Lunes, 11 de diciembre de 2017

Las guerras coloniales.

Recuperar las “etapas perdidas” de la historia, las ignoradas por los vencedores, deconstruir los relatos canónicos (o canonizados), ojear los sucesos desde la perspectiva del perdedor, juzgar el quehacer de un Estado desde el barrio, la escuela rural, la oficina de desempleo, las cárceles, las instituciones de beneficencia, propone Walter Benjamin. Este enorme filósofo del siglo XX, decía: se requiere introducir un nuevo método analítico en la filosofía de la historia, un lugar epistemológico singular: el propio de las víctimas. Estas reflexiones se me ocurren leyendo la prensa. El partido laborista británico, el partido nacionalista escocés y familiares de los soldados del RU muertos en combate, con ocasión de la guerra de Irak de marzo del 2003, exigen responsabilidades penales al que fue entonces Primer Ministro, Tony Blair. Su sucesor, Gordon Brown, encargó la redacción de un informe reservado acerca de aquellos acontecimientos. Después de siete años de trabajo, hace unos días, se ha hecho público su contenido. El informe Chilcot, así se llama, asevera que aquella invasión, la de un país soberano, de ningún modo estaba justificada. Aquella injusta agresión causó 109.000 muertos iraquíes entre marzo y mayo del 2003 y otros seiscientos mil entre ese año y el 2009, fecha en las que abandonan Irak las fuerzas ocupantes; además de 4419 militares norteamericanos, 179 británicos y 11 militares españoles. Conocedores de dicho informe, George Bush opina: “que, a pesar de todo, el mundo está mejor sin Sadam Husein”; Tony Blair acepta, sin excusas, todas las responsabilidades, arrepintiéndose “más allá de lo que uno pueda imaginarse”; Aznar calla, Rajoy calla, Trillo contesta por ellos: “España no entró como combatiente en la guerra de Irak”. Pasan página, uno con arrogancia, el otro pidiendo perdón y el último dando callada por respuesta o mintiendo por boca ajena. Posiblemente, Walter Benjamin les preguntaría por los intereses económicos que les movieron a perpetrar tal matanza. Es decir, por los autores mediatos, los que siempre están en la sombra y detentan el poder real: los lobbies petroleros, armamentísticos y financieros. También preguntaría a los iraquíes, no a sus sucesivos gobiernos títeres, en qué, la invasión armada, mejoró sus vidas. Preguntaría a ellos y sucesores acerca de los antecedentes del actual terrorismo islámico. Por último, preguntaría a los familiares y amigos de los militares occidentales heridos o fallecidos su opinión. Preguntas sin respuesta. Walter Benjamin acusaba a las “hipócritas democracias burguesas europeas” y al capital e industria alemana de haber financiado y aupado al poder, al nacismo y al fascismo (incluido el español). En la década de los veinte y treinta, asevera, esos agentes organizaron una “contrarrevolución preventiva” contra el socialismo emergente (coste = sesenta millones de muertos). No puedo evitarlo, tal música me está empezando a resultar familiar.