Lunes, 18 de diciembre de 2017

San Miguel, el camello y el mosquito

“Hablo de una cuestión de mesura y de seriedad, porque a veces la denuncia es tan torpe o más que lo denunciado. Sucede demasiadas veces en cuanto asoma el amarillismo”

Cara del San Miguel tras la restauración

Vaya por delante y en serio que toda escultura, la que sea, por elemental y torpe que parezca, merece todo el respeto y con él debe ser siempre tratada, en cualquier sitio, con cualquier fin y por quien sea su responsable. Y así cualquier obra de arte o de artesanía. Y más todavía, creo yo, si tiene ese plus de significado que le da el sentido religioso, aunque no está claro qué referencias mantiene una escultura mutilada y atrofiada, aunque todo será según y conforme, claro. Sobre esto escribía yo no hace mucho en la revista SIE7E que sacaron a luz en un acto de valentía Miguel García y otros restauradores.

Viene esto a cuento porque he visto cierta desmesura en el tratamiento que “el periódico escrito de la localidad” ha venido dando a la torpe y desafortunada restauración de la pequeña imagen de San Miguel, que hace unos años andaba recogida en un cajón de la sacristía. Me da la impresión de que la Gaceta, fiel a su estilo barato y tendencioso, y, lo que más me extraña, la Comisión de Patrimonio se han hecho problema grande de un mosquito cuando se tragan un día y otro verdaderos camellos. Valga en este caso, por lo de San Miguel, la referencia bíblica. En realidad hablo de una cuestión de mesura y de seriedad, porque a veces la denuncia es tan torpe o más que lo denunciado. Sucede demasiadas veces en cuanto asoma el amarillismo.

Y digo esto porque a bote pronto y haciendo lista espontánea, con desorden y según sale, quiero recoger los “sanmiguelesarcángeles” que tenemos por las calles de Salamanca, sin que la Gaceta ni Patrimonio se enteren o así lo parece. Cuando llegue a las 750 líneas que tengo de margen, interrumpo la lista, que es realmente larga, y mañana será otro día.

Me parece adecuado ponerlo el primero porque lo tengo casi a la puerta de casa y lo he comentado muchas veces con toda clase de personas, cuando lo ven sonríen porque en el fondo el esperpento siempre tiene una mala veta de comicidad que a veces impide tomar medidas. Es el escudo más maltratado, atado, rodeado, atravesado y violado de toda la ciudad. Y lleva así mucho tiempo; hace años lo comenté en un escrito y nadie se dio por aludido. Es el escudo que está al final de los números pares de la calle Rosario en la penúltima casa antes de la esquina con Paseo de Canalejas. Ni comisión ni gaceta alguna dijeron nunca nada. ¡He puesto cuatro negaciones en la frase!

El segundo me parece mucho más grave y los que lo vimos, fue a las claras y a la luz del día, lo hemos considerado desde que sucedió un grave atentado a la cara y a la historia de nuestra ciudad. Un malhadado día y no hace mucho alguien dio permiso para “limpiar” la descuidada fachada del Palacio de Orellana y así se hizo: borraron cuidadosamente y con un esmero digno de mejor causa todas las inscripciones y vítores que la fachada del Palacio conservaba desde siglos. Y quedó limpia con el esplendor con que ahora reluce, sin viejos vítores, sin restos de manchas con sangre de toro, sin letras repartidas por los lienzos, sin nombres que enturbien la visión de la pared. Nadie de los que sobre todo debieran hacerlo, instituciones y medios, dijo ni una palabra. El camello quedó tragado y no pasó nada, ni siquiera un golpe de hipo.

El tercer desaguisado es parecido pero de otra índole y quizás pueda sorprender. Ya don Marciano Sánchez, profesor de la Universidad, lo denunció en su momento y en su primer paso, pero no encontró eco ni medida alguna. Ni siquiera una explicación. Patrimonio sí se enteró pero se hizo el sordo y la prensa estaría mirando para otro lado porque ni lo trató. Me refiero a los cuatro escalones que ha perdido La Clerecía en su salida a la Compañía; primero fueron dos, por una remodelación de la calzada, que no requería tal medida pero era más cómodo técnicamente para la empresa, y más tarde otros dos en la última reparación de la calle al subirle unos centímetros el nivel anterior. No pasa nada, se quitan escalones y la escalera es más accesible. Todo va bien.

El cuarto, y ya voy por setecientas palabras, está en la puerta de San Pablo, en ese precioso espacio junto a la muralla que cedió generosamente el obispado y donde se encuentra la estatua de Pepe Ledesma; han colocado en la pared y a poca distancia de la escultura una cosa de difícil calificación, aunque esté hecha sin duda con afecto y autorización. Aquí la opinión, creo, es unánime; es un error estético que echa a perder el precioso espacio donde descansa sentado el poeta tan enamorado de su Salamanca. Se espera que una mano institucional, amiga y sabia, arregle  ese esperpento clavado en el muro. Eso sí, que yo sepa, nadie de los que debieran haberlo hecho dijo nada. Me parece bastante más grave que lo del San Miguel de la ermita. Y a la vista de todo el mundo, que por eso todo el mundo lo comenta.

Y aunque me pase ya en palabras no quiero dejar de indicar lo quinto, que puede ser de cierta gravedad. Espero que lo recoja Patrimonio y la Gaceta le dedique una página o dos. Los bajos del arco del puentecillo de San Esteban están cubiertos de moho blanco; supongo que indican, no soy técnico en esa materia, que hay una peligrosa humedad que si no se ataja puede hacer un destrozo grande. Ahí queda.

Y corto aquí la lista, de mala gana, pero el espacio manda. Mañana será otro día.

Fructuoso Mangas Ramos, sacerdote, salmantino y colaborador de Salamancartv