Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Apps

En esto sí. En esto sí que funciona eso del I+D+I. Se inventó el terminal autónomo de telefonía móvil hace ya un tiempo y todo lo demás son aplicaciones sobre eso. Y van, miles y miles y miles. Venga aplicaciones y aplicaciones que no parecen acabarse. Y de todo tipo. Comprar y vender. A quién nos parecemos si colgamos una foto. Qué peso deberemos tener. Cuánto corremos. Dónde estamos. Qué hace ahora mismo mi pariente neozelandés. Todo, todo. Y tan ricamente que marchan las empresas involucradas en tales invenciones. Esas incrementan el número y sus ganancias casi exponencialmente. Es la era que nos está tocando vivir. La intercomunicación.

              Pero al mismo tiempo que todo eso se incrementa, no avanzamos demasiado en otras innovaciones más provechosas para el conjunto de la humanidad (los otros I+D+I). Ciencia pura, biología y física aplicada, tecnología no informática. Esas cosas que se aplican al servicio del ser humano para mejorar directamente su vida y no tanto su entretenimiento.

              Me gustaría que hubiera cada día más avances en investigación científica y técnica industrial. Que no todo se ralentizara  para centrarse casi exclusivamente en investigación sobre aplicaciones informáticas. Que se filtren bastante mejor proyectos de investigación subvencionados públicamente. Que se despejen cuentos montados a propósito y cuentas. Que será muy útil una aplicación para contar los pelos de un bigote, pero mejor será encontrar la causa y la posible curación de un cáncer en cualquier ser humano. Que se pueda fabricar un barco o un avión mejor y más barato de coste. O cómo mejorar la vida de un discapacitado. Todo eso que hace avanzar la vida del ser humano (independientemente de su procedencia y cultura). En nuestra civilización somos más el resultado de los avances técnicos y biológicos del siglo diecinueve y principios del veinte, que de los avances de intercomunicación de finales del veinte. Por ahora, no parece que vivamos más y mejor que lo hiciéramos en la última década del pasado siglo veinte. O eso creo.