Martes, 12 de diciembre de 2017

Cuando plantábamos cara...

Anverso del sello de la Hermandad de los reinos de León y Galicia de 1295

Fotografías del sello y documento: Ricardo Chao Prieto

 

Esta semana, concretamente el 12 de julio, se ha cumplido un nuevo aniversario de la creación de la Hermandad de los reinos de León y Galicia de 1295, una institución que, aunque poco conocida, supuso la unidad de acción de las ciudades y villas de dichos reinos contra los abusos de las altas esferas de la Corona.

 

Esta Hermandad era una asociación de concejos, cuyo fin era la defensa de los fueros, usos y costumbres de las ciudades y villas hermanadas, frente a los intentos de la Corona de contravenir los mismos, hasta el punto de pretender eliminarlos y unificar la legislación, con el objetivo de reforzar el poder regio y disminuir el concejil.

 

Ya unos años antes, Alfonso X el Sabio había intentado sin éxito imponer una legislación unitaria en toda su corona (donde leoneses y gallegos se regían por el Fuero Juzgo, y castellanos y vascos por derecho consuetudinario), pero fracasó ante la oposición mayoritaria de los concejos. Por ello, intentó atacar directamente los fueros municipales, cometiendo “desafueros” (es decir, violando los principios contenidos en los fueros), lo que le valió una oposición más férrea aún de los concejos y la creación de hermandades anti-Alfonso X que, de la mano de su hijo Sancho, se rebelaron contra el monarca.

 

Nació así una primera y efímera Hermandad de León y Galicia el 3 de mayo de 1282, de la cual se tienen sus últimas noticias en julio de 1283, en la reunión que celebró en la ciudad de Toro, antes de la disolución de hermandades decretada en 1284 por Sancho IV. Otro tanto se podría decir de la Hermandad eclesiástica formada el mismo año, que eligió como sede permanente Benavente, y cuya creación fue firmada por seis obispos y representantes de veinticuatro monasterios de los reinos de León y Galicia, así como el representante de la Orden del Santo Sepulcro en estos reinos.

 

Ésta podría considerarse en cierto modo antecedente a la de 1295, si bien los orígenes estrictos de esta última se sitúan en mayo de 1295, cuando los concejos de Alba de Tormes, Salamanca y Zamora decidieron hermanarse para defender sus intereses comunes. Tras buscar nuevos apoyos, dos meses después este núcleo inicial se amplió, dando lugar el 12 de julio a la creación de la mencionada Hermandad de los reinos de León y de Galicia, en la que se integraron más de una treintena de concejos de la antigua Corona Leonesa, esto es, de los territorios leonés, gallego, asturiano y extremeño.

 

Carta de creación de la Hermandad de los reinos de León y Galicia (1295)Las principales ciudades que integraron inicialmente esta Hermandad fueron Salamanca, Zamora, León, Oviedo, Badajoz, Lugo, Ciudad Rodrigo y Astorga, pero ésta acogía también a otras villas de importancia en la época en el Reino de León (Ledesma, Alba de Tormes, Benavente, Mansilla, Villalpando, Valencia de Don Juan, Mayorga, Valderas, Belver de los Montes o Castronuevo de los Arcos), en Asturias (Avilés, Ribadesella, Colunga, Llanes, Tineo, Pola de Lena, Cangas, Grado o Pravia), en Extremadura (Galisteo), o en Galicia (Betanzos, Vivero, Ribadavia o Bayona).

 

En todo caso, el objetivo de la misma parecía claro, y era el de frenar los desafueros contra las ciudades y villas leonesas y gallegas. En este sentido, la Carta de constitución de la Hermandad clamaba ya en su parte inicial contra los abusos cometidos contra los reinos de León y Galicia por Sancho IV, al hablar “delos muchos desafueros e muchos daños e muchas forcias e muertes e prisiones e despechamientos sien ser oydos e desonras e otras muchas cosas sien guisa que eran contra justicia e contra derecho e contra los fueros de cada uno de los lugares gran daño de los Regnos sobredichos”.

