Sábado, 16 de diciembre de 2017

Cumplir con la obligación...

La sangre se hereda pero la virtud se adquiere...

Los españoles somos un pueblo soñador, ingenuo e idealista. Los sueños son las ilusiones que nos mueven, nos conmueven y atraen con mayor fuerza que la realidad. Nuestro héroe, nuestro espejo paradigmático, es Alonso Quijano – seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza - un soñador. Las más de las veces actuamos movidos por la emoción antes que los razonamientos. Preferimos la poesía a la filosofía; y poesía es todo aquello que nos mueve el corazón. Hay que prestarle atención  pues si bien es cierto que para el gobierno de los pueblos se necesitan mentes lúcidas y corazones fríos, no podemos olvidar que muchas decisiones hay que tomarlas con la emoción que es el motor de la vida. A la vida siempre hay que ponerle unas gotas de emoción para seguir adelante.

Cervantes, no hace mucho, afirmaba, en palabras de Don Quijote: “La sangre se hereda, pero la virtud se adquiere”. La distinta jerarquización de los valores es lo que otorga talla moral al individuo. Aprendamos e inclinémonos con todo nuestro ser por aquello que sea bueno, noble, justo y valioso. Sumemos lo que verdaderamente merece ser valorado y el resultado será una buena escala de valores.

Los buenos valores conviene tenerlos escritos de forma indeleble en nuestro esquema mental. Cuando las cosas van bien es fácil no caer en ninguna falta. Pero si las cosas van mal es fácil caer en algo reprobable.

Es el esfuerzo del corazón y del alma, la emoción, lo que hace al hombre cumplir con todo lo que es su obligación. Quizá la genética influya algo en la forma de ser de cada cual; no obstante, lo que más interviene es el esfuerzo personal para mejorarse.