Martes, 12 de diciembre de 2017

Puntos de fuga > Las grafías del cuerpo

El alargado perfil humano es como una grapa que une cielo y tierra; una línea vertical (una ”i”) sobre la vasta extensión de tierra y bajo el cielo implacable y protector a la vez.

Josep Maria Esquirol

La búsqueda de lo que no está pero es suscitado y sugerido por lo que sí está es una premisa del arte. En literatura lo estético ocurre cuando el silencio es convocado desde la palabra.

Cecilia Bajour

Baila, baila como si estuvieras perdido.

Pina Bausch

 

Uno de los primigenios puntos de fuga, en el significado de perspectiva y proyección que le estamos otorgando en estos artículos, es sin duda el cuerpo (cuándo no lo es). Dialogamos de forma constante, y a veces consciente, con otros cuerpos, y no tanto, aventuro, con el nuestro.  Vamos trazando con sus movimientos y gestualidades, con sus personales grafías las líneas de nuestro ser y estar en el mundo. Pero al texto que elaboramos, tejiendo, en general (solo apunto) creo que le sigue faltando hilván.

Pensaba en ello en estos días caniculares, en los que posiblemente seamos más conscientes de su presencia. En mi caso de forma más intensa por el reciente visionado del documental de Wim Wenders sobre la bailarina y coreógrafa Pina Bausch, rubricado sencillamente con su nombre propio, Pina.

Si deciden echárselo al cuerpo, se encontrarán sin lugar a dudas con un acercamiento visual que, como poco, les rozará la piel. Una aproximación a su mundo a través de los diálogos, a veces solo corporales, de los miembros de su compañía Teatro Wuppertal.

La prodigiosa creadora fallecía repentinamente cuando el film estaba en proceso de producción y el director, decidido a suspenderlo, retoma posteriormente su trabajo a petición de los componentes del ballet, que quieren hablar con/de de Pina en la hora y media que disfrutamos de su metraje; la obra se estrena en 2011.

La cinta busca su cauce comunicativo mediante las intervenciones de los bailarines y bailarinas en diferentes montajes de la Bausch, que se van pautando con las someras introducciones de los artistas, hasta el punto de que algunos de ellos tan solo se limitan a mirar directamente a la cámara de Wenders sin emitir palabra, para inmediatamente después comenzar a hablar con su cuerpo en alguna de las escenografías escogidas por el director.

El documental se inicia con unas palabras de la artista que son definitorias de su forma de trabajar y que también vienen a signar lo que venimos diciendo en las líneas precedentes: Todo lo que puedes hacer es una insinuación de las cosas. Es decir, no puedo hacer más que sugerir las cosas. Eso es lo que la danza significa.

Buscar y a veces, solo a veces, encontrar ese encaje de manera irrepetible es el camino que continuamente transita la experiencia artística. Cecilia Bajour, invitada frecuente a dejarse oír entre estas líneas lo escribe meridianamente claro en las palabras que encabezan este artículo, aunque, en su caso, se refiera en ese momento a la experiencia literaria.

Volviendo al cuerpo, se me vienen ahora unas hermosas palabras de la escritora, habitual también en esta casa de palabras, Graciela Montes,  quien afirma con acierto que es desde el cuerpo que nace el misterio y el deseo de descifrarlo. Refrendo que recoge otra vecina de esta morada, Michèle Petit, en un apartado de su libro Leer el mundo, que titula atinadamente Escribir o leer comienza en el cuerpo.

El disfrute de la película ya nos embarga cuando se ve en formato DVD: cómo no será en una sala cinematográfica, y nada digo si tenemos el privilegio de contemplar alguna de sus obras en un teatro, en vivo y en directo. Si se decidieran a aplacarlo, en el incierto caso  de que mis palabras hubieran despertado esa necesidad en ustedes, estoy seguro que el documental lo tienen a su alcance que cualquiera de las bibliotecas de su ciudad.

Su visionado me ha expuesto a vocablos como cercanía, cobijo o acogida, abrazos…; que se me han entreverado con la lectura de algunos de los capítulos que conforman el ensayo de una filosofía para la proximidad, de Josep Maria Esquirol, titulado La resistencia íntima.

