Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Una antología ‘sui géneris’

Sobre la antología de Alfredo Pérez Alencart, Según voy de camino (Hebel Ediciones, Santiago, Chile, 2016)

Contención verbal, síntesis poética, ética y honestidad intelectual, son las primeras impresiones que me deja la lectura de la sui generis antología de Alfredo Pérez Alencart, Según voy de camino (Hebel Ediciones, Santiago, Chile, 2016). Sui generis puesto que la misma está conformada por diez intensos poemas traducidos al chino, al bengalí, al griego y al inglés, e ilustrada notablemente por el artista cubano/español Luis Cabrera Hernández. En ese sentido, hay que decirlo de una vez, es un feliz connubio entre poseía y gráfica: verdadero objeto de arte.

             Las traducciones han estado a cargo de Huaping Han (chino), Mainak Adak (bengalí), María Koutentaki (griego) y José Ben-Kotel (inglés). Los poemas provienen de una plaquette y de los siete libros publicados por el poeta peruano/español a lo largo de su productiva carrera. Son un extenso viaje que parte del castellano para recrearse en cuatro idiomas disímiles en apariencia, pero validados por el soplo poético y la actualidad globalizante.

             Es este un decálogo del poeta Pérez Alencart que en mucho resume su arte poética: palabra encantada que surca la cotidianidad para develar la realidad histórico/social sin perder ese aroma sagrado y solidario de toda verdadera poesía. Es esa viva conjunción entre lo americano/español, por extensión europeo, que se produce a orillas del río Tormes, pero con una mirada plural y significativa sobre la realidad que le ha tocado al poeta: su aquí y ahora resumidos en un largo y propiciatorio viaje cuyo itinerario es sinuoso, precario y sugerente.

             Hay por ello en los poemas nostalgia por la pérdida y cierto desencanto, pero también una lúcida apuesta por la humanidad solidaria y militante, no en cuanto a la corrección política, sino en tanto su raíz comunal y ecuménica. Es el itinerario de un poeta que sale de casa y regresa, siempre en busca de esa Ítaca que todos buscamos y añoramos aunque un cancerbero trate de impedirnos la entrada. Ese andariego va ligero de equipaje, como en los grandes viajes épicos y bíblicos, pero apertrechado con palabras necesarias para ofrecer ayuda o deshacer entuertos.

             Es esta una crónica donde la poesía es remanso de estanque que de pronto puede ser torrente de río u oleaje marino. Es un escribir viviendo o un vivir escribiendo. Pero siempre con la certeza de que las palabras se comparten como el pan y el vino, tanto entre viajeros como entre quienes nos reciben y nos alojan durante el viaje; pero también para quienes azuzan sus perros y demonios a nuestro paso. Así, el poeta es un profeta, un caminante que se sabe apóstol de y para la lucha de todos; un elegido para avivar la esperanza y cimentar la memoria propia y colectiva.

             Alfredo Pérez Alencart, el poeta, el viajero, el profeta, ha hecho votos de pobreza y de luminosidad para lanzar la profecía del desencanto, la nostalgia, el desamparo y lo posible. Todo  ello dentro de una compleja red ético/estético/espiritual; esa compleja argamasa solidaria y profunda que nos permite, como especie, resistir. Por lo demás, con lucidez y honestidad a toda prueba, porque “Ser honesto / es la debilidad / que te hace fuerte”.

 

 

*Poeta costarricense.

  • El poeta y traductor Mainak Adak, con el libro en Calcuta