Domingo, 17 de diciembre de 2017

La noche del tortazo

25/junio/sábado

 

     Hoy es la víspera de la fiesta de Cañizo. Mañana será San Pelayo e iré a comer a casa de mi hermano Justo. Allí reunirá también a alguno de sus cuñados. San Pelayo, en mi época joven, me encantaba. Normalmente había terminado los exámenes del colegio, aún no se había empezado a segar los trigos y las cebadas y eso suponía un descanso vacaciones de verdad. San Pelayo traía bailes, comidas especiales y juerga por todos los sitios. Mi madre preparaba el menú típico de los pueblos de Tierra de Campos en fiestas: ensaladilla rusa exquisita y un cordero al horno. En los postres tampoco faltaba el flan casero y arroz con leche. Mi madre no tenía una amplia gama de platos, pero hacía diez o doce de forma primorosa. En San Pelayo se esmeraba aún más que cada día. En la fiesta mayor de Cañizo siempre había vaquillas por las calles, pero a mi lo que más me emocionaba era el fútbol. En Cañizo contábamos con un gran equipo e incluso se organizaba un torneo con los equipos de cuatro pueblos, entre ellos Villalpando, que aunque tenía mucha más población que Cañizo siempre salía trasquilado. Y es que en el Cañizo contábamos con futbolistas de categoría, como los hermanos Ruiz, los hijos del médico, que medían 1,90, lo que en aquella España bajita era un lujo. Fernando jugaba de portero y era una garantía total, era un fenómeno, y su hermano Luis lo hacía de defensa, y era muy técnico y contundente. Eran los ricos del pueblo pero no presumían, no eran fatos, y gracias a ellos disponíamos de balón de reglamento. En aquel entonces, década de los sesenta del siglo pasado, era un lujo. Aquella España era pobre y no en todas las casas se disponía de posibles para gastar en un balón de fútbol de verdad. A Fernando y Luis los niños de Cañizo les debemos habernos hecho más felices, y a mi futbolista. Mi hermano Gilio jugaba muy bien, era muy rápido, un extremo derecho de los de época, de regate en corto, carrera larga, y centro perfecto. Más tarde lo ficho el Benavente en tercera división después de jugar también con el equipo titular del Colegio de los Jesuitas de Zamora donde yo estudiaba. En aquel colegio el Padre Superior, el Padre Prieto, era un fanático del fútbol, y tenía en palmitas a mi hermano y mi. Lo de mi hermano fue una excepción porque lo metió en el equipo sin ser residente. Llegaba del pueblo a jugar con nosotros, los estudiantes, y hacía vida de colegial. El Padre Prieto era fácil a las filias y a las fobias; quien le caía bien tenía todo su favor, y quien le caía mal no tenía nada que hacer. En los curas de esa época habitual tratar bien a unos y mal otros. Sin motivo y sin razón, pero esa era una verdad constatable en el día a día. Nosotros al Padre Prieto le caíamos bien, siempre nos trató con mucha deferencia, no sé si porque, entre otras cosas, era pariente lejano de mi padre.

Aquellos años fueron magníficos; me acuerdo cada día. San Pelayo me descubrió alguna novieta de baile y nada más, claro. Mi afición por disfrutar con la pandilla, con la peña, que comandaba Tarito, no tenía límites. Tenía otros amigos, como Evaristo y Sebito. Los dos emigraron al poco tiempo de Cañizo, Evaristo a Madrid, donde murió muy joven, y Sebito al País Vasco. Era un tiempo de emigración. La llegada del tractor y la mecanización de campo despobló Cañizo, al igual que a la mayoría de los pueblos de Zamora. La emigración fue una losa que hundió al pueblo para siempre. Desde entonces nada ha sido igual. Se perdió mucha gente y con ella gran parte de la alegría. Una alegría infantil si se quiere, inocente, porque no había muchos motivos para reírse. Había familias sin un mendrugo de pan que llevarse a la boca. Mi madre en más de una ocasión cuando yo era niño me enviaba a algunas casas a llevar pan, fruta, tocino y garbanzos. Le daba pena ver que algunos no tenían que comer. Pero era gente digna, resignada a su suerte, que miraban al cielo igual que al suelo, convencidos de que Dios algún día les ayudaría. Esa ayuda les llegó, pero cuando se marcharon de Cañizo para siempre. Y es que en Cañizo, como en toda la comarca, el que tenía algunas cargas de tierra podía vivir, pero los que no tenían más que las manos para trabajar no siempre tenían un jornal. Este asunto es muy complejo y hoy no tengo el ánimo para seguir recordando. Prefiero cambiar de tercio. Algún día, más de uno, volveré a hablar de este asunto, porque la niñez y la adolescencia que viví en Cañizo es parte de la esencia que me acompaña siempre. Lo escuché esta mañana en la la radio: las personas son como los árboles, puedes emigrar, ir por el mundo, vivir en mil sitios, y en todos se te van cayendo las hojas, pero las raíces siempre te quedan, siempre están en el mismo sitio. Las mías en Cañizo, a pesar de haber andado de un lado para otro: Zamora, Barcelona, Murcia, Valladolid, Madrid…Cañizo siempre al fondo. Como el agua quita de las pozas del Valderaduey, donde me bañaba de niño en aquellos veranos calurosos y abiertos a la vida. 

