Miércoles, 20 de septiembre de 2017

A orilla cambiada

Ser de ambos sitios es bastante parecido a ser y no ser, esa es la cuestión… O tal vez sea un problema de verbos copulativos, de ser y no estar, de estar y ser sin ser del todo… Parece... complicado. No lo es tanto.

Cuando uno regresa a casa, a una de sus casas ˗porque ya se estableció en otra parte˗ es innegable que hay sensaciones encontradas.

El tiempo va pasando, uno parece que se va “haciendo” más de la casa nueva, sin dejar de ser de donde siempre se ha sido.

Ser de ambos sitios es bastante parecido a ser y no ser, esa es la cuestión… O tal vez sea un problema de verbos copulativos, de ser y no estar, de estar y ser sin ser del todo…

Parece... complicado. No lo es tanto.

Ahora que acabo de pasar unos días allá, llego a México y la memoria empieza a hacer balance: recuerda cosas sueltas, simpáticas, curiosas… Recuerdos de esos que, simplemente, son y nos forman.

Recuerdo, por ejemplo, una mañana de domingo, cuando Pilar y yo estábamos haciéndonos fotos junto a la Purísima, en una calle por la que tantas veces pasé yendo o viniendo del colegio ˗el Maestro Ávila˗; de repente, una señora, con pinta de turista, nos dijo que era más bonito junto a la Catedral, y que ese día había visita gratis, o algo así… Por supuesto, le dimos las gracias y sentimos raro por tener pinta de turistas, nosotros, en casa… Y más yo, que era el día de mi cumpleaños…

Los camareros se volvieron uno de los “recuerdos” de este viaje; el mexicano siempre se queja de la sequedad española; uno, lo confieso, la siente cada vez más, en las sucesivas visitas… Me estoy mexicanizando, lógico, pero de todas formas todavía distingo esa “sequedad” propia de la mala educación, propia y ajena; sequedad es el “qué queréis” y mala educación es la de un camarero madrileño que nos espetó: “pedid todo de una vez, para que no eche tantos viajes”…

Por cierto, que, sobre todo en Madrid ˗solo estuve en Madrid, Piedrahíta y Salamanca˗  nos llamó la atención la cantidad de camareros ˗meseros, les dirían aquí˗ de origen latinoamericano… Y más nos llamó la atención que muchos ya tenían deje y modos madrileños… No digo más.

Mención aparte merece un individuo que me regaló un mal rato en Salamanca; lo cuento: llego con la familia y, cuando voy a ocupar una mesa, me dice que no, “que ya me van a llegar las cenas”… No me preguntó si iba a cenar, simplemente… fue un imbécil. Desde luego, camarero tampoco era… Trabajaba de ello, eso sí.

El lugar, curiosamente, se llama Pachamama… y eso me ocurrió el mero día de la Pachamama, hace exactamente un mes; como no vi ningún cartel alusivo a la celebración y el tipo nos trató como cuento, me fui con la música, y la familia, a otra parte, un bar con muy buenos pinchos frente a los Reparadores, y me quedé con la copla de que hay mucho postureo, una de esas palabras “de ahora” que me encanta.

Y hoy, pensando desde aquí, me doy cuenta de que, a lo mejor, me estaba “ofendiendo” ya como latinoamericano… Con la catedral al fondo y a la vera del Tormes.

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