Jueves, 14 de diciembre de 2017

Tú no eres mi amiga

Porque te sientes aludida. Porque traficas con los sentimientos y difuminas a tu antojo los límites del deber y el querer. Porque eres una mafiosa de las relaciones, una chantajista siempre amenazante. Porque manipulas tus contactos tejiendo una tela de araña entre los míos que me rodea, me atrapa y me asfixia. Tú no eres mi amiga.

Porque mis triunfos te amargan, porque mis alegrías te entristecen, porque siempre has tenido excusas absurdas para no participar en los momentos más importantes de mi vida. No has sido jamás mi amiga. Ni siquiera cuando pretendías hacerme creer que gracias a mí habías logrado ser tú, llegar a la meta con mi aliento, triunfar porque compartí contigo –sin miramientos- mi escasa experiencia y algunos conocimientos. Nunca fuiste mi amiga. Aunque tardé demasiado en darme cuenta.

Porque las amigas confían ciegamente. Porque siempre están a tu lado, siempre de tu lado. Aunque seas el causante del fracaso, del error, el protagonista del peor de los actos. Las amigas jamás ponen en duda tu palabra. Incluso cuando te equivocas saben cómo decir las cosas con cariño para no causar más daño del que puedes tolerar. Las amigas están en las buenas para disfrutar, brindar y alegrarse como si les pasase a ellas; pero sobre todo, en las malas, para aliviar, abrazar y consolar. Las amigas siempre están, no como tú.

Porque tus dolores siempre eran más importantes que los míos, porque tus trabajos siempre eran mejores que los míos, porque mis ideas ya se te habían ocurrido a ti, porque mis proyectos ya tú los habías vivido. Porque nada ni nadie podía equipararse a ti, querida enemiga.

Y digo enemiga, sí. Porque camuflabas con humor tus desprecios, porque disimulabas tu insignificancia y tu soledad disfrazada de un aura espiritual que ha resultado estar atornillada al vil metal, al dinero del que tanto renegabas. Enemiga porque fuiste la culpable de mis dolores, de mis lágrimas, del desgarro en el alma que me obligó a pedir ayuda.

Hoy veo todo con tal nitidez que asusta. Miro atrás y la perspectiva es distinta. Las cicatrices aún están frescas, pero se han cerrado para siempre. A mi lado, los que nunca han dejado de ser y estar para mí y conmigo. La familia, los verdaderos amigos. Me costó extirparte de mi vida, pero más aún me costó darme cuenta de que nunca, jamás, habías sido mi amiga. De que todo era mentira. De que ni siquiera eras… una tía.