Viernes, 20 de julio de 2018

Más amaños

Sabido es, y lamentablemente aceptado que, salvando (escasísimas) excepciones, el nivel del periodismo español ha descendido a niveles nunca conocidos de chabacanería, sensacionalismo, trivialidad y tendenciosidad, tanto en los medios escritos como en la televisión, la radio y la ingente cantidad de informativos digitales que pueblan un mundo periodístico ya hace tiempo indigno de tal nombre. Usos que antaño hubiesen sido criticados por mendaces o ruines, son hoy moneda de uso corriente en la presentación, contenido y manipulación de lo que cada vez menos puede llamarse información veraz. Tics no más anteayer definitorios del amarillismo o técnicas de desinformación del más puro fascismo, son ahora utilizados cotidianamente en titulares, reportajes o ‘dossieres’ periodísticos que avergonzarían al último gacetillero de hace no más de treinta años.

Cuando uno soportaba la burocracia franquista -y la postfranquista calcada de aquélla-, uno sabía que cualquier comunicación oficial enviada a un administrado (un ‘oficio’), que iba firmada por el Jefe de la sección, unidad o negociado de que se partiera, que si se trataba de una concesión, una aprobación o la comunicación de algo beneficioso o positivo para el destinatario, bajo el garabato de la firma del jefe correspondiente figuraban siempre escritos su nombre y apellidos, precedidos a veces de un ‘Don’ o un ‘Señor don’, para dejar constancia de quién era la persona que comunicaba la buena nueva (y a quién, por tanto, había que agradecérselo). Pero, del mismo modo, uno sabía que la comunicación de una multa, una admonición, una denegación o un rechazo, iba únicamente firmada con un garabato bajo la denominación del cargo, sin que figurase el nombre de la persona que lo firmaba. De modo que las noticias positivas para el destinatario tenían nombre de su emisor y las negativas, no.

 Ese uso común en la administración pública (que probablemente perviva en algunos casos, dada la elefantiásica lentitud de cualquier cambio en la burocracia oficial de este país y en las cabezas de sus gestores), se ha extendido de forma cuasi fractal, y en sentido inverso, a los modos de titular las informaciones por parte de los medios de comunicación, y uno ve cotidianamente titulares como, por ejemplo “Colau sanciona a los que alquilen pisos veraniegos de forma ilegal”, el mismo día que puede leer “El Ayuntamiento de Barcelona recupera el uso público de varios parques”. O que “La Concejalía de Bienestar Social madrileña atiende la alimentación veraniega de doce mil niños sin recursos”, en el mismo diario en que dos páginas más adelante puede leerse “Carmena multa fuertemente el aparcamiento en doble fila”. Un procedimiento tendencioso, rastrero y, en este caso, de ronroneo reaccionario (nunca titularían al revés, poniendo el nombre de la alcaldesa frente a una información positiva ni viceversa). Personalizar lo negativo, diluir en el organismo lo positivo con el inocultable propósito (ya generalizado en la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles) de minar o menospreciar la credibilidad y realizaciones de los cargos (personas) no afines a la ideología del medio –últimamente desesperantemente homogénea-, mientras se informa fría e impersonalmente de las realizaciones en positivo de ese mismo cargo (persona) y que, indefectiblemente, son atribuidas al funcionamiento normal de la institución.

Lamentablemente, los canales de información veraz y no manipulada son cada vez más escasos (vaya en defensa de la profesión la existencia de unos pocos medios digitales todavía decentes). La práctica de menospreciar y ocultar méritos atribuyendo a las personas las decisiones  menos aceptables y ni nombrándolas respecto a las mejor recibidas, se extiende también a las informaciones de cualquier tipo, personalizando en los titulares –Maduro ataca, Putin ordena, Hollande priva, Obama impone...- las decisiones menos populares que los gobiernos que presiden han de tomar, mientras esos mismos medios diluyen sus méritos con alusiones al país o a la institución –el gobierno Venezolano vela por..., Rusia acogerá a.., Francia respeta el..., Washington autoriza los...-  las noticias de más positivo cariz (esto sin entrar, que sería objeto de otra reflexión, en la putrefacción del tratamiento informativo “occidental” referida a los países gobernados por la izquierda)-