Jueves, 14 de diciembre de 2017

Hablando de política, cómo no

Me confieso una absoluta frívola, adoro a ratos la revista Hola. Eso sí que es la espuma de la vida, riqueza, belleza y una cierta irrealidad: todos salen divinos de la muerte y las casas, impresionantes y espléndidas. Los funerales son grandiosos y las bodas exquisitas… hasta las lágrimas de despecho amoroso y las acusaciones despliegan glamour… vaya, que no se ponen a cotillear a gritos acerca de cuestiones tan pedestres como encuentros sexuales, todo es tan ligero como una burbuja de champán y tan satinado que uno resbala. Huelga decir que, aficionada a este exquisito colorín, no puedo soportar Sálvame ni en diferido. Los gritos atacan mi exclusivo sistema nervioso y hasta Peñafiel me parece un desaforado histérico sin clase. Vamos, que soy una sibarita del cotilleo con un oído no apto para las voces… las voces que ahora no tratan ni se atropellan sobre las maldades de Feliciano, los traumas de Chabelita o los escarceos de Lecquio, no, ahora el griterío del gallinero se ha hecho político y lo compruebo alucinada cuando mi chico me pone la Sexta por aquello de que descienda al mundo de los mortales.

         Estupefacta oigo hablar de política con pasión entregada desde la mañana a la noche y contemplo las mismas caras reiterando sus comentarios haciendo horas extras. El tono es tan intenso como el de Matamoros desgranando escándalos o los comentaristas futboleros hablando de todo menos de técnicas de juego. Vamos, que la política ha devenido griterío de espectáculo cada vez más escorado a la derecha o la izquierda, sin ese giro de cintura tan necesario cuando uno se las ve con una mayoría simple. Voilá, que del cotilleo a voces hemos pasado al corral de los gallitos de pelea, eso sí, sin argumentos sólidos, sólo con pura convicción o quizás, pago previo. Qué previsibles son estos señores que salen defendiendo sus posiciones sin mover un ápice de sus seguridades pase lo que pase, qué fidelidad la suya al logo que nunca muestran abiertamente pero que parece que llevan en la boca. Es la modalidad del tertuliano-político-cotilla que no se apea del burro pase lo que pase y que además, lo defiende con pasión fanática. La cosa me fascina y compruebo que las mismas caras se reiteran a lo largo de varios programas, como si quisieran aprovechar el tirón y me pregunto a cuanto se cotiza la frase pronunciada con tal seguridad.

         A estos los mandaba yo a legislar a ver si les resultaba tan fácil entrar en esa harina que amasan cansinamente una y otra vez. La política no creo que sea tan sencilla ni previsible, eso sí, tampoco creo que merezca tanto sueldo y tanta prebenda, y por supuesto, tanta pensión. Si el grueso de la tropa estamos aterrados pensando en la hucha de las pensiones medio vacía cuando resulta que trabajamos más años y por menos, ya me contarán cómo entendemos que estos señores cobren semejante desproporción. Es como comparar mi pisito hipotecado con los casoplones que salen en el Hola y que paso rapidito para no morirme de la envida. Ya ven, lo mío es preguntarme qué hace la Preysler para estar todo el día peinada y lo que es más importante, para que su Mario tenga siempre esa cara de alelado. Lo reconozco, a mí más que el grito, me va ese susurro de hojas satinadas que pasan y despliegan un mundo irreal. A unos les da por la ciencia ficción, a mí por el Hola cuando me quiero relajar… y tan agustito.

 

Charo Alonso 

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez