Lunes, 18 de diciembre de 2017

Cuando la calle es un cocedero

 

Estamos viviendo unas insoportables jornadas de abrasador calor. Es peligrosa la olla de la calle de día y de noche apenas baja unos grados la temperatura. El agobio hace transpirar el cuerpo a cada poco y apenas te mueves, sudas. Es un extremismo climatológico que anula la concentración y, como todos los extremismos, la voluntad. Me duele la cabeza cuando estoy mucho tiempo en la calle  con estas temperaturas y se acrecienta el dolor cuando conecto la televisión y veo el crucigrama de partidos, la sopa de letras que se traen unos y otros y la constatación de que hace ya varios telediarios que perdí el hilo de la cuestión. Esta gente está hecha de otra pasta (y no los toreros), hacen más equilibrios que Pinito del Oro en el Price y poseen una capacidad marmórea de “caradurismo” espectacular. Lo suyo es una ingeniería política no apta para peatones de este planeta. Para la historia quedará esta política tan inédita como subnormal. Y voy a mojar la toalla.