Jueves, 14 de diciembre de 2017

Reírse del miedo

 

“Lo que trastorna la mente humana no son los acontecimientos sino su manera de evaluarlos”

Epicteto de Hierápolis

Está claro que no podemos elegir los acontecimientos que marcan nuestras vidas, pero sí podemos elegir la forma de enfrentarlos: podemos enfadarnos con el mundo por tener tan mala suerte, podemos estar agradecidos por las pocas o muchas cosas buenas que nos ocurren, podemos deprimirnos… o podemos hacer lo que decían nuestros abuelos, “al mal tiempo buena cara”, y tomarnos las cosas con el mejor sentido del humor de que seamos capaces en cada momento.

Cuando aplicamos el humor a las situaciones negativas lo que hacemos es encararnos con nuestros miedos más básicos y reírnos de ellos en su cara. Nuestros miedos nos frenan. Nuestro humor frena nuestros miedos y nos ayuda a superarlos para poder seguir creciendo. De hecho, cuando uno deja de reírse de sí mismo es cuando empiezan a hacerlo los demás.

Y es que por lo visto en situaciones de estrés, miedo o provocación, nuestro organismo libera una hormona que inunda el cerebro: el cortisol. Algunas funciones del cerebro como la razón, la reflexión, la prudencia y la compasión quedan temporalmente bloqueadas y nuestro cerebro emocional toma el control, se vuelve incapaz de regular nuestras emociones o de gestionar la diferencia entre sus expectativas y la realidad. Generalmente la respuesta que elegimos es la lucha porque nuestro cerebro produce adrenalina y dopamina, dos hormonas que producen bienestar y adicción. Por eso nos “engancha” tener razón.

Pero si ponemos en práctica lo que intentaron enseñarnos de chicos, eso de pensar antes de actuar, si lo hacemos bien y elegimos tener pensamientos positivos, nuestro organismo liberará oxitocina, que es una  hormona que nos proporciona el mismo placer que la adrenalina pero que aumenta nuestra capacidad para confiar y abrirnos a las opiniones de los demás.

 

Lo bueno es eso, que tú puedes regular tu producción de oxitocina y la de las personas que te rodean, es cuestión de práctica y de retroalimentación. Como todo en la vida, cuanto más practicas, más fácil resulta, y cuanto más ejemplo das, mejores respuestas recibes. La situación contraria la comprobamos a diario, cada vez que permito que mi cortisol responda por mí y me alboroto, quien tengo enfrente se alborota también y se produce el efecto bola de nieve hasta que uno de los dos tiene la suficiente sangre fría como para parar en seco. Pues al revés también funciona: si cuando alguien te incomoda, le respondes con sentido del humor, lo más probable es que esa persona se relaje y se acabe riendo.