Martes, 12 de diciembre de 2017

De las contradicciones de la concurrencia

Cuando una minoría intelectualmente preparada, y atenta a los tiempos, rescata alguna teoría política y/o económica del pasado y, gracias a sus picos de oro, a la ineptitud de sus adversarios y a las cadenas de televisión (se los rifan porque en sus intervenciones sube el pan), hacen de ella novedad en este erial de ideas y la colocan en el mercado, conseguirán una parroquia entregada, más bien militante, entre las nuevas generaciones que buscan un puesto al sol e, incluso, conectarán con esa legión de individuos adultos resentidos porque la sociedad no les ha dado todo lo que ellos se merecen.

También correrán a enrolarse bajo sus grandilocuentes banderas los enfurecidos y desencantados, bien por la corrupción o porque la situación económica actual les es adversa; los esnobs, si la perorata lleva el marchamo de la modernidad; los aventureros de salón, que quieren colorear con emociones sus aburridas vidas; o, simplemente, la crédula multitud de siempre.

Es entonces cuando se forma una marea humana que, sorda a las críticas y ciega a las evidencias, coreará con una sola voz las consignas y, al unísono, levantará el dedo, la mano, o el puño. Sólo faltará aplicar concienzudamente el vacío, el rechazo y, llegado el caso, la violencia, con los tibios, discrepantes, opositores, desatentos, dispersos y diferentes, que escaparán de los nuevos tiempos o se camuflarán entre la masa porque hay que vivir. De otra forma el hormiguear de la muchedumbre les arrollaría con el desprecio de su número que, según ellos, les da la razón.

No tenemos más que fijarnos en la revolución bolchevique rusa, en el fascismo italiano, en el nazismo alemán, en el franquismo español, en Cuba, en Corea del Norte..., y aquí, al lado, en el nacionalismo catalán.

Que nadie hable de cobardía, chaqueteo, esnobismo o hipocresía, si te sumas a la corriente, sobrevivirás, el gentío te recibirá con alborozo y se hará pedestal para elevarte a los altares del reconocimiento social. Por otra parte… ¿acaso no sabemos que es imposible sustraerse al embrujo de miles, de millones de personas que han disuelto su individualidad en la masa y se han hecho nadie creyendo ser todo?

Mas si no comulgas con ruedas de molino, apártate a un lado y espera a que los ardores se vayan enfriando en las disertaciones de las nuevas generaciones que, ten por seguro, buscarán configurar su propia masa que les haga sentirse únicos.