Martes, 19 de septiembre de 2017
Béjar al día

La Ciudad Clorhídrica

“Las buenas opciones culturales se han quedado encerradas en poquísimas iniciativas privadas con una asombrosa falta de medios, mientras el grueso del dinero público para cultura se ha derivado a la iglesia”
Luis Felipe Comendador

Esta ciudad clorhídrica, que devora dos cadáveres diarios, se intenta alzar en cuatro o cinco trucos de magia mala que la decoran y la condecoran y que la hunden inexorablemente en lo más negro de los tiempos conocidos. ¿Qué se puede esperar de una ciudadanía que ‘no vota al PP’ mientras ese partido saca el 46% de los votos? , ¿qué se puede esperar del fututo alquilado en una estación de esquí en la que no nieva ni aunque nieve?, ¿qué se puede esperar de una cultura basada en la figura de un párroco estrella con bonete años cuarenta y procesiones hasta para ir al baño –incluido requeté de boina y capa-?, ¿qué se puede esperar de una ciudad que permite que su mejor valor artístico tenga que exponer su obra, a mayor gloria, en el salón comedor de la piscina municipal?...

En lo político estamos out por la derecha, por la izquierda y por el centro; en lo social estamos bien jodidos (la mitad de la gente no llega al día 5 del mes y la otra casi mitad no llega al día 10), en lo económico/dantesco estamos al ras del Sahara y en lo cultural estamos vendidos a la insanía de otros tiempos y a un rol de malas amistades que propician el cainismo y la absoluta mediocridad.

En Béjar siempre existieron valores culturales potentes (casi todos individuales), opciones intelectuales punteras (ahogadas, por lo común, con dinero público) y pequeños biotopos de libertad que han ido diluyéndose con esa subvención institucional especializada en poner barreras y apretar frenos. Todo el valor cultural e intelectual de los numerosos bejaranos brillantes ha sido barrido con esos términos tan peligrosamente cabrones como ‘colabora’ y ‘organiza’.

A estas alturas, las buenas opciones culturales se han quedado encerradas en poquísimas inicitavas privadas con una asombrosa falta de medios, mientras que el grueso del dinero público para la cultura se ha derivado a la iglesia católica y a sus montajes, a la subcultura de lo mediocre y de lo más que mediocre y, como mucho, en apretar las tuercas a los dos o tres impulsores culturales que entran por la colaboración con lo público, destruyéndolos y dejándolos al pairo hasta su pronta desaparición.


Y en este entente de desaparición, si éramos pocos, resulta que nos jodemos bien jodidos entre nosotros, que la institución mayor da más trabajo fuera de la ciudad que dentro de ella, que no sé quién de la izquierda mal entendida intenta arruinar a alguno de los pocos que matienen una chispita de luz haciendo pequeños contratos para jóvenes aportándoles ilusión y un poquito de esperanza.Vivir en Béjar con cierta intención cultural es ya un acto irrepetible (lo haces una vez y no vuelves a hacerlo), que en Béjar ya solo se muere (véase el histórico de decesos y súmesele el histórico de negocios cerrados).

Este pueblo es cainita como ninguno, clorhídrico (como ya dije), absolutamente cabrón con su gente, despreciable en muchas de sus intenciones, ridículo en su mostrarse hacia afuera, fracasado en cualquier planteamiento de futuro, absolutamente ingrato con quienes aún tienen cierto potencial para recuperarlo para la vida y con un patente retraso en su comparación con cualquiera de las poblaciones vecinas.

Yo siempre seré de este paisaje, pero no de esta gente; siempre seré de Gabriel Cusac, de Alberto Hernández, de Manuel Blázquez, de José Muñoz, de los Abejarock, del blues pequeño de La Alquitara (que el grande ya me resulta más difícil de tragar y digerir), de Juan Hernández Heras… pero no de las ‘fiestas nacionales’ desatadas en rezos y plegarias, en disfraces y en falsos sentimientos.

¿Qué soy un borde y un gilipollas?, pues lo mismo sí, pero vivo en Béjar y quiero que mis hijos puedan hacerlo también si así lo deciden, y a eso solo se puede llegar si no les fastidiamos el futuro como lo estamos haciendo.

Aire.

Luis Felipe Comendador