Sábado, 16 de diciembre de 2017

Las alteraciones del sueño afectan a un 30% de los menores de 5 años

Pesadillas o los terrores nocturnos, problemas comunes en la etapa infantil hasta la llegada de la adolescencia

A lo largo las distintas etapas en el desarrollo de una persona sus ritmos y rutinas de sueño sufren cambios. No tiene las mismas necesidades de sueño una persona adulta que un adolescente o un niño.

Por todo, es fundamental establecer unos correctos hábitos de sueño desde la infancia  para potenciar el desarrollo físico y cognitivo, lo que incluso podría evitar posibles trastornos en la edad adulta.

Como explica la doctora Ana Pérez, coordinadora del grupo de Trastornos del sueño de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) y miembro del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, «en primer lugar habría que diferenciar entre problemas y trastornos del sueño. Los primeros son patrones de sueño insatisfactorios que pueden precisar tratamiento o no. Los trastornos de sueño son una alteración real, no una variación de una función fisiológica, que se manifiesta durante el sueño y con frecuencia precisa tratamiento».

Según la 'Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos del Sueño en la Infancia y la Adolescencia', éstos se pueden definir en tres grandes grupos: problemas para conciliar el sueño, eventos que se presentan durante la noche e interrumpen el sueño y aquellos que producen somnolencia al niño durante el día.

Estos trastornos pueden afectar al niño en distinta medida e incluso ser la manifestación de otras alteraciones que el facultativo deberá valorar y tratar. “El grado de repercusión del trastorno que padece el niño depende de su intensidad así como de la capacidad del organismo para compensar sus consecuencias”, explica la doctora Pérez.

Los trastornos del sueño podrían provocar falta de concentración, irritabilidad, desánimo y decaimiento en los niños, entre otros efectos negativos.

Problemas como las pesadillas o los terrores nocturnos son comunes en la etapa infantil hasta la llegada de la adolescencia, aunque es destacable que el trastorno más habitual es el sonambulismo, con una prevalencia del 15% en niños de edades comprendidas entre los 3 y los 15 años. “Es importante vigilar, en la medida de lo posible, el descanso de los niños para detectar patrones anómalos como el ronquido, que en muchos casos puede ser síntoma de problemas como el Síndrome de Apnea Obstructiva, una patología muy común en mayores de 2 años”, comenta la doctora Pérez.   

 

En función de la edad

Las necesidades de sueño a lo largo de los años varían. De esta manera un recién nacido dormirá unas 16 o 20 horas cada día divididas en 5 o 6 períodos de sueño y vigilia. Al llegar a los 3 meses lo habitual es que comience a dormir menos, unas 14 o 15 horas y cada vez menos según avancen los meses, con lo que se reducen de manera progresiva los períodos de sueño diurno hasta eliminarlos. Entre los 5 y 10 años sus ritmos de sueño empiezan a asemejarse más a los de un adulto. En la adolescencia las necesidades se reducen hasta las 7 u 8 horas diarias.

A pesar de esto la doctora Pérez destaca que “no hay un patrón exacto de sueño. Cada niño tiene sus particularidades y no podemos establecer una norma que encaje a todos los pequeños. Por eso es importante observar los ritmos de sueño del niño para determinar si padece algún trastorno del sueño y cómo abordarlo y tratarlo”.

Es fundamental que los padres colaboren con el médico en la detección de patrones anormales de sueño así como en el establecimiento de hábitos y rutinas que el niños asocie cada día con la hora de irse a dormir y le ayuden a conciliar el sueño.

Es recomendable crear un entorno relajante en el que el niño se sienta seguro a la hora de dormir. A esto hay que añadir la importancia de establecer una hora para irse a la cama que se deberá respetar lo máximo posible de cara a crear un hábito que conciencie al niño de que ha llegado la hora de dormir.

Es aconsejable evitar bebidas estimulantes antes de dormir así como actividades muy movidas que puedan activar mucho al niño y dificultar el momento de conciliar el sueño.

 La doctora Pérez concluye que «con la llegada de las vacaciones es mucho más complejo respetar las rutinas de sueño que establecemos durante el resto del año. A pesar de esto se recomienda a los padres que traten de marcar pautas que sí puedan seguir durante el verano o que alteren los hábitos de los niños lo mínimo posible, pues el trabajo conseguido durante el periodo escolar puede perderse si el pequeño nota mucho descontrol en su entorno».

En caso de que aparezcan de forma continuada problemas para que el niño concilie el sueño o los padres observen comportamientos o sintomatología fuera de lo normal a la hora de dormir es recomendable acudir al pediatra, quien valorará la necesidad de que el menor sea tratado por especialistas en trastornos del sueño para tratar o descartar posibles patologías.

Fuente: El Norte de Castilla