Viernes, 15 de diciembre de 2017

¡Tres meses de vacaciones!

 

Mira que llevo años en la docencia, y siempre me habían “resbalado” los comentarios sobre las vacaciones o no vacaciones que disfrutábamos, según la voz popular, los docentes.

He de reconocer que en algún momento y en “petit comité” me he permitido el lujo de comparar mi otra actividad laboral y el desgaste que ella conlleva, con la docencia y a veces no llegaba a entender a mis compañeros de bolígrafo bic y  sus amargas quejas.

Pero cuando ves escrito por un profesional de la información ese estigma: “tres meses de vacaciones”; cuando el mismo padre, amigo con hijos en edad escolar, o simplemente un desinformado de la vida (hay muchos) que aprovechando la información (desde mi punto de vista, interpretada más que informada) aprovecha la coyuntura para meter el dedo en el ojo y al minuto lloriquear por la guerra que da su hijo, por el stress que genera su estancia “prolongada” en el hogar, las limitaciones que ello conlleva, la invocación a los campamentos de verano, etc; hay algo dentro de mí que se rebela y pregunta: ¿Esos son los mismos niños que durante el curso escolar están con nosotros en el aula? ¿Son los mismos, de los que ponemos en conocimiento de padres y tutores que hay cosas que no se deben de tolerar? ¿Quizás son los mismos que interrumpen la clase molestando a los compañeros y al docente? ¿O estos niños tienen sólo ese comportamiento en el periodo estival? ¿Alguno de los que protesta se ha parado a pensar en lo largas que pueden llegar a ser ciertas clases con determinados alumnos? Por supuesto que con determinados profesores, me incluyo, pueden ser eternas. Eso está asumido. Y por ello habrá que asumir que los hijos son a tiempo completo y sin botón de standby, ni en casa ni en el aula; hay que interiorizarlo, eso ayuda.

¿ Saben? La mayoría de los docentes termina su jornada laboral 30 horas de docencia y 7,30 de formación, preparación de tareas, etc (por la que cobra) y la extiende a su domicilio (esta ya no está en nómina) desatendiendo en muchos casos obligaciones familiares y de otro índole a cambio de que al día siguiente un alumno haya progresado un poquito más.  ¿Eso no habría que añadirlo a un posible tiempo de descanso? ¿ Las horas extras no las cobra nadie? ¿Y si no las cobran, protestan y se enfadan eh? Pues los docentes cobramos con la sonrisa de haber conseguido un objetivo nuevo, de un paso más en los valores que proponemos.

Siempre he querido ser justo con  los demás y que sean justos conmigo. Y al igual que no puedo entender aulas con  cuatro niños y docentes de todo tipo generando un gasto (casi siempre remediable)  que sale de los impuestos que tanto nos cuesta dejar en las arcas de hacienda y que bien se podrían utilizar en cientos de necesidades que a día de hoy tenemos; solicito, pido , imploro, clamo, impetro… y no se cuántas acepciones más que valoren la docencia al menos en el mismo nivel que valoran su paciencia mientras los docentes consumimos nuestros “tres meses de vacaciones”.