Domingo, 17 de diciembre de 2017

Crisis de ausencia en la infancia

Crisis de ausencia en la infancia

 Hay un procentaje de niños que quedan por unos segundos desconectados del mundo. Instantes en los que no tienen conciencia de lo que les pasa. Cortacircuitos cerebrales que pueden suceder hasta 30 veces en un día. Las crisis de ausencia son un tipo de epilepsia bastante benigno, con un buen pronóstico si se tratan en el momento preciso.

¿Qué es una ausencia?
Las ausencias son alteraciones temporales de la función cerebral, que se manifiestan en episodios de mirada fija o desconexiones de comienzo y final súbito. Se deben a una descarga eléctrica sincrónica de los dos hemisferios del cerebro. En cada segundo ocurren tres de estas descargas. Constituyen entre el cinco y 10 por ciento de las epilepsias en la edad escolar, específicamente de los tres a los 13 años. Su punto más alto  se da entre los cinco y los seis.
Durante una crisis el afectado no percibe lo que le está ocurriendo. “De repente el niño está conversando o haciendo alguna actividad, y por un espacio de 5 a 10 segundos se va, queda detenido, y no se da cuenta de lo que pasó. Quien lo nota es la persona que está a su alrededor”. 
Es muy común que los pacientes con ausencias tengan antecedentes hereditarios. En un 40 por ciento de los casos alguien en la familia ha tenido algún tipo de epilepsia.

Diagnóstico y tratamiento
Las crisis de ausencia son dos veces más frecuentes en el sexo femenino. Se diagnostican a través del examen clínico y se confirman con un electroencéfalograma. Cuando hay sospecha de que el menor las sufre, el médico hace que él hiperventile, es decir, que respire profundo una y otra vez. “Al cabo de uno o dos minutos se produce la ausencia. Ahí el diagnóstico está claro”. 
El tratamiento consiste en administrar dos veces al día, por un par de años, una dosis de una medicina específica para estos casos. La respuesta suele ser muy buena: “Habitualmente las ausencias duran unos años y no se dan nunca más. Si no se tratan esto persista y el pronóstico no sea tan bueno. 

 

 

 ENTORNO FELIZ

 

El pez favorito de muchos coleccionistas es la carpa japonesa, conocida comúnmente como koi.

Lo fascinante de este pez, es que, si se mantiene en una pecera pequeña, sólo crece cinco o seis centímetros de largo. Si se coloca en un recipiente mayor o en un estanque pequeño, crecerá de quince a veinticinco centímetros. Si vive en un estanque de gran tamaño, puede llegar a crecer hasta cuarenta y cinco centímetros. Y cuando está en un gran lago donde puede desarrollarse por completo, llegando a tener hasta unos noventa centímetros.

El tamaño del pez está en relación directa con el tamaño del recipiente donde se puede desarrollar.

De igual forma, es posible hacer una analogía con las personas: todas necesitamos un espacio para crecer. Nuestro mundo determina nuestro desarrollo. Éste va a depender del espacio y las oportunidades mentales, emocionales, espirituales y físicas que decidamos/an darnos

¿Uno puede acostumbrarse a vivir bajo un techo, quien sólo ha sabido llamar hogar a la ausencia de su techo?¿Puede aprender a amar alguien que sólo a aprendido la desconfianza?. Al menos puede intentarlo ¿Lo consigue?...ustedes y solo ustedes pueden dar la respuesta. Vea en lo posible le lado luminoso de la vida y observe a sus hijos, si en algún  su mente se queda en blanco y la falta de conocimientos hace que le digan

-¡Niña estas cogiendo musarañas!

 

Observe y ponga remedio, el hogar es para vivir preocupándose unos de los otros, el vecino, el que está lejos, ese importa cuando los problemas cercanos se han solucionado.