Martes, 12 de diciembre de 2017

Salamanca y Cervantes II. De viajes.

No hay documentación directa de la estancia de Cervantes en Salamanca aunque parece claro que aquí vivió y debió hacerlo con cierto bienestar y gusto porque siempre habla de ella con admiración y alabanza, como se ve en esa referencia que comentábamos el sábado pasado en el Licenciado Vidriera. Y de hecho, el bachiller Tomás, viajero por Italia y Flandes, vuelve a su Salamanca buscando arrimo y sosiego y al fin muy a pesar suyo de ella tendrá que marchar de nuevo.

 

Y al mismo libro del Licenciado, aunque sólo llegó a bachiller según el mismo Tomás confiesa, recurro hoy para este comentario Salamanca y Cervantes II. De viajes.

El capitán don Diego, con quien ha trabado trato y amistad, le invita a visitar Italia y después de algunas dudas y pensando en las ventajas y en cuanto en un viaje así se aprende y se experimenta acepta la invitación y da esa razón: “pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos”

 

Con dos aclaraciones que me hago antes de seguir adelante. Estas peregrinaciones se refieren a todo camino fuera de los pasos habituales, que es el primer significado de la palabra antes de que sumara otros sentidos religiosos o iniciáticos. Hoy, apurando demasiado, diríamos viajes turísticos pero sin ningún matiz peyorativo porque sería más cosa de viajeros y caminantes que de turistas.

Y la palabra discreto es mucho más rica en significado que lo que le concede el uso actual, habría que decir sabio, sin olvidar que lo de discreto viene de aquella dependencia rural, el cernidero, y de lo que en ella se hacía, cernir o cerner, que las dos cosas valen, ampliando luego la fuerza del significado con el refuerzo, casi sobrante, del dis-cernir.

Entrando en el alcance de la frase de Cervantes, hay que decir que esta ciudad nuestra, de espaldas a la universidad, de espaldas al río, de espaldas a casi todo… es muy de provincia. ¡A la ciudad entera le vendría mejor viajar y salir a ventear otros aires! Esto nos hace falta a cada ciudadano medio como  yo, a la familia en general, a los estudiantes del piso de arriba, a la Iglesia diocesana y a sus agentes, a los diputados de la Diputación y a los alcaldes de las alcaldías. Otro gallo de sabio progreso o lo que sea nos cantaría si hiciéramos, como dice Cervantes, más “peregrinaciones”. Si la diócesis de Salamanca, además de las habituales peregrinaciones del incansable don Jesús Vicente, hiciera otras peregrinaciones, otras salidas… ¡qué hermosa diócesis nueva se levantaría!

Y es que el camino es la vida, que es una obviedad casi tonta, pero que lo dejó escrito Kerouac; sin olvidar que el protagonista de uno de los mejores libros sobre la vida se llama Odiseo, o sea caminante, es decir, en griego puro, Odiseo. Y Agustín el Africano, o sea San Agustín de Hipona, que tiene frases cortas y sabias para todo, decía: Mundus, liber magnus; en la lengua de Cervantes, El mundo, ¡gran libro! Y san Isidoro cuatro siglos más tarde, pero hace ya doce, y tan de ciencias y experimentación él, escribía: Terra, liber primus, que lo entiende cualquiera nada más que se asome más allá de sus lindes. Y por no parecer pretencioso no digo el autor de aquello de que Viajar aligera el equipaje, que es verdad y hasta sorprende según sucede.

Y poniéndome profundo, que ya es hora, viajar con los ojos abiertos y la mente receptiva enriquece en todos los sentidos, te despierta en todas direcciones, te facilita cambios de hábitos y hasta de vida para vivir más sabiamente y con más humanidad, revisa y recompone prioridades, purifica prejuicios, te desaparecen las jaquecas mentales y se te quitan tus falsas fábulas urbanas. El que volvió no es el que salió, por eso no es de extrañar que el mismo Cervantes acabe confesando que “es mejor el camino que la posada”. (¿Alguien podría encontrar por fin esta cita, tan suya, en algún rincón de las obras de Cervantes?)

 El camino, el viaje, provoca desconexiones saludables y enriquecedoras. Y crea otras nuevas referencias que sin salir, nunca se habrían tenido, porque hay muchas lecciones que sólo se aprenden viajando y conviviendo con otras gentes. Y ese trato y relación desatascan la estrechez mental y disuelven intolerancias. Prácticamente no hay nada que dé más. No es de extrañar que la palabra, la imagen y el concepto de “camino” estén tan presentes en esa propuesta de libertad y de cambio que es el Evangelio y que Jesús mismo se señale en uno de los primeros retratos-selfie de la historia diciendo “Yo soy el camino”. Y desde entonces anda la imagen en toda propuesta cristiana, sin olvidar, por más nuestro, el título de Santa Teresa: Camino de perfección.

Queda dicha, aunque breve y mal, toda la ventaja que hay en hacer, como afirmaba Cervantes, “peregrinaciones”, en andar caminos, en vivir viajes, en conocer tierras y gentes… Y más si uno es un pequeño provinciano asentado en una capital de provincias.