Viernes, 15 de diciembre de 2017

Miranda de Azán celebrará el 7 de agosto el Mercado Campesino

Sigue abierto el plazo para participar en un mercado de proximidad con participación de artesanos de toda la provincia
Miles de personas visitan cada año el Mercado Campesino que se celebrará el 7 de agosto

Será el próximo domingo, 10 de julio, coincidiendo con el final de las fiestas de San Cristóbal en Miranda de Azán cuando se conozca el cartel anunciador de la V edición del Mercado Campesino, que se celebrará el domingo 7 de agosto. Por el momento, son ya más de medio centenar de inscritos para un certamen cuyo plazo sigue abierto y que se ha convertido ya en un referente para toda la zona y en una cita imprescindible para los artesanos salmantinos.

Puestos de artesanía, agroalimentación, restauración, forja, velas, antigüedades,  jabones o cerámica se darán cita en una localidad que durante esta jornada de Mercado Campesino recibe entre 3.000 y 4.000 personas, complementados con múltiples actividades como talleres, demostraciones en vivo o música.

Este Mercado Campesino, incluido dentro de la filosofía de Municipios del Bien Común, es de proximidad, por lo que productores y artesanos son de la provincia de Salamanca. Como explica el concejal José Luis Sánchez, “más de medio pueblo se implica en este mercado”, con la presencia de hasta diez puestos de personas que viven en esta localidad, por lo que uno de los objetivos de este mercado es “revitalizar Miranda” y apostar por los productos locales. 

Una de las novedades este año, ha afirmado el concejal, es que se ha dado un paso más en la profesionalización con un registro de artesanos jaboneros. Asimismo, esta edición el Mercado Campesino tiene como zona invitada a la zamorana de Fuentesaúco, coincidiendo con el Año Internacional de las Legumbres.

Un origen que se remonta  a 1890

No hace tanto años, como ocurría en los pueblos agrícolas y ganaderos, Miranda de Azán (1890-1930) se llenaba de jornaleros que en época de la siega venían a trabajar en los campos. Procedentes de otras comarcas, se alojaban con los labriegos, dormían en sus casas y corrales, comían con ellos y, junto con sus historias, sus leyendas y sus canciones, llenaban las alforjas y los carros del trabajo que habían realizado a lo largo del invierno para poder vender aquí miel, quesos, salazones, paños, cestería, hojalatas, artesanía, productos de sus huertos ...

Hoy, cuando las máquinas han sustituido a los brazos y las grandes superficies a estos mercados; cuando lo ecológico, lo biológico, lo artesanal y la tradición aparecen como patrimonio exclusivo de unos pocos, el Ayuntamiento quiere rendir un pequeño homenaje a aquellos labradores, vecinos todos por un tiempo, que formaban el pueblo.