Viernes, 15 de diciembre de 2017

A vueltas con dignidad humana

Los seres racionales se llaman personas, porque su naturaleza los distingue como fines en sí mismos, o sea, como algo que no puede ser usado meramente como medio.

Immanuel Kant

La dignidad humana constituye la fuente moral de la que todos los derechos fundamentales obtienen su sustancia

Jürgen Habermas

Un elemento esencial de la condición humana es que tiene logos, no sólo Aristóteles nos hacía esa observación. Más cercano a nuestra modernidad, R. Descartes insiste en la definición, el ser humano es un être de raison, ahí está la ciencia, las artes, la literatura, las instituciones, la religiosidad, la cultura. Esa racionalidad parece un elemento de calidad sobre otros seres vivos. Mirando de reojo a los acontecimientos de la semana pasada, atentados en Niza, golpe de Estado en Turquía, la interminable guerra de Siria, los campos de refugiados en Europa y África, la necesidad de unos y el derroche de otros, etc.. En determinados momentos, parece que la racionalidad está ausente o al menos oculta detrás de fanatismos, violencia, crueldad, resentimiento, oscurantismo, sectarismo. Vemos que en el ser humano también se prodiga en grandes dosis de irracionalidad, oscurantismo y fanatismos.

Ahí está la libertad humana, la capacidad de elegir, de orientar el futuro, de hacer, de pensar, de creer. También la capacidad de sentir, de amar,  de expresar emociones, de conmoverse ante la pérdida de un ser querido. Aunque también descubrimos en el ser humano el reverso del odio, del resentimiento, del deseo de venganza.

El concepto de dignidad humana no es fácil de concretar, está sujeto a numerosas definiciones que pueden suscitar cierta perplejidad. En la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948, recordaba un humillante pasado de guerras y barbarie, lo más cercano fue la Primera y Segunda Guerra Mundial y sobre todo, horrible experiencia de los “campos de la muerte”. Todos esos actos pasados han ultrajado la conciencia de la humanidad, pero mediante los derechos del hombre, se busca construir un mundo donde todos gocen de la libertad de palabra y de creencias y se vean libres del miedo y de la miseria. La defensa de la dignidad, en principio la vemos como referencia a ese pasado de barbarie y en concreto la dignidad humana, se nos presenta como una llamada de atención o un recordatorio para no olvidar nunca y no caer el terror y la violencia.

La dignidad humana, a pesar que no es un concepto muy preciso y su uso en la vida cotidiana para realidades diferentes se vaciado de contenido, es uno de los valores troncales de nuestras sociedades democráticas y pluralistas. Todo individuo es titular de los derechos fundamentales por su sola pertenencia a la humanidad. La dignidad humana es la fuente de todos los derechos, el fundamento sobre el que se sustentan los derechos del hombre.

Todo hombre, sólo por el hecho de existir, a pesar de sus contradicciones y el mal uso de la libertad, es digno. Ya que la dignidad es una cualidad unida al ser humano, es una cualidad ontológica, una cualidad que lo define y va unido a su propia naturaleza. Ese ser que fundamente al ente hombre, no sólo se basa en la capacidad de pensar del ser humano, también por el ser que anima y sostiene su naturaleza.

Por otro lado, podemos subrayar en la dignidad una cualidad ética, el hombre se hace digno cuando su conducta está de acuerdo con el deber ser, de una vida conforme al bien construida en base a su libertad. Se funda en una persona que puede obrar libremente y responsable según su conciencia, pero también contra la misma.

Podemos destacar por último, una cualidad teológica donde la persona en su dignidad puede reclamar un respeto incondicional, independiente de su libertad y finalidad, de carácter absoluto. Una dignidad que le viene dada por una relación de amor con esa realidad misteriosa que llamamos Dios, el Bien último, que para la persona creyente es la causa primera y final de la existencia humana. Como ser que procede de Dios y que se orienta al Bien que es Dios, razón y sustento de su dignidad, fuente de respeto de la dignidad de todos los seres humanos, ya que es imagen del propio creador.

Los tres fundamentos de la dignidad pueden complementarse, aunque desde la ética actual no siempre se respeta esa idea de dignidad que se desprende de la tradición teológica. La teología no es una “metafísica vaporosa”, no carece de su elemento racional, es la reflexión del hombre desde su fe, de las verdades reveladas por Dios. Sin reflexión puede haber poca teología. El gran teólogo Olegario González de Cardedal nos recordaba que la historia de occidente es la historia de la fe y de la razón conjugadas permanentemente, de la ciencia y de la teología en diálogo incesante, del empeño por transformar la naturaleza para ponerla al servicio del hombre, a la vez que del esfuerzo por encontrar sentido último y salvación definitiva.

El disfrute de una vida digna está en relación con valorar de manera integral al individuo, no sólo en su realidad biológica, psíquica, social, ética, religiosa, etc. No sólo se defiende la dignidad humana protegiendo al hombre con el pensamiento filosófico, ético, teológico, ni desarrollando códigos que reconozcan su dignidad y sus derechos. Es necesario también imprimir a la historia una nueva dirección, hay que poner a la cultura, la economía, a los gobiernos, a los poderes del mundo, a la democracia, a las iglesias y religiones mirando a los que no pueden vivir de manera digna. Pero hay también que curar, liberar desde el amor, la justicia y la paz a la humanidad de todo aquello que destruye y degrada. Lo decisivo es curar como nos recordaba Camus, como hacia Jesús en Palestina, aliviar el sufrimiento, sanear la vida.