Martes, 12 de diciembre de 2017

La agrupación Tangozero ilumina de música argentina ‘Las Noches de Lis’

David M. García, Pancho Ruano, Pablo Ruiz y Pablo González ofrecieron un recital renovando las canciones del pasado

Un momento de la representación deTangozero en Las Noches de Lis

La agrupación salmantina Tangozero inauguró este viernes ‘Las Noches de Lis’ con un repertorio basado en música de tangos que trajo el aire “nostálgico y nocturno del viejo Buenos Aires” hasta Salamanca.

Para ello, David M. García, Pancho Ruano, Pablo Ruiz y Pablo González interpretaron distintas composiciones “renovando en su melodía las canciones del pasado sin apearse del origen”. El tango es un viaje al otro lado, caminito sin vuelta de un arrebato sentimental. El tango es un viaje de un trago hasta el fondo, de un pensamiento amargo que se baila, de un dos por cuatro con todo el ingrediente. Nostálgico y nocturno, el tango se instala en cualquier parte llevando su pasado porteño allá donde se escuche y el viejo Buenos Aires aparece en el rincón, iluminando las mesas y las copas, faroleando en la cabeza como las luces de un boliche de arrabal.

En Salamanca, un bandoneón, un contrabajo, un piano y una flauta han tocado este viaje innovando el clásico con sabiduría y pasos certeros, renovando en su melodía las canciones del pasado sin apearse del origen.

Por la música de Tangozero viaja el ajetreo del arrabal, el chamuyo del vendedor de periódicos, el calor de la romería con todo su elemento maleante” (http://www.tangozero.com/). Mano a mano se han quedado y mano a mano continúan los salmantinos Tangozero dando lustre al instrumental.

David M. García (bandoneón), Pancho Ruano (contrabajo), Pablo Ruiz (piano) y Pablo González (flauta) ponen alma, elegancia y saber a la faena. Hay inspiración, hay calidad y hay profesión. No es casualidad que todos tengan titulaciones superiores de Conservatorio y muchas tablas de Jazz, Blues, Clásica y otros escenarios. Hace lustros que el tango conquistó sus manos y desde entonces no han hecho más que superarse.

Las entradas costaban cuatro euros, 2 euros para estudiantes y jubilados y uno para los desempleados.

Fotos: Alberto Martín

 

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