Sábado, 16 de diciembre de 2017

Lo primero, escuchar a Jesús

Queridos hermanos sacerdotes, querida comunidad de religiosas, queridos residentes y personal laboral, queridos todos:

En este día, tan especial para esta casa, quiero hablaros, brevemente, de dos realidades: del evangelio del día y de algún rasgo de Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

En cuanto al Evangelio, hemos contemplado cómo Jesús sabe tomar un descanso y gozar de la santa amistad y hospitalidad de una familia de Betania compuesta por tres hermanos: Lázaro, Marta y María.

En esta ocasión se nos presenta a Marta preocupada por las tareas domésticas. María está sentada a los pies de Jesús, escuchándole. Ciertamente tiene mérito la actitud de Marta de atender lo mejor posible al huésped. Sin embargo Jesús alaba más la actitud de María, porque “ha escogido la mejor parte”.

No se trata de oponer la contemplación y la acción, sino de resituar u ordenar las prioridades en la vida: lo primero, es escuchar a Jesús. Y, a partir de ahí, los afanes de la vida.

Para nosotros, es una doble llamada de atención: una, para la vida y, otra, para vivir mejor la Eucaristía. Para la vida, porque tendremos que examinarnos y valorar si nos refugiamos en la oración sin trabajar lo suficiente o si caemos en un activismo sin atender la vida de oración. No podemos separar el amor apasionado a Jesús (con momentos de “oración de alcoba” o de encuentro personal con Él) de las obras del reino o vida de compromiso misionero. Hay que unir Rey y Reino (mística y obras).

Precisamente en la Eucaristía de cada día somos Marta y María: en la primera parte, Marías que escuchan atentamente la Palabra de Dios. En la segunda parte, Martas que, habiendo interiorizado la Palabra y comulgando al mismo Cristo, nos convertimos en existencias eucarísticas para la vida.

Los santos siempre han sido “Martas y Marías”, al mismo tiempo. ¿Un ejemplo? – Teresa de Jesús Jornet e Ibars. Recordamos juntos algunos rasgos de su vida donde se complementaron perfectamente la contemplación y la acción.

Nació en Aitona (Lérida) el 9 de Enero de 1843. Sus padres, Francisco José y Antonia eran sencillos labradores. Educaron a sus hijos en la fe: su hermana Josefa, hija de la Caridad en La Habana; su hermana María, compañera de Teresa, y tres hijas de su hermano Juan, también compañeras de Teresa.

Estudió en Lérida y se hizo maestra ejerciendo en Argensola. Solicitada por su tío Francisco Palau para formar parte de una fundación: terciarias carmelitas. Trabajó en Menorca, Aragón y Cataluña. Muerto su tío, ingresó en las clarisas de Briviesca. Salió antes de emitir sus votos.

Puso sus inquietudes en manos de D. Saturnino López Novoa, canónigo e Huesca y fundador de las hermanitas de los ancianos desamparados. Comenzaron el día de San Francisco, en Octubre de 1872, en Barbastro. La nombran superiora provisional y ella escribe: “He aceptado solo por santa obediencia pues no tengo capacidad ni para dirigir un pajarillo”. En 1873 toman el hábito y recibe el título de directora general.

A pesar de la situación convulsa en España (Amaedo de Saboya abandona España, se declara la República, guerra carlista…) se abre el “primer asilo de ancianos” en Valencia, en 1873. Más tarde llegará Zaragoza, en 1874. Reciben aprobación de Roma en 1876. Y crecen muy rápidamente: en 1882 ya había 27 casas. En 1892, 91 casas con presencia en Puerto Rico, Colombia, Cuba, Perú, México…

Teresa inaugura una tradición: poner en la portería una imagen de San José con muestra de lo que se necesita en la casa: garbanzos, aceite, azúcar…Para que los bienhechores lo conozcan y ayuden. Comienzan a pedir limosnas, como principal fuente de financiación.

Santa Teresa era muy realista. Un día le dijo a la cocinera, que había puesto los garbanzos muy duros: “mire, hermana, si ud quiere mortificarse, mortifíquese, pero no mortifique a los demás; esfuércese por hacer bien el cocido”.

A las hermanas las repetía, como una especie de brújula: “Amen mucho a la sagrada familia; cuiden con esmero a los ancianos; tengan entre ustedes mucha caridad; y observen fielmente las constituciones”. Les recordaba que debían estar siempre alegres y que la mejor cruz era la “silenciosa del trabajo de cada día”. Como virtudes, subrayaba la oración, el silencio interior y exterior, y la discreción.

Sus hijas se miraban en la Madre del cielo y en la madre Teresa. Soportó y pruebas muy duras; por ejemplo, en 1885, en Valencia, el cólera mató a 65 ancianos y 24 hermanitas.

Muere Teresa joven, en Liria, en la madrugada del 26 de agosto de 1897, con 103 casas abiertas, y 1260 hermanas profesas. Fue beatificada por Pío XII, en 1958 y canonizada por Pablo VI en 1974.

Nada más. Pedimos al Espíritu, que hará el milagro de la presencia del mismo Jesucristo en el pan y el vino consagrados, y a María La Virgen, que seamos Martas y Marías al mismo tiempo e imitemos las virtudes de Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars. Que así sea.

+ Raúl, Obispo de Ciudad Rodrigo