Sábado, 16 de diciembre de 2017

Los pasos debidos

Mira, yo vivo. ¿De qué? Ni la niñez, ni el fututo /  menguan… Brotar inextingible me rezuma del corazón (Rainer Maria Rilke)

Y ya me iba.
La mañana había sido mineral, granítica; pues ocurre que hasta la magia necesita su tiempo.
Luego ya todo fue vuelo. En la calle, y en su casa charlando de esas caracolas que nos deja el tiempo con el maestro José Luis Puerto. 
Y ver las nocturnas fotos, y las tridimensionales imágenes de la exposición de Marino Esteban Sierra en la Casa del Parque de Las Batuecas. Ay, que con esas gafas que me dieron, Marino, yo me quiero quedar en tus fotos... 
Y me pasé por la Residencia de Ancianos (Qué momento) y luego con tantos amigos que saludé desde la distancia de mi afecto, desde los largos años que no nos vemos. Pero será que el cariño también se tiene sus tridimensiones en donde uno desearía quedarse.
Y me iba yendo.
Uno se mete con nostalgia en el bolsillo todas estas impresiones , como calderilla en un monedero sin fondo.
Me pesaba mi mochila, los brazos, los pies en huelga caminera me andaban; sentía seca la boca. Ocurre que los abrazos no dados son los que más te cansan los brazos, los caminos no andados los que más fatigan y los besos olvidados los que más te agrietan los labios.
Pero recordé en un minuto amable mi deuda,así que mandé parar los relojes, dormir los velocímetros, enfriar los carburantes, callar al adiós, y regresé al barrio a ver a Eugenia, como prometí en mi artículo anterior:
http://salamancartvaldia.es/not/118503/erase-en-la-alberca/
Y me tomé ese café, y hablamos bajo una nogal enorme de todas esas cosas pequeñas que les han hecho grandes personas. 
¡Va por la generación de nuestros mayores!