Lunes, 11 de diciembre de 2017

Celia, “La Rubia”

La semana pasada habíamos dejado con la palabra en la boca a Don Alfonso, el médico, cuando les decía a sus contertulios y ante el gesto duro de Don Andrés, el cura, que no aceptaba de, buen grado, que fueran los hermanos Aniano los encargados de buscarle novia a Juan, pues para él los Aniano no eran buenas personas. No obstante, no dejaba de reconocer que puestos a buscar una novia a Juan, serían ellos los más adecuados; de otra manera se quedaría para siempre soltero.

Decía, que Don Alfonso continuó su disertación y formuló la pregunta clave: ¿Quién se lo diría a Juan?... Todos los reunidos se quedaron estupefactos pues a ninguno se les había ocurrido consultar con Juan que era el protagonista del evento, cosa que no era de recibo.

Pasado el caos y la vergüenza ajena, decidieron citar a Juan en casa de Don Andrés, el cura, para darla autoridad al escabroso tema. Así fue. Y para asombro de todos, Juan aceptó la propuesta. Tal vez cansado de escuchar la radio de galena en solitario. Salir de una soledad que le agobiaba o ¡vaya usted a saber!... el ¿por qué?. Lo cierto es: Que todos salieron satisfechos de la reunión y con la esperanza puesta en la buena gestión, a su manera, de los hermanos Aniano.

Muy necesaria además, pues los rumores del acuerdo casamentero se habían expandido por todo el pueblo y no podía convertirse en un fracaso para jolgorio de las comadres y de todos los demás. Y un día luminoso del mes de mayo, y no era de noche ni tampoco llovía, se presentaron en el pueblo con Celia y Juan los hermanos Aniano, con los que habían tenido una cita anterior en el Ventorro de “El Cruce”, donde al parecer congeniaron de inmediato.

Pero…  ¿Quién era Celia? Pues era una mujer joven de buena compostura y saber estar, rubia, de mirada expectante y asustada (como sabedora de un secreto terrible que, a buen seguro, condicionaría su posterior estancia en el lugar), pero al mismo tiempo esperanzada y segura de buscar una vida mejor de la que había tenido antes. Daba la sensación de que estaba luchando por salir de un infierno, al que nunca desearía volver. En su frágil apariencia se notaba una gran determinación de dejar atrás un duro pasado. No obstante se notaba en ella la duda, de si todo este anhelo sería posible y duradero, ante las críticas, acusaciones, mal pensares, mentiras y agravios que, sin duda recibiría.

Y es que Celia “La Rubia” había sido durante un tiempo… ¡prostituta en el Barrio Chino de Salamanca! con lo que ello conllevaba. Durante un tiempo que a ella la había parecido eterno y derivado de circunstancias qué ella era reacia a explicar, había sido prostituta. Y aunque intentó salir de ello en varias ocasiones, no le fue fácil la escapada. En su pálida cara se notaban recientes las huellas de un duro castigo que recibió al ser retenida por la fuerza, en la antañona Estación de tren de Salamanca por sus carceleros cuando intentaba huir hacia Portugal.

Por ello, la propuesta que la hicieron los hermanos Aniano, fue para ella como un liberación y se agarró a ella con todas sus fuerzas… (pero esto lo contaré el próximo domingo, si Dios quiere).

Anselmo SANTOS

Contador de historias humanas