Viernes, 15 de diciembre de 2017

Muerte de un Torero

“Uno de los principales alicientes de la Fiesta de los toros, es sin duda el encanto de lo imprevisto. . Tal vez sea esto lo que arrastre va las multitudes al “taurodromo”. Aunque en ese imprevisto, el aficionado nunca espera la trajedia”

AL HILO DE LAS TABLAS

MUERTE DE UN TORERO

Termino de firmar, el link para que el “ciudadano” Vicente Belenguer Santos, según el ciudadano educado y al parecer “profesor”, cuyo vertido de bajezas  humanas por la muerte del torero Víctor Barrio, ejerciendo su profesión  en la plaza de Teruel,-  no reproduzco por vergüenza sus ruines comentarios-. Este ciudadano parece ser que ha celebrado a través de internet la muerte de Barrio, con una necrológica tan feroz inoportuna e impía, que creo que jamás ha sido escrita por nadie con dos dedos de cordura, otros de buena educación y los más elementales sentimientos de humanidad.

Todo el  mundo, vivo o muerto, no tiene porqué dejar de estar expuesto a la opinión de los demás… pero la buena crianza, la nobleza de sentimientos y algunas cosas más de este estilo, siempre han aconsejado sin ir más lejos, no poner de vuelta y media a quien lamentablemente acaba de abandonar esta vida. Ese momento lo aprovechan para despellejar, aquellos que movidos por torpes intenciones, bajos instintos, cobardía o no han tenido agallas para mirar a los ojos y decir cara a cara, el porqué de su críticas, sus discrepancias o sus razones. La medida de las buenas maneras no está reñida con la contundencia, y ese toque de buen estilo que dicta la educación… (Si se tiene, claro).

Lo que es absolutamente inadmisible, es el que antes aludido (profesor) arremete con sus salivazos, al recientemente fallecido, y por lo visto, con ello se ha colmado de tranquilidad porque con él desaparecido metía toda su familia  en el mismo saco, ya que puestos a pegar mordiscos póstumos a diestra y siniestra, no le ha debido merecer la pena seleccionar entre sus personajes. La cosa era vomitar y lo de menos la vomitona. Pero todavía le queda bilis en el cuerpo al ciudadano de marras. Toda su expresión huele a odio. A odio por las bravas; visceral y rabioso. Un odio que le hace perder la razón que pudiera haber en lo que dice, porque rebaja sus denuncias a un nivel tan abyecto, que le retrata con perfiles verdaderamente repulsivos.

Uno se imagina al mentado ciudadano- al parecer detectado en la comunidad valenciana-, clavándole alfileres a un muñeco antes de acostarse y yendo deprisa al puesto de periódicos a la mañana siguiente a ver si entre las noticias y en las esquelas está esa que espera ansioso, para lanzar, esa infame verborrea de crudeza enfermiza. Uno presume que, aunque no se esté de acuerdo, con determinadas aficiones o espectáculos le sean desagradables, incluso los deteste, que, esa no es la mejor manera de vivir en paz.

Quiero que sirvan estas líneas para mostrar mi contundente repulsa por las barbaridades vertidas, por la falta de respeto,  sensibilidad y sentimientos.  Por todo cuanto tiene de odioso e inadmisible. Por las formas enfermizas de expresarse. Por estar atiborrado de odio y resentimiento. Da verdadera pena, lastima inclusive, que un hombre que se dedica a instruir e impartir pedagogía, en una escuela, instituto etc., sea capaz de expresarse de esta formas tan desesperada y rastrera, de regocijarse con la muerte de un ser humano, criticable, si quiere en el ejercicio de esa profesión que usted detesta, pero una profesión libremente contraída, y ejercida con la dignidad y la hombría que le ha faltado a este ciudadano inmisericorde, del que espero, que sus hijos y su familia se lo reprochen algún día.

 

                               Fermín González Salamacartvaldia.es    (blog taurinerías)