Viernes, 15 de diciembre de 2017

En el barco de Caronte

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Las noticias económicas que han aparecido sobre España y los españoles durante la presente semana, son como para echarse a temblar. La propaganda oficial del Gobierno nos ha estado insistiendo hasta la saciedad que la economía española ha mejorado ostensiblemente con el gobierno de Rajoy, que gracias a su gestión no hemos sido rescatados y que es la economía que más crece de los países de la Eurozona.

Estos datos son los que han sido utilizados por los altavoces mediáticos del ejecutivo en las pasadas campañas electorales (las de las elecciones de diciembre de 2015 y junio de 2016). Con los datos que vamos conociendo en los últimos tiempos podemos afirmar, con toda rotundidad, que esas informaciones no son ciertas y que, por consiguiente, se nos ha engañado vilmente a los españoles, lo que supone una estafa de grandes proporciones.

A los miles de españoles que han tenido que emigrar durante los últimos años (sobre todo jóvenes titulados universitarios en busca de su primer empleo digno), los recortes en sanidad, educación y servicios sociales y la precariedad laboral y salarial de los nuevos contratos de trabajo, se une la amenaza de multa de Bruselas porque España ha incumplido los objetivos del déficit público y la posible congelación de 60 programas de inversión en educación, formación, desarrollo rural o infraestructuras, que afectarán a prácticamente todas las Comunidades Autónomas. Además, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) afirma que las cuentas públicas españolas han sufrido un progresivo deterioro desde la última evaluación hecha en abril.

A esto se une algo muy grave y preocupante, la extracción de otros 8,700 millones de euros del Fondo de Reserva de la Seguridad Social (la comúnmente denominada “hucha de las pensiones”) para abonar la paga extra de junio de los pensionistas, a los que hay que sumar otros 1.000 millones más para satisfacer las retenciones del IRPF practicadas a las pagas, incluida la extra de junio. De tal suerte que en el Fondo de Reserva tan solo quedan algo más de 24 mil millones de euros, mientras que en 2012 cuando el PP llegó al poder había cerca de 70 mil millones. Esta situación va a provocar que el Fondo de Reserva desaparezca a finales de 2017 y que las pensiones corran serio peligro de severos recortes en los próximos años.

Si el gobierno de turno se dedica a bajar impuestos (como ha prometido Rajoy), a no recortar el elevado número de altos cargos en todas las administraciones públicas y puestos de confianza asociados a cargos públicos,  a no imponer mayor carga impositiva a las rentas más altas y a no luchar contra el fraude fiscal y la economía sumergida, nunca podremos salir de la crisis económica y perderemos lo poco que nos queda del Estado del Bienestar.

En este escenario, parece un suicidio para ciertos partidos políticos (como Ciudadanos, PSOE y algunos nacionalistas), que se planteen apoyar un futuro gobierno del mismo presidente que no supo gestionar los intereses económicos con eficiencia y racionalidad (Mariano Rajoy), bien de forma directa (mediante el voto afirmativo en la investidura), bien indirectamente (propiciada por la abstención).

En la mitología griega clásica, Caronte, un viejo delgado y demoníaco, era el barquero infernal que, previo pago de una moneda (el óbolo), transportaba las almas de los muertos en su barco hasta el otro lado del río Arqueronte, donde se encontraba el inframundo gobernado por Hades. Empuñaba siempre una larga vara con la que golpeaba a los espíritus de los muertos cuando protestaban demasiado. Dante, en su Divina Comedia, recuperó la figura de Caronte, cambiando el destino habitual del reino de Hades, por el infierno cristiano.

Según todos los indicios, parece que Ciudadanos, PSOE y algunos partidos nacionalistas, están tentados por conocer el reino de Hades-Rajoy y, para ello, están dispuestos a ser transportados por Caronte en su funesto barco (abonando el óbolo correspondiente), cruzar el río Arqueronte y conocer la sensación del poder, aunque sea el del desolado paisaje quemado del infierno.