manifestaron hace un par de semanas “en favor de la familia”; y vuelven a las andadas el sábado 24; ¿por qué? Porque el malísimo del presidente Peña Nieto ha promovido una iniciativa para que todas las leyes de todos los estados se igualen en favor del matrimonio igualitario, vamos, que quien quiera casarse pueda hacerlo con quien quiera y el estado le brinde las mismas garantías que a cualquier otra persona. Ah, y a que conceptos como género, equidad, igualdad, se enseñen en las escuelas, o sea, que a los niños se les diga que puede haber familias con mamá-papá, mamá-mamá, papá-papá o las que se les ocurran a los niños si voltean a ver a sus compañeritos y compañeritas.

Las fuerzas retrógradas, ya les digo, salen a la calle con eslóganes hashtageados como “con mis hijos no te metas”, cuando, evidentemente, el Estado debe proteger los derechos de esos hijos, incluso, si hace falta, de los abusos de sus propios padres.

Quienes están contra ese planteamiento, en vez de apoyar la iniciativa legal, como es del malísimo del presidente priista, convocan una contramanifestación y no paran en las redes sociales; en vez de darse cuenta de que a las fuerzas del pasado solo les queda vociferar, deciden contribuir al encono y ponerse a su altura; ante la sinrazón, contestan con gritos; en vez de demostrar que la razón ha vencido, se conforman con ver quién hace más escándalo… ya sea en la calle o en Twitter o Facebook.

En vez de convencer, les basta con vencer… O creer que lo hacen.

Como si fuera la primera vez.

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