Domingo, 17 de diciembre de 2017

Todo cambia cuando nada cambia

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Estos días he abandonado el vino en el bar de Emilio. Me he pasado a la jarra fría de cerveza con limón. Necesito bajar la temperatura de mi cuerpo y de mis neuronas, que no hacen más que tratar de entender la razón por la que la gente se acomoda como estamos y vota para que se perpetúe.

Vota, para que sigan bajando los salarios, a fuerza de trabajos temporales con sueldos de miseria.

Vota, para que continúe un sistema asentado en al corrupción, donde el dinero de los españoles se lo reparten los españolistas, los de banderita en el reloj y cuetnas en Panamá o en Suiza.

Vota, para que la mentira termine de asentarse y aprueben las medidas que prometieron que no iban a implantar.

Presiento feliz a la banca, que nos subirá las comisiones y hará que paguemos por lo que antes era gratis. Esa banca a la que hemos rescatado con nuestras lágrimas y nos lo agradece con su miseria.

Imagino la alegría de la gran empresa, al ver dulcificado el despido, al ver reducido el derecho a huelga, al ver las indemnizaciones menguadas.

Y eso, porque algunos quisieron que nada cambiara. ¡Qué equivocados están! En ese no cambiar, cambia todo. Todo para los deíles. Todo para nosotros.