Lunes, 11 de diciembre de 2017

¿Hay un partido político cristiano?

¿Cuál es el partido político más cercano a los ideales y a los valores del Evangelio? ¿Hay algún partido que ponga en práctica los valores que sostiene y propone la Doctrina Social de la Iglesia? Para un cristiano ¿es más coherente ser de derechas o de izquierda? Y ¿No es la anarquía una forma de vida con una moral muy cercana al Evangelio de Jesucristo? En estos asuntos muchos cristianos que militan en o simpatizan con partidos políticos democráticos están viviendo la experiencia que señala aquel refrán: De los amigos líbreme Dios, que de los enemigos ya me libro yo.

Para profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia lo primero que debo hacer es desempolvarla. Y así, abro el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia por el número 413 y lo primero con lo que me encuentro es con que los partidos políticos son buenos, necesarios y convenientes y –cito literalmente poniendo comillas, que ahora ya no se cita ni en algunas tesis doctorales- “…tienen la tarea de favorecer una amplia participación y el acceso de todos a las responsabilidades públicas”. Además, los partidos políticos están “llamados a interpretar las aspiraciones de la sociedad civil orientándolas al bien común, ofreciendo a los ciudadanos la posibilidad efectiva de concurrir a la formación de las opciones políticas…Los partidos deben ser democráticos en su estructura interna, capaces de síntesis política y con visión de futuro”. A lo mejor es mucho pedir; en todo caso es una guía para orientar a los cristianos a qué partido pertenecer y a qué partido votar.

El número 573 machaca el clavo: “…En cualquier caso, toda opción debe siempre  enraizarse en la caridad y tender a la búsqueda del bien común”. Y es que los Papas han insistido en que la vocación política es una de las formas más nobles de ejercer la caridad, pues el amor al prójimo, impulsado por el amor a Dios, de suyo está llamado a ser práctico, concreto, evaluable; la Utopía está llamada a encarnarse, que es algo genuinamente cristiano.

La moral cristiana da mucha importancia a la responsabilidad y conoce bien las limitaciones humanas y así “…pretender que un partido o una formación política correspondan completamente a las exigencias de la fe y de la vida cristiana genera equívocos peligrosos”. De ello fue muy consciente la Iglesia española desde muchos años antes de la Transición y muy especialmente durante ella.

“El cristiano no puede encontrar un partido político que responda `plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia: su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica” con el fin de estimular desde dentro de la vida del partido a que éste busque el bien común, en el que se incluye el fin espiritual del hombre.

Esto de que los cristianos no se adhieran ideológicamente y conserven el sentido crítico ha debido ser la causa de que los sectores “vaticanistas” del PSOE y los democristianos del PP estén de capa caída, defenestrados o meramente testimoniales. Tal vez por ello se explique también la gran presión que se ejerce contra los católicos, sobre todo en las formaciones más a la izquierda, para que se desenganchen de la Iglesia, de los obispos, de “la estructura”, y sigan siendo cristianos, si quieren, solo dentro de su conciencia o como mucho en la sacristía, no en la vida pública y publicada.

Y ya que de política hablamos, ya me gustaría a mí bromear con aquella frasecita ¿de Tip y Coll?: “Y el próximo día…hablaremos del Gobierno”. Pues va a ser que no, o parafraseando a un presidente en funciones: “o sí”…