Miércoles, 13 de diciembre de 2017
Béjar al día

La muralla se convierte por fin en un recurso turístico para Béjar

BÉJAR | La segunda fase del proyecto de recuperación de este BIC comprende el tramo entre la Puerta del Pico y el final del Parque de la Antigua

Las obras siguen el Plan Director, siendo supervisadas por el arqueólogo Raúl Hernández

Béjar está situada sobre un cerro rodeado de cortaduras, precipicios y un profundo río que conferían a la ciudad un carácter idóneo para constituirse en plaza militar con un recinto amurallado, o más correcto sería decir dos, el más antiguo es el que aún se conserva, el segundo quedó enterrado en otras construcciones, formando parte de cimientos, muros, paramentos o simplemente utilizadas sus piedras como material, ya trabajado, de construcción.

Este bien protegido por la calificación de Bien de Interés Cultural cuenta en la actualidad con un Plan Director, realizado en junio 2007, que recoge de manera precisa una descripción de este monumento y una propuesta de actuación para su puesta en valor y protección.

El pasado año se acometió la primera fase de esta puesta en valor, con el fin de crear un paseo que pudiera ser recorrido a pie. Para ello, el Ayuntamiento recuperó, los terrenos adosados a la muralla que fueron vendidos a particulares, en otras épocas en las que el poder feudal del duque había pasado a manos de los señores burgueses de la ciudad, tenedores de los poderes públicos, que enajenaron y vendieron propiedades municipales, lo que acabó convirtiendo los lienzos de la muralla en cerramiento de fincas privadas.

El actual gobierno municipal ha conseguido la cesión de los terrenos que corresponden al paseo de ronda, para hacerlo transitable y con ello recuperar una parte de la cultura y la historia de la ciudad, que se convertirá, con un adecuado mantenimiento, en otro recurso turístico para Béjar.

Una vez terminada la primera fase, se ha empezado a acometer la segunda, que corresponde al tramo final del monumento, exactamente a los tramos 22, 23, 24, 25 y 26 del Plan Director, que comprende desde la Puerta del Pico hasta el final del Parque de la Antigua. En las obras de acondicionamiento se están siguiendo estrictamente las directrices marcadas por este protocolo de actuación, siendo supervisadas por el arqueólogo Raúl Hernández.

La primera intervención en este trayecto, ha sido retirar la vegetación que invadía los paramentos de la muralla, hiedra muy destructiva con la piedra e higueras que hundían sus raíces en las grietas y entre los sillares , también se ha tenido muy en cuenta omitir la intervención en el solado transitable que corresponde al paseo de ronda, salvaguardando la capa de sedimentos que lo mantiene aislado, además se pondrán las medidas de protección necesarias para que pueda ser utilizado para caminar, sin el peligro que supondrían las diferentes alturas y desniveles que el propio monumento tiene, al seguir el trazado de la orografía en su construcción original que aprovechó las grandes rocas de granito existentes en su base, como cimiento y como elemento que proporcionaba mayor inaccesibilidad a la fortaleza.

La parte de la muralla que se conserva en la actualidad, sufrió una importante intervención en 1968, cuando el concepto de “muralla” concebía estas construcciones con almenas y sin embargo la fortificación bejarana se encontraba desmochada. Esto llevo a que la restauración se acometiera sin tener en cuenta ningún criterio científico ni documental, sino simplemente atendiendo a la estética y probablemente a razonamientos presupuestarios, porque aunque no existía entonces documentación alusiva, como tampoco existe ahora, sí hay un referente gráfico del siglo XVII que no se tuvo en cuenta, muy conocido por estos lares, que es el cuadro de Ventura Lirios, en el que el monumento aparece coronado por almenas gibelinas, es decir merlones acabados en forma de cola de golondrina.

En la actualidad, se debe felicitar a los responsables de esta intervención porque se haya buscado asesoramiento técnico cualificado, que va a permitir que la invasión sea mínima y se mantengan a la vista todos los elementos susceptibles de interés, tanto para visitantes como para posibles estudiosos de este tipo de construcciones, con la instalación adecuada de elementos, como barandillas y escaleras, siguiendo un protocolo absolutamente reversible que no dañará al monumento y dejando abiertas todas las posibilidades a futuras investigaciones y descubrimientos o a cualquier estudio de estratigrafía muraría, tratando en todo momento de seguir principios de conservación, sin menoscabar su puesta en valor y su disfrute.