 

26/junio/domingo

 

     Día electoral. Repetición de las elecciones del 20-D. Cumplí con las urnas y después me fui a Cañizo. Plan familiar, amigos y limonadas. En Cañizo las peñas se reúnen en viejas paneras, justo unos días antes de que se llenen de trigo y cebada, y allí se hace la limonada. Que no se limita a hielo con limón o naranja. No. La limonada en Cañizo tiene como base el vino tinto, y se elabora una especie de sangría, con algún licor dentro para darle más contenido. En un barreño se mezcla todo con trozos de limón y naranja, se pone bien de hielo, y hala, a ir bebiendo vaso a vaso. En torno a la limonada se juntan los miembros de la peña, y los invitados, que es todo el pueblo y todo forastero que quiera participar. Se genera un ambiente de fiesta y de hermandad, de alegría y generosidad. Y se habla, y se baila, y se canta, y se juega de diversas formas y manera. Al “Tío Bayato” o a “Un limón y medio limón son dos limones y medio limón”. Trabalenguas para que el que se equivoque beba una vez más. Juegos en los que hay que estar bien despierto si no quiere uno terminar dando tumbos por las paredes y sufrir las consecuencias de andar tan perjudicado.

      Escribo de regreso de un San Pelayo con 36 grados, abrazos de amigos y poca limonada, que tengo que conducir de vuelta a Valladolid. Normal. Mientras tanto empiezo a ver en la tele los resultados electorales. Emoción. En noches como estas siempre me embarga la sensación de la inseguridad que genera lo desconocido. ¿Qué pasará? ¿Se cumplirán las previsiones de las encuestas? En poco tiempo todo lo sabemos: fallaron los estudios demoscópicos, todos, un desastre y una vergüenza. El PP y Mariano Rajoy consiguieron un resultado no habían imaginado ni en los mejores sueños: 137 diputados, 14 más que el 20-D. Pedro Sánchez y el PSOE retrocedieron en 5 diputados; en total sacaron 85. Me acuerdo del 28 de octubre de 1982, cuando Felipe González consiguió 202 diputados y yo cubrí para TVE la información desde la sede del Partido Socialista en Murcia. ¿Por qué les ha abandonado tanta gente al PSOE? Unidos Podemos se quedan en 71 diputados y pierden más de un millón de votos. Fracaso imprevisto. Caras de decepción de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón en la tele. No fue la noche del “sorpasso”, sino del tremendo tortazo. La política es un tobogán imprevisible. Ya lo han comprobado. Ciudadanos, el cuarto partido en liza, sufre otro batacazo: de 40 diputados pasa a 32. Albert Rivera también se desconcierta. Eran el futuro y en la primera curva se estampan. Las cosas no quedan como estaban, pero le costará formar gobierno al vencedor, a Mariano Rajoy, al resucitado. Todos le daban por muerto, José María Aznar entre ellos, y esos mismos no saben donde meter sus augurios. Que si el voto del miedo, que si el “brexit” británico, que si tal y que si cual. El caso es que los datos mandan y ahora, aunque toca esperar, el futuro inmediato, lo más seguro, es que vuelva a pasar por el gallego.

     Me canso de escribir y de escuchar a los tertulianos, que parecen formar “la legión perdida” de Santiago Posteguillo. Acaricio a Rumbo, que me mira con ojos despiertos y listos, y me voy a la cama. Mañana será otro día.

 

     28/junio/martes

 

    Terrible atentado en el aeropuerto de Estambul. Otra masacre de los dementes islamistas. Las imágenes en televisión son terribles. Medio centenar de muertos y más de doscientos heridos. No se me puede quitar de la cabeza hace un año estuve en ese mismo aeropuerto con mi familia. Nosotros pudimos regresar a casa. Hoy muchos no tuvieron la misma suerte. La vida es azar y la línea entre la ventura y la desventura nadie la conoce. En aquellos días de vacaciones por Turquía se produjeron dos atentados. Entonces hice una premonición: creo que no va a ser fácil volver aquí sin miedo en el cuerpo. No me equivoqué, lamentablemente. Desde entonces han sido varios los atentados en Turquía que están alejando a los turistas de allí. Una pena, porque es un país impresionante, de una variedad y una belleza extraordinarias. Y donde se vive la historia de cerca. Bizancio, Constantinopla, Estambul. O Troya, Éfeso o Capadocia. Y cuatro

mares. Y mil cosas más.

 

30/junio/jueves  

 

    Cuatro últimos pensamientos, última entrega de lo que venía publicando:

 

16.-La mayor satisfacción…………..………el deber cumplido

17.-La fuerza más potente del mundo…......la fe   

18.-las personas más necesarias……………los padres  

19.-El sentimiento más bello del mundo…...el amor

 

    La autora de los diecinueve pensamientos es la madre Teresa de Calcuta, Santa Teresa de Calcuta. Diecinueve pensamientos que voy a intentar aprender de memoria. Merecen la pena.