Jueves, 14 de diciembre de 2017

Salamanca: Por si mañana no te lo puedo decir

Testimonio de enraizamiento a Salamanca, escrito en junio de 2011 y dado a conocer hoy

Por si no puedo decírtelo mañana, hoy te digo que me enamoré de ti a primera vista, cuando pude ver tus encrespadas torres apareciendo mientras me dabas la bienvenida hace más de cuatro lustros. Cuando dejaba atrás mis palmeras tropicales, donde el hombre se marchita sangrando los árboles del caucho para hipotecarse toda la vida. Dejaba mis orillas del río Acre para instalarme en las del río Tormes, donde ya anidan mis recuerdos. Déjame decirte que me he acostumbrado a acariciar tus piedras de Villamayor. Me he acostumbrado al color dorado de tu piel. Al azul de tu cielo que se pone gris cuando me entristezco con la llegada del invierno. Y que llora en mis atardeceres sin crepúsculo.

 
Salamanca, no podría dejar de transitar por tu Rúa Mayor, que me lleva a la plaza de mis encuentros debajo del reloj. El que marca mis horas y mis días entre tus murallas que me envuelven en un abrazo eterno. Por si mañana no te lo puedo decir, quiero que sepas que en ti encontré la paz, esa que no se compra con dinero, sino a precio de sangre y mucho dolor. Me reencontré con Él y fijé mi estancia en una Estación donde pude recalar sin fecha de partida. Por si no te acuerdas, te digo que hice pacto contigo en la reconstrucción de tus muros, a cambio de que me protegieras en los tiempos de frío invernal. Quiero que sepas que si no te veo mis colores empalidecen. Quiero ver amarillearse el tiempo en otoño, despedirme de tus cigüeñas. Ver los esqueletos de los árboles para luego asombrarme cuando recobran la vida y el verde de la Esperanza. En Tejares tejí una cadena de amor para aprisionar a tus gentes y llevarlos hasta mi río que tiene aguas vivas y eternas que no se secan. Empújalos con ese poder que tienes para encantar a los que de ti gustan. En una especie de vasallaje de amor. Actúa como feudo protector que no el de antaño que esclavizaba.


Déjame recorrer tus alrededores. Bordearte por Monforte, La Alberca, El Cabaco, Miranda, San Martín, Cepeda... en la Sierra de Francia. Aun en Monleón donde se siente el abandono. Ver la belleza olvidada de las Quilamas... No quiero olvidarme de tus encinas, tierra charra. Olfatear la chacina. Embriagarme en tu sopa de ajo. Quiero recorrerte entera pues falta todavía. Volver a Ledesma y endulzarme en sus rosquillas. Perderme en Villaseco, Vitigudino... Perfumarme con los almendros en flor cerca de las tierras lusitanas, que me llaman con las saudades de un fado melancólico.


Salamanca, quiero escuchar el tamboril y la flauta. Comer unas patatas revolconas  por Anaya. Déjame clamar por los huérfanos de todos los tiempos, resguardada por los pilares del Fonseca. Clamar como una de las voces proféticas en busca de tu ayuda. No me impongas el ayuno involuntario de tus caricias. Déjame seguir construyendo fuertes que te guarden de los vendavales. De los vientos fríos del Norte. Déjame ser tu sur cálido que puede traerte palabra que alumbre tus senderos en medio de la niebla.

Déjame darte mi gratitud porque gocé de tu apacibilidad.



Jacqueline Alencar

 

Tejares, 25 de junio de 2011

 

Fotografías de José Amador Martín