Viernes, 15 de diciembre de 2017

El futuro de nuestro Patrimonio cultural

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi pueblo, Malva. Provincia de Zamora, partido de Toro, nunca llegó a los mil habitantes…bueno, sí, a principios del pasado siglo, en 1910, contaba 1053 almas, como se decía entonces. El número cero es muy importante y, aunque no es bueno tener cero euros ni cero nada, resulta que si desaparece un cero, en 2014 Malva ha pasado a ser una comunidad rural de 153 personas. De 1053 a 153. ¿Se está extinguiendo? ¿Está acercándose a cero?

El miércoles pasado tuve la fortuna de visitar las Edades del Hombre en esta su XXI edición, en Toro, en la Colegiata y en la iglesia del Santo Sepulcro. Como tantas otras veces, metido uno en la rutina y en la red de lo cotidiano, tuvo que aparecer en escena mi amigo Toni Fullana, sacerdote menorquín, delegado diocesano de Medios de Comunicación en su diócesis, que había venido a la Pontificia a realizar un curso concentrado de verano sobre construcción de páginas web y otros asuntos cibernéticos para tener excusa o razón sobrada para tomarme un día libre; Toni es tan isleño que no usa el regulador de velocidad de su flamante coche porque las distancias en Menorca no dan para tanto; isleño del todo y del todo abierto al mundo entero, como demostró cuando aceptó la tarea de ser consiliario general del Movimiento Scout Católico, donde había que aunar sensibilidades bien distintas, a veces distantes, y como demuestra cada año en su tarea como párroco.

Últimamente –será la caló del verano- la neurona me vegeta un poco y me da por fijarme en algún detalle que, a veces, se me convierte en síntoma de un proceso mucho más amplio. O tal vez responda a la manía cristiana de la Encarnación, que lleva a vislumbrar la eternidad en un fugaz destello de lo cotidiano. El detalle esta vez ha sido la imagen de San Juan Bautista que, procedente de la parroquia de San Miguel, de mi pueblo, Malva, se exhibe en la presente edición –Aqua- de las Edades del Hombre. ¿Qué hace una imagen de San Juan Bautista en la parroquia de San Miguel? Ser protegida de la destrucción y del olvido. Porque sin duda procede de la antigua parroquia de San Juan Bautista, desaparecida por derrumbe, por no poder mantenerla, antes de nuestra Guerra Incivil.

La imagen es del siglo XVI. ¿Cómo se las apañaron mis paisanos para mantener vivas dos parroquias y, además irlas llenando de imágenes y pinturas de calidad: románicas, protogóticas, góticas, renacentistas y barrocas? Sin duda por dos razones: amor a la fe heredada y asumida y “amor al arte” en el pleno sentido de la palabra. Bueno, algo debía colaborar también que la Iglesia, las parroquias, recibían entonces el impuesto del diezmo, que como la misma palabra indica, era menor que el actual IVA. En fin, para no alargarme mucho y no meterme en jardines ni en charcos infectos de amebas ahora en verano, debo comunicar a los lectores y les comunico lo que me han transmitido las autoridades responsables del Patrimonio Cultural y Artístico: “mire, no se haga ilusiones, no espere mucho de la Administración –algo sí, pero siempre cosas puntuales, no obras de envergadura- porque ¿sabe? no hay dinero”. Es lo que hay, o sea, lo que no hay.

Y así, de mi sé decir que, en la iglesia de San Julián, nos hemos gastado en arreglar el tejado casi cien mil euros, el presupuesto total de cinco años. En las mismas está ahora Sancti Spiritus y estuvieron hace poco La Purísima y El Carmen. Sin ayuda de la Administración, a base de solidaridad entre todas las parroquias de la Unidad Pastoral del Centro Histórico (San Martín con San Julián, La Purísima con San Benito y San Sebastián con Santiago), poniendo dinero a fondo perdido unas veces, otras a modo de préstamo y a base de dejar las cuentas de San Julián con un pequeño fondo de emergencia para que no nos corten la luz, el agua o el gas.

¿Cómo mantener estos magníficos templos, muchos de ellos declarados Bien de Interés Cultural? Cuatro fórmulas se me ocurren, que pueden y deben actuar complementariamente y en sinergia: 1) Los feligreses, cada vez más mayores por ser el centro de la ciudad, seguirán colaborando, pero su aportación no será suficiente. 2) Las Administraciones podrían realizar una “desamortización encubierta” –y en algún caso señalado lo intentarán- pero eso tropieza con lo declarado anteriormente: “no hay dinero”; de modo que deberán seguir colaborando, aunque sea puntualmente y en menor medida que en el pasado reciente, a mantener los Bienes de Interés Cultural que la misma Administración ha declarado como tales. 3) Recurrir a la esponsorización como se dice ahora, al mecenazgo de toda la vida, de las empresas fuertes, que es un camino prometedor de futuro; pero es un camino difícil y habrá que negociar fuerte, porque “el que paga manda” y no pocas veces los interés legítimos de marketing comercial pueden tropezar con el destino original y vigente de estos templos, que es ser lugares de evangelización, de culto litúrgico y de acción pastoral: formación, acción social y caritativa no excluyendo a los pobres, a menudo poco estéticos, ser lugares de encuentro para todos, sin exclusión, tampoco por motivos comerciales o de marca. 4) Colaboración económica, en principio voluntaria, de los que quieren disfrutar ese bien cultural; es decir, los turistas. La colaboración económica de los turistas, en coordinación con las otras tres, será esencial para poder mantener el destino original de estos templos y, a la vez, mantenerlos abiertos a todos; sin exclusión, bueno en la medida de lo posible –y eso lleva también consigo algún gasto y alguna inversión- con exclusión de los ladrones y de los amigos de destrozar o denigrar el patrimonio religioso y cultural, que haberlos haylos.

Y todo eso a cuenta del detallito de haberme alegrado viendo la imagen de san Juan Bautista de mi pueblo, que con menos de 150 habitantes en la actualidad, tendrá difícil mantener la herencia religiosa, artística y cultural recibida de los mayores.