Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Hagan juego (de tronos)

   Tomo prestada esa expresión que prácticamente no se conjuga en otros tiempos verbales y que escuchamos cuando el croupier hace girar la bolita en la ruleta. Imagino que vendrá del francés “Faîtes vos jeux” y con un sentido más de apuesta que del uso que en castellano damos a la expresión juego. Se abren las apuestas, pues, y yo meto 50 euros a terceras elecciones y 30 a un acuerdo PSOE y Unidos Podemos, con la abstención de Ciudadanos y los nacionalistas que emergerá tras la nueva espantá del candidato del partido más votado. Ahí queda eso, que no se diga. Y me arriesgo pues escribo esto una horas antes de la entrevista del candidato del PP con el Rey.

   Porque ya la incertidumbre ante el futuro del gobierno se mueve en aspectos tan azarosos que permiten abrir la veda a las apuestas. Porque no parece éste un proceso sujeto a parámetros controlables. (Y todavía podría salir el cero y que ganara la banca, nunca mejor dicho.) Y porque, al menos eso parece, aún estamos lejos de que la bolita deje de girar y se escuche el “rien ne va plus”.

   Este juego de apuestas para acertar la combinación de escaños no se parece sin embargo al representado en la popular novela -de la que también tomo prestado el título- convertida luego en serie de televisión y evento de moda antes de ser sustituido por los Pokemon. Los Lannister y los Stark suelen iniciar sus juegos de una manera aparentemente negociadora para acabar alistando guerreros con poca voz y ningún voto y dilucidando sus desencuentros a mamporros, o mejor dicho, a amputaciones. (Aunque leí la primera entrega de la obra de George R. R. Martin y me pareció meritoria no consiguió engancharme y mucho menos las imágenes de la tele. Parece que dicen que es que tiene escenas un tanto subiditas de tono pero como yo este mundo lo visitaba con Salgari y los Tigres de Mompracem donde no había desnudos, pues no acabo de verlo). No sé muy bien qué podría significar el regalo de esta saga tronista a un Rey que ya no empuña espada salvo la intención del donante de conseguir sus quince minutos de gloria, algo en lo que empieza a ser demasiado reiterativo.

   Para decidir mi apuesta lo que hago es imaginar a un grupo de diez españoles puestos en fila de manera que tres de ellos son del PP, y el resto se organiza por parejas, más o menos y con una última pareja mal avenida. Difícil ponerse de acuerdo. Y si además pensamos en esos juegos de lógica en los que debemos formar grupos de elementos de un todo sin que coincida ninguna forma o color o relleno entre ellos pues nos encontraremos que además esos 10 españoles emparejados más o menos de dos en dos no comparten lugar de residencia, ni género,  ni edad, ni coincidencia en ese ¿qué hay de lo nuestro? que es el motivo por el que los votamos. Tú diles que se pongan de acuerdo a un cuadrado verde con un triángulo amarillo y verás el tiempo que esperas sentado. Cuando en un Parlamento los escaños tienen apellidos regionales y no ideológicos el caos está servido.

   Por supuesto que puede haber terceras elecciones (esas que todo el mundo repite machaconamente que no debe haber, algunos, como el PP, con la boca más que pequeña pues avizora una mayoría más holgada), y quizá cuartas pues el problema no es que unos elegidos -por sufragio pero poco elegidos en el sentido metafórico- no sean capaces de ponerse de acuerdo, el problema es que los que les hayan votado no les dejan hacerlo, lógicamente, pues significaría traicionar aquello que les encomendaron. Mucho Apocalipsis para nada y escucho ya voces malignas diciendo que con la que se viene encima en forma de multas europeas o inseguridad terrorista pues que siga Rajoy que las va a pasar canutas. Si es que querer vivir en un sitio que se llama Invernalia ya mete miedo.

   La única solución en algún momento será que lo pactos se hagan antes de las elecciones de manera que concurran grandes coaliciones con los deberes ya hechos. Más o menos lo que teníamos antes y llamábamos bipartidismo. Con este batiburrillo de egoísmos (y no me refiero a los políticos ahora) no avanzaremos mucho.