Un texto que habla desde diferentes perspectivas de todo lo que nos conforma, o sea, de nosotros;  y nos recibe en la tesis de que el poder o la fuerza de acogerse a lo elemental como herramienta para resistir, para recuperar fuerzas mirándonos (dialogando de nuevo) en lo cotidiano, los cuidados y las relaciones con los otros, por apuntar sólo algunos de los sugestivos temas con los que el autor dialoga con sus lectores:

Un diálogo auténtico es como un canto a dos voces. Nos decimos el mundo, y nos decimos a nosotros mismos en un decir que es pensar. Por eso el diálogo –pensar juntos– es mucho más que un simple intercambio; es contacto y compañía que dice, celebra y, al mismo tiempo, se protege del mundo.

Al igual que ocurre con el documental de Wenders, la lectura de los textos que nos propone Esquirol activan nuestra, por así decirlo, fisicidad. Provocan reacciones claramente fisiológicas al encontrarnos frente a, pongamos un ejemplo, la secuencia que hace el equipo de Pina en su lectura corporal de Le sacre du printemps, de Stravinsky, o te erizael cabello, en el caso de Esquirol, al constatar la afinidad con textos como este:

La casa es la concavidad del cobijo, de la misma manera que el cuenco formado con las manos lo es del don. El tejado de la casa se parece a la figura de las manos juntas mirando hacia abajo; las palmas serían el techo. El cuenco se hace con las manos juntas hacia arriba. Con el cuenco se da y se ofrece; con el techo se guarda y se ampara.

Las manos… Imposible no sucumbir ante el movimiento de manos y brazos de la sublime Pina sobre su propio cuerpo, reconociéndose, cuidándose. Al igual que el de sus compañeros de danza, abrazándose con hondura, una y otra vez, en contra de la desarticulación a la que se les quiere somete en otra de las secuencias filmadas.

La propuesta a tres voces que les brindo para estas semanas, no son la de un triángulo perfecto. En ésta, como están viendo, tira con fuerza el ángulo de la imágenes convirtiendo la triangularidad en escalena, si se me permite el estiramiento que conduce a estas dos nuevas e inexistentes palabras, que deseo cargada de significantes.

Pero ahora me doy cuenta de que quizá estén pensando que todavía no hemos hablado de música, aunque eso no sea del todo cierto, porque el documental de Pina se alimenta también de ella. Pero se da el caso de que la lectura de La resistencia íntima me condujo una obra de Arvo Pärt, Tabula Rasa, y la imperiosa necesidad escucharla me la provocó estas líneas del libro que nos traemos entre manos: De mayor, el niño también va a cantar para no sentir miedo. El canto nos sosiega ante la oscuridad del mundo y las sombras, como también nos protege del frío anímico.

Quizá sea tiempo de volver al orden que en cierta medida procuran las líneas de un texto, porque siento que quizá me estoy arrebatando en exceso. En todo caso aprovecho para avisarles que si deciden probar mis sugerencias podrían sufrir también este tipo de acometidas pensantes.

Como dice el narrador protagonista de la novela que ahora principio, y que decidí echarme a los ojos por dos motivos de peso: el poeta/novelista suele entusiasmarme con muchos de sus textos, y en este caso también el título de su novela El azar y viceversa, que puede que comparta con ustedes a tenor de lo que me depare la travesía.

Dice así al referirse a unas recomendaciones de su progenitor: El patrón que me sugirió era sencillo, aplicable a la mar inmensa y, por extensión, a las cosas restantes del universo, incluidas las intangibles: dejarme fascinar por todo sin caer en la ansiedad de pretender poseerlo, de querer interpretarlo ni de procurar trascenderlo. («No estamos en el mundo para que nos den un diploma de especialistas en el mundo», me repetía.). Adopté ese patrón y no me ha ido mal, aunque reconozco que con demasiada frecuencia el pensamiento se me va por sus caminos peculiares, que suelen ser los propios de los laberintos.

Vaya…, algunos ya no nos sentimos tan solos.

Las imágenes que abren y cierran el texto pertenecen al documental de Win Wenders

Rafael Muñoz