Sábado, 16 de diciembre de 2017

Que cada palo aguante su vela

 La razón no la traen los votos sino la honestidad y la fidelidad con las que se trabaja con ellos. Por eso ganador y perdedores, si se pueden llamar así, tienen que responder ahora al préstamo que cada voto les ha confiado. Y cuando el voto no da poder para gobernar, proporciona, al menos si no al más, capacidad para dialogar y acordar. Es el hermoso juego de la democracia bien compartida. Pues eso.

Empezando por el primero, por Mariano Rajoy, tendrá que echar mano de todas las iniciativas de diálogo y consenso que quepan en un gobernante hábil, generoso, creativo, alto en miras, por encima de sí mismo y de sus declarados defectos, tan valiente ante su partido como entregado al bien de España. Incluso este perfil puede ser capaz de renunciar a lo que la gravedad de la situación pueda exigir y hasta de dar paso a quien, dentro de su partido, tuviera en la mano mejores cartas que él para la negociación que tiene que venir. Hay mucho campo negociable y si don Mariano no quiere cejar en su empeño de no ceder en nada, será responsable de lesa patria, por mucho que repita el monólogo de partido ganador.

 Más cintura, don Mariano, y si hacen falta otras cosas, pues también. Y no interesa un gobierno de caducidad programada que nos mande a otras elecciones dentro de año y medio.

Don Pedro Sánchez, tozudamente aferrado al mantra (ahora es moda usar este recurso) de que no habrá ni abstención ni acuerdo, así de entrada y sin un milímetro de apertura y de cesión, aunque luego vienen matices desde el sur sobre que quizás fuera posible una abstención y hasta algo más. Y el Comité Central pontificando en el más viejo estilo. ¿Es que la estrechez de miras no da para más? ¿Y para esto nos movemos y nos removemos los ciudadanos votando y esperando negociaciones reales para un gobierno mínimamente estable? ¿Es que el corsé de una ideología por muy socialista que sea no da para más juego?

Huiré al desierto si nos llevan a las terceras elecciones. Ah, también huiría si en un momento de locura pseudomarxisocialista se uniera a Podemos, que cosas más locas y de más quebranto han pasado en el pasado de los pueblos.

Rivera con sus Ciudadanos se debate en su propia indefinición nadando entre aguas varias dando vueltas alrededor de sí mismo, mirando con deseo contenido a ambos lados, pidiendo la mano a la vez al PSOE y al PP, para sentarse juntos y ser alguien en medio de los dos reunidos a la mesa. Es un papel cortito y Rivera lo viene diciendo cada día con cara de consenso tripartito, pero es su papel y es enteramente digno, sin olvidar que media España, aunque no votara a Rivera, desea, interpreto yo, que todo eso se cumpliera.

Y me atrevo a desear que se cumpla, porfa, aunque no sea porque él lo pida. Pues claro, cediendo lo que haya que ceder como sucede ahora mismo en media Europa y no pasa nada.

Pablo Iglesias no lo tiene fácil, entre otras cosas por aquello de que más dura será la caída. Y casi seguro que sobre todo desde dentro le van a salir a la superficie problemas no digeridos ni resueltos, entre tantas confluencias, tanto personalismo, tanto marxismo sin declarar y tanta socialdemocracia para votantes ingenuos y resentidos, que viene a ser lo mismo. ¿Qué se me ve el plumero?, pues claro. Y ya que se me ve, ahí lo dejo, porque quitando frases y propuestas sueltas, que muchos suscribimos, el resto parece fanatismo de ideas y fascismo de actitudes. Nada bueno para ensayarlo en tiempos tan graves y sombríos para media nación, la más pobre, claro. Es un partido muy joven, puede esperar, ganar en lucidez, reducir cuatro prejuicios, superar Venezuelas y similares, repasar la historia reciente de medio mundo, valorar a la Iglesia y su presencia en estas tierras, descubrir Europa y llegar a ser clave en el futuro de España.

Qué tiempos aquellos, cuando se gritaba en las calles que la imaginación al poder. Pero han pasado 50 años y ha llovido muchísimo, a veces a cántaros. Y hay que mirar el pluviómetro para no meter la pata.

Y entre pasillos, casi entre visillos en algunos casos, andan los partidos nacionalistas, reducidos a sus corralitos y esperando qué se puede sacar de estas luchas de Madrid en las que las supuestas periferias pueden contar mucho o nada a la hora de los números. En este apartado hay más deseo de negocio que voluntad de negociación. Pero ésta es ya otra historia.

Ésta es la mesa de juego. Y si los señores jugadores no sacan adelante la jugada con el poder y la encomienda que les hemos concedido, habría que romperles la baraja. Y que ellos y sus partidos pagaran los platos rotos. Somos gente seria y hemos votado con rigor y gravedad; nos precede una larga historia, hasta se puede decir que aquí, salvados los breves e incompletos tiempos griegos, se dieron los primeros pasos para la participación real del pueblo en el gobierno de la nación (véanse las Cortes de abril de 1118 bajo Alfonso IX de León, zamorano por cierto); hemos cumplido por dos veces nuestro turno con solvencia y buen hacer; estamos acostumbrados al trabajo bien hecho y con profesionalidad, como que Hecho en Españaes hoy garantía de producto de calidad. Nuestro cupo está completo y bien hecho.

Y muchos argumentos más que acreditan la razón que tenemos al demandarles a ustedes, titulares de los principales partidos, una altura personal y un trabajo político de esa misma máxima calidad.

Y si no, señores políticos, ustedes a la calle, que es ancha y de todos.