Lunes, 11 de diciembre de 2017

He visto al Señor

María Magdalena es una de las figuras femeninas más intrigantes para quien lee las Escrituras. Lo escribe Enzo Bianchi añadiendo que está presente en todos los evangelios junto a las otras discípulas de Jesús, mujeres de Galilea, es san Juan quien subraya su papel como mujer cercana al Señor y primer testigo de su resurrección.

En el cuarto evangelio aparece junto a la cruz con la madre de Jesús, la hermana de la madre, María de Cleofás, y el discípulo amado del Señor. En la hora de Jesús, en la hora de la elevación del Hijo del hombre  y su glorificación, María Magdalena está ahí, bajo la cruz, en la hora extrema de la vida de Jesús , mientras los demás discípulos han huido, abandonándolo. Precisamente ella y el discípulo amado son los únicos testigos de la muerte de Jesús y su resurrección. Junto a la cruz, como la Madre de Jesús, aparentemente no hacen nada ni dicen nada, simplemente están de pie, acompañado y sufriendo con Jesús, pero el tercer día después de la muerte, de madrugada, cuando aún estaba oscuro, María va al sepulcro

María quiere ver y encontrar el cuerpo de quien ama y ella sigue creyendo que se encuentra muerto. Le cuesta creer en la vida y sólo se podrá encontrar con el Maestro alejándose del sepulcro y entrando en el jardín, porque el jardín derrocha vida por todas partes.  Sólo le interesa saber dónde se encuentra.

Llora y sus lágrimas le impiden ver y confunden a Jesús con el hortelano. Y estas lágrimas le recuerdan aquellas otras de sus pecados y del perdón. Y de pronto las lágrimas dan paso a un canto a de alegría, porque su amado ha pasado también de la muerte a la vida y de pronto se da cuenta que el amor no muere, que siempre se mantiene vivo. Y corre a anunciarlo a los apóstoles.

María Magdalena fue testigo ocular de Cristo resucitado fue también, por otra parte, la primera en dar testimonio delante de los apóstoles.  Ella cumplió fielmente con el mandato del Resucitado: "Ve donde mis hermanos y diles: Y así se convierte ne mensajera de la buena nueva fue a anunciar a los discípulos: " He visto al Señor "y “lo que Él le había dicho".

Realmente es maravillosa la estampa de esta mujer enamorada convertida por Jesús en pregonera y testigo de la resurrección del Maestro. Una vez más el Evangelio nos sorprende con algo contra intuitivo e imprevisto. No es Pedro, ni Juan, ni Santiago, ni ninguno de los doce, escogidos por Jesús "para ser sus testigos", quien tiene el privilegio de ser el primero que ve a Jesús resucitado.

Es ella, María Magdalena, de quien Jesús había echado "siete demonios", una mujer en medio de un mundo de hombres, la escogida para anunciar que el Señor ha Resucitado.

El encanto de la escena compite con su extraordinaria novedad. Encanto, porque la escena evangélica está impregnada del amor enamorado de esta mujer, singular, entre las muchas que siguieron a Jesús. Novedad, porque es ella, la primera testigo del hecho insólito de la Resurrección del Señor.

Teresa de Jesús, como no podía ser menos, fijó su aguda mirada de mujer enamorada en esta figura, y entre celosa y cómplice, escribió frases de este calado: "En Magdalena estaba muy crecido este fuego de amor de Dios", llegando a entender, de mujer a mujer, lo que pasó en la vida de María Magdalena: "Y tengo para mi que no haber recibido ella (Magdalena) el martirio como el resto de los Apóstoles, fue por haberle pasado ya, viendo morir al Señor". Sencillamente maravilloso!

Santa María Magdalena, patrona de la Iglesia de los Carmelitas de la calle Zamora 59, ha sido elevada de categoría, de memoria obligatoria a fiesta.