Martes, 12 de diciembre de 2017

16 de julio, la otra fiesta de la Cruz

 

Cuando el 16 de julio de hace cuatro años tuve que atravesar al mediodía el pueblo cacereño de Jerte, la carretera nacional 110 Soria-Plasencia, su avenida principal, estaba tomada por pandillas agrupadas en torno a los bares que la flanquean. Imaginé que la localidad tendría por patrona a la Virgen del Carmen, pero al preguntar salí de mi error. Era la fiesta del Cristo, tan frecuente en la comarca del Valle. En Jerte, “el Cristo” es el del Amparo. Indagando en las posibles causas, me topé con una tercera fiesta de la Cruz, ya suprimida, cuyo rastro pervive en algunas devociones populares a Jesús Crucificado.

 

El 14 de septiembre se celebra la Exaltación de la Cruz desde que Santa Elena la hallara en Jerusalén en dicha jornada del año 326. Esa venerada reliquia fue sustraída de Jerusalén por los persas y recuperada el 3 de mayo del año 629 por el emperador Heraclio. Al declararse festiva esta nueva fecha, el 3 de mayo acaparó la conmemoración del hallazgo y se intituló como fiesta de la Invención de la Cruz. Ambas fiestas de la Cruz convivieron, en evocación gloriosa del Viernes Santo, hasta que la reforma litúrgica de mediados del siglo XX buscó eliminar duplicidades y quedó únicamente la más antigua y extendida del 14 de septiembre.

 

¿Entonces el 16 de julio? También eliminada del calendario, se trataba de una fiesta reducida al ámbito hispano y se llamaba “del Triunfo de la Santa Cruz”. Su origen hay que buscarlo en 1212, cuando las tropas de los reinos cristianos de la Península hicieron frente a los ejércitos musulmanes en Las Navas de Tolosa. Sobre el campo de batalla jiennense, aquel 16 de julio, cuenta la leyenda que apareció la Cruz de Cristo, al modo de los sucedido nueve siglos atrás al emperador Constantino en el Puente Milvio. Su presencia señaló la victoria cristiana y el milagroso hecho pasó a la liturgia primero en España y luego en el Nuevo Mundo, si bien la coincidencia con la memoria de Nuestra Señora del Carmen la eclipsó en cierto modo, o incluso la pospuso al 17 de julio en algunos casos.

 

Ocho siglos después de Las Navas, batalla emblemática de la Reconquista cuyo octavo centenario apenas se celebró (muy típico de España omitir determinadas efemérides), algunos pueblos como Jerte, Llanes con su Cristo del Camino o La Puebla de Montalbán, siguen honrando a la Cruz triunfante, signo de la vida y del amor, cada 16 de julio.