Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Luchar con monstruos

La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto. Son palabras Johann W. von Goethe poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán, adecuadas para resumir lo sucedido hace unos días en Milán, Múnich o Niza, porque ciertamente la maldad sólo puede utilizar pretextos ya que siempre carece de razones que puedan apuntan una ligera sombra de justificación.    

A estos despiadados seres les importa más bien poco el número de víctimas que ocasionen sus infames acciones, su verdadero objetivo no es otro que tratar de demostrar que ellos tienen el control sembrando el pánico a su antojo y con ello lograr lo que acertadamente afirmaba Don Jacinto Benavente: Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.

Recelos, prejuicios sobre todos aquellos que conviven con nosotros, cualquiera puede ser un terrorista sobre todo si es extranjero y cualquiera puede transformarse en víctima. Los efectos de sus acciones son amplificados por los medios de comunicación, por las redes sociales y así el miedo y la duda se extienden dando lugar a una epidemia de rechazo, inseguridad, sospecha y desconfianza que nos atenaza y nos retrae sobre nuestro entorno de confort. Es en ese momento cuanto comenzamos a levantar muros creyendo así estar más seguros y a salvo de la maldad. Pero Nietzsche el filósofo de la sospecha ya nos advertía: Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en un monstruo. Un peligro real.

La profusión de detalle sobre cada atentado terrorista, sobre la vida obras y milagros de sus autores que corre como la pólvora es, en mi opinión, excesiva. Es cierto que existe el derecho a la información pero ¿no hay ningún límite? ¿Qué aporta una superabundante información? ¿Qué no aporta saber si su infancia fue triste o feliz, si sufrieron acoso escolar o abusos? Para los especialistas puede que sea importante, pero para el público en general creo que no, puede que alguien llegue a pensar en ellos como “víctimas” pero no nos equivoquemos las víctimas son los muertos y heridos que causan. Tanta información es sólo más “publicidad” para los autores y eso para ello es buena propaganda, es aliento para los fanáticos, alimento para sus discípulos. ¿Información? Sí, pero todo exceso es malo y en este caso también.

En la información que dan los medios no deja de aparecer la injusta etiqueta de “refugiado sirio” para definir a los autores de actos tan atroces ¿cuál es la noticia la acción o el origen de los autores. Recurdo que hace años el periódico El País titulo: El sargento violador…. pero ¿qué aportaba saber que era sargento? ¿hubiera aparecido este dato si se hubiera tratado de un albañil, un abogado, un ingeniero? Los medios tiene mucha responsabilidad a la hora de calificar y en ocasiones estigmatizar colectivos y eso es muy peligroso. 

Hay que hacer algo. Desde luego que sí, pero dudo que seguir bombardeando Siria; expulsar a los que demanda refugio en Europa; incrementar los recursos que se destinan a proteger las fronteras de la entrada de refugiados e inmigrantes o propagar mensajes de xenófobos, sean soluciones eficaces ya que todo ello va contra los efectos y no contra las causas que los originan que en la mayoría de los casos son la violencia y el hambre.

Claro que hay que tomar medidas, debieron haberse tomado hace ya años. Si se hubiera comenzado entonces tal vez hoy no habría guerra en Siria ni en Afganistán, tal vez no existirían los fundamentalismos y tal vez, sólo tal vez, los que huyen del hambre y la miseria no se vería obligados a emprender la aventura suicida de trata de llegar a una Europa que creen rica y democrática.

El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad, son palabras de Albert Einstein que debiéramos comenzar a poner en práctica porque estamos pecando por omisión.