Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Compromiso político personal post electoral

En época electoral los partidos publicitan sus programas, hacen promesas y adquieren compromisos que luego se verá si se pueden cumplir y en qué medida, porque hay muchas opiniones en discordia, bien que, a veces, por suerte o por esfuerzo deliberado de diálogo, en concordia. Pero el sistema democrático es también un estado de opinión en el que cada ciudadano, mejor o peor informado, piensa y se expresa libremente, con la esperanza de que ese conjunto articulado de opiniones nos lleve a buen puerto, cosa que no siempre ha sucedido y conviene no olvidarlo para no repetir errores monumentales del pasado y del presente, como fue aupar a Hitler a la Cancillería del Reich por votación democrática  con suficiente mayoría, o lo ha sido el reciente Brexit, que andan ahora los jóvenes británicos mosqueados con los mayores, los escoceses con los ingleses y la City hirviendo de manifestaciones pro europeas, a buenas horas, mangas verdes.

En las democracias liberales, más o menos corregidas por su paso por la democracia cristiana inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia y por la socialdemocracia clásica pata negra, no por la arribista de nuevo cuño, los ciudadanos votamos cada equis tiempo y delegamos nuestra porción de poder político en nuestros representantes. Y, como la estructura del Estado moderno y los equilibrios de poder dentro del sistema democrático son tan complejos, los ciudadanos de a pie, que no tenemos vocación política partidista, aunque tengamos nuestras preferencias partidarias, podemos caer en la tentación de desentendernos de nuestras obligaciones morales, sociales, pre-políticas y políticas porque ya hay quien se ocupe de ellas y, así, si se ocupa mal, darle una colleja en la próxima convocatoria electoral. ¿Y mientras tanto, qué? ¿Cesamos en nuestros derechos y obligaciones? ¿No tenemos ningún papel que jugar en la vida política? Si así fuera, si nos desentendemos, el riesgo de ser manipulados será muy alto, como estamos comprobando, para nuestra desgracia, en casi toda Europa con el crecimiento exponencial de los populismos, sean de ultraderecha o de extrema izquierda, manipuladores ambos, porque ya dijeron Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernández que “los extremeños se tocan”, con perdón que desde aquí solicito a los muchos amigos no andaluces, ni castellanoleoneses, ni gallegos, rayanos también con Portugal.

Los cristianos tenemos por costumbre hacer examen de conciencia, así que eso he hecho yo antes y después del último proceso electoral, buscando cuál debía ser mi compromiso en las actuales circunstancias y eso quiero compartir, pensando digitalmente, con el dedo en la tecla:

Procuraré que mi mente siga siendo libre y crítica; para lograrlo, diversificaré mis fuentes de información, privilegiando el diálogo con mi círculo de familiares, amigos y conocidos y, sobre todo, analizando lo que yo viva, oiga y vea.

Actualizaré mi conciencia política apoyándome en bases morales sólidas como son el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia y aprovechando en todo lo posible lo que las instituciones libres que me rodean puedan ofrecer: por ejemplo, las dos Universidades de Salamanca.

Mantendré mi compromiso de colaborar como voluntario en la formación de buenos cristianos y buenos ciudadanos por medio del Escultismo Católico, movimiento de educación no formal, aunque integral.

Privilegiaré en mi vida pastoral como párroco la referencia a la Doctrina Social de la Iglesia, en la predicación y en la Catequesis y, sobre todo, en el contacto diario con los más pobres de mi entorno, en comunión activa con las instituciones de la Iglesia en ese ámbito (Caritas, Manos Unidas, etc…)

Continuaré con una actitud abierta al diálogo con militantes de todos los partidos políticos democráticos, e incluso con los no democráticos a los que, en tanto que personas y, como sacerdote, no puedo rechazar ni excluir.

En lo que de mi dependa potenciaré el ejercicio de la libertad de pensamiento, de conciencia, la vivencia privada y pública de la Religión y de la fe cristiana, exigiendo el respeto por la libertad religiosa y reclamaré de los partidos políticos y de las instituciones del Estado el reconocimiento, respeto y potenciación del hecho religioso como algo positivo para el bien común, en el contexto de una sociedad plural que se ha dado a sí misma un sistema democrático de convivencia y gobierno y que, por tanto, no puede ni debe excluir el hecho religioso de la vida pública. Por citar un ejemplo: apoyaré y reclamaré la enseñanza de la Religión en la Escuela Pública, sea esta de titularidad estatal o privada concertada, así como la propia existencia de la enseñanza concertada.

No voy a cambiar a estas alturas: seguiré  con mi apuesta pro europea, procurando que el europeísmo respete y recupere sus raíces humanistas cristianas, ilustradas, sociales y populares, insistiendo en la solidaridad y, en las actuales circunstancias, en la acogida a los refugiados. El europeísmo es compatible con el ejercicio de una conciencia católica, universal, abierta a todos los pueblos del mundo, es más, la exige de suyo.

Denunciaré –después de haberme informado- lo que me parezca corrupción, así como la manipulación y utilización de los sentimientos de las personas, especialmente de los más jóvenes y de los pobres en favor de opciones ideológicas y políticas concretas, sobre todo si las juzgo antidemocráticas o dudosamente democráticas, por más abrumador apoyo mediático que pudieran tener.

Y, como no soy un partido político ni pertenezco a ninguno y, como no tengo obligación de presentar un programa electoral, teniendo aún muchas cosas que decir, las dejo para mejor ocasión, que no faltará en los próximos meses y años.