 

Asimismo, los concejos integrantes de la Hermandad proclamaban su derecho a rebelarse en común contra el rey si éste intentase contravenir los fueros leoneses y gallegos, ya fuese en parte o totalmente: “que nos los Conceios guardemos todos nuestros fueros e buenos husos e costumbres e franquezas e Privillegios e cartas e libertades, sienpre ental manera que se el Rey don fernando nuestro señor olos otros Reyes que vernan después del o otros quales quier señores o alcaldes o merinos o otros omes quales quier nos quisiesen pasar contra ellos en todo o en parte dello en qual quier manera o en qual quier tienpo que seamos todos unos a enbiarlo mostrar anuestro señor el Rey o alos Reyes que vernan después del aquello en que nos fezieren agravamiento, e se ellos lo quisieren enderezar e cortejar e senon que seamos todos unos a defendernos e ampararnos”.

 

De esta manera, casi la totalidad de la carta de creación de la Hermandad se basaba en enumerar derechos que poseían los concejos o situaciones por las que éstos podrían rebelarse, fijando mecanismos mediante los cuales prestarse ayuda entre ellos en caso de que alguno sufriese abusos, llegando a indicarse la pena de muerte para quien solicitase nuevos impuestos a los concejos de León y Galicia no recogidos en los fueros:“Otrosi se algun ome destos Conçeios, o otro qualquier troxier carta ho cartas de nuestro señor el rey, o delos otros Reys que seran despues del, que sean contra fuero para demandar pechos, o pedido, o enprestido, o diezmos, o pesquisas, o otras cosas qualesquier desaforadas, o de emprestidos, o delas cosas sobredichas, que el Conçeio do mostar las cartas que lo maten por ello, e todos los otros Conçeios que nos paremos a ello, asi como se todos fuesemos en matarlo”.

 

En todo caso, tras finalizar la guerra civil que entronizó a Fernando IV el Emplazado, poco se volvió a saber de la Hermandad, quizá porque este monarca no legisló contra los fueros leoneses y gallegos. No obstante, tras su muerte en 1312, el movimiento concejil se reactivó nuevamente, conservándose en el Archivo Municipal de Ledesma documentación sobre la Hermandad del Reino de León creada entonces y que, aparte de la villa ledesmina, integraba a una docena de ciudades y villas, como Salamanca, Zamora, León, Benavente, Alba, Astorga, Villalpando o Granadilla, no integrándose esta vez concejos gallegos ni asturianos.

 

Sea como fuere, vistos los antecedentes en nuestra historia de hermandad entre concejos, y vista la evolución de nuestras ciudades y pueblos, quizá debería plantearse la idea de una especie de asociación o frente común para reclamar inversiones e infraestructuras necesarias en esta tierra.

 

En este sentido, en 2008 las Cámaras de Comercio de León, Zamora, Salamanca, Astorga, Béjar y Cáceres hicieron frente común para pedir la reapertura de la Vía de la Plata, pero las instituciones no dieron los pasos necesarios para ello, dejando pasar el tiempo hasta que la petición se apagó, y ocho años después el ferrocarril del Oeste sigue cerrado y sin visos de reabrirse.

 

Asimismo, hace poco más de medio año, en diciembre de 2015, las diputaciones de León, Zamora y Salamanca firmaron un protocolo de colaboración para buscar fondos europeos que pudiesen facilitar el desarrollo económico de las tres provincias leonesas. Desde entonces, nada se ha vuelto a saber de su puesta en marcha, pero no estaría de más que desde nuestros ayuntamientos se exigiese su desarrollo o, en caso de seguir paralizado, la creación de una especie de Hermandad del Reino de León actualizada al siglo XXI, que reclame lo que es de justicia para esta tierra, donde las inversiones casi siempre llegan tarde y mal. Claro, que no sabemos si nos queda algo del valor que tenían aquellos antepasados nuestros de los siglos XIII y XIV, que proclamaban su derecho de rebelión en caso de agravio.

 

Los presidentes de las dipiutaciones de León, Zamora y Salamanca en la firma del protocolo de colaboración conjunto