Lunes, 11 de diciembre de 2017

San Pedro, más que piedra...

El evangelio de esta fiesta de San Pedro, escrito en la cúpula de la Basílica de San Pedro del Vaticano (Tú eres Pedro. tu es Petrus), constituye de alguna forma el centro de la confesión católica.

Como se ha dicho a veces, con cierto humor: Cristo ha hecho a Pedro (y a los papas que le siguen) la Roca de la Iglesia, y les ha dado así todo el poder para que se las arreglen luego por sí mismo.

Pero el sentido del texto de la Confesión de Pedro (Mt 16, 13-19) y de su Institución como Autoridad Suprema de la Iglesia resulta mucho más rico y complejo, como saben los expertos, católicos,protestantes, ortodoxos o agnósticos, con sus diferencias:

-- No queda claro si Pedro/Piedra se identifica con la Roca sobre la que Cristo edifica su iglesia, pues las palabras petros/petra (en masculino y femenino tienen sentidos diferentes).

-- Tampoco queda claro si Jesús le dice Simón ¡tú eres Pedro! (en sentido personal) o si le dice más bien ¡tú eres un simple piedra de camino!, con la diferencia que eso implica (y la riqueza que supone).

-- Queda pendiente la forma en que Pedro en persona o su confesión de fe (o el mismo Jesús) es la roca de la Iglesia, abriendo unas cuestiones fascinantes para el presente y futuro de la Iglesia


Estoy convencido de que merece la pena comprender bien ese texto, como lo exige la liturgia de este día, y eso es lo que quiero hacer con cierta calma.

Resulta imposible aclarar todas sus cuestiones, pero es buen plantearlas. Tampoco se resuelve todo desde el estudio de la Biblia, hay que precisar también las tradiciones de la iglesia; pero este pasaje de la Biblia de Mateo resulta esencial para situarnos bien ante el tema.

Éste no es un tema de teoría, pues hay una comisión de cardenales encargados de plantear los temas que se refieren al Vaticano (vinculados en principio con este evangelio de la fiesta de San Pedro). Por eso he querido estudiarlo.

La solución no está a mi juicio en hacerse protestante (u ortodoxo), pues ortodoxos y protestantes han leído este pasaje de un modo algo distinto, sino en estudiarlo todos, buscando desde diversas perspectivas la voz y la tarea esencial del evangelio.

Me postal es algo teórica, unas páginas de esquema para un libro que preparo sobre el evangelio de Mateo. Pero estoy seguro de que puede interesar a muchos, pues está en juego un elemento fundamental de la Iglesia.

Mt 16,16-19. Introducción

Esta escena clave de Mateo es obra de un “escriba” eclesial (cf. 13,52) que, hacia el año 85 dC, vincula tradiciones antiguas y nuevas experiencias de su iglesia, con su propia visión del mensaje y camino cristiano. Mateo asume para ello las tradiciones más helenistas de Marcos, pero las integra en una iglesia (¿Antioquia?) que se esfuerza por superar el judeo-cristianismo de Santiago y se sigue definiendo a sí misma como auténtico Israel, pues en ella se cumple de un modo universal (abierto a todos) la verdadera ley judía (cf. Mt 5-7). De esa manera, llevando hasta el final las tensiones y estímulos de la iglesia de Santiago, Mateo recorre un camino que le ha permitido formular una visión universal del evangelio, avalada por la tradición de Pedro.

Mateo quiere unir así la tradición de Santiago (ley judía) y la de Pablo (apertura universal), y para ello, partiendo del texto de Marcos y de la tradición de su Iglesia, recrea la figura y función histórica de Pedro a quién, sin separarle del resto de los discípulos (los Doce sin Judas de 28, 16), concede una función esencial en la Iglesia: Interpretar la Ley judía e iniciar una misión universal cristiana, apareciendo así como piedra base de la comunidad y portador de las llaves del Reino.

Mateo no inventa esa función de Pedro, sino que interpreta y ratifica lo que ha sido su tarea al servicio de la iglesia, al asumir la misión universal de los helenistas y de Pablo, y vincularla con la visión israelita de los judeocristianos, garantizando y fundando así la unidad de las iglesias, sellada por la confesión de Jesús como Cristo, Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16). Ciertamente, él habla del Pedro en una línea histórica, pero interpreta su función a la luz de su propia experiencia eclesial, unos veinte años después de la muerte del mismo Pedro.

Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo (16, 13-16).

16, 13 Llegando a la región de Cesárea de Filipo Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? 14 Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. 15 Él les preguntó: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? 16 Y Simón respondiendo dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo .

Este pasaje recoge elementos de la historia original de Simón que confesó a Jesús como Mesías. Pero esa confesión, de fondo histórico, ha sido poderosamente reinterpreta por la Iglesia, siguiendo (según Mateo) la misma orientación de Pedro:

− Pregunta de Jesús, primeras identificaciones: 16, 13-14. Mc 8, 18 comparaba a Jesús con Juan Bautista, con Elías o con algún otro profeta. Mateo acepta esas comparaciones de la gente, pero añade expresamente la figura de Jeremías (Mt 16, 4), quizá porque le permite entender mejor a Jesús como profeta inmerso en una historia de sufrimiento al servicio de la obra de Dios. Elías es profeta de fuego y juicio, en la línea del Bautista; Jeremías, en cambio, es profeta de denuncia y sacrificio (muerte), en la línea de lo que irá diciendo Mateo; es evidente que muchos han visto a Jesús como nuevo Jeremías, no sólo por sus sufrimientos, sino también por su forma de criticar un tipo de culto del templo, con la profanación del santuario (cf. 21, 14 con Jer 7, 11).

− Respuesta de Pedro: Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo: 16, 15-16. Donde Mc 8, 29 decía “tú eres el Cristo”, Mt 16, 16 añade: “el Hijo de Dios vivo”, destacando de esa forma en el carácter más trascendente de su misión, pues no es simplemente mesías israelita, sino presencia radical y universal de Dios (cf. Mt 11, 25-30). Quizá por eso, al final de la escena, allí donde, según Mc 8, 30, Jesús prohibía a sus discípulos que hablaran de él, sin más matizaciones (que no manipularan su figura), Mt 16, 20 les prohíbe que digan que es el Cristo de Israel (¡no el Hijo de Dios!), porque la figura y función del Cristo puede ser manipulada.

De manera muy significativa, Pedro define a Dios como el Viviente (ho zôn,aquel que vive), en contra de los dioses muertos o los ídolos, conforme a la más honda confesión israelita, que presenta a Yahvé como el Dios Vivo. Así lo ha puesto especialmente de relieve el evangelio de Juan (cf. Jn 6,57.6) y la tradición de Pablo (Rom 9, 26; 2 Cor 3,3; 6,16; 1 Tes 19 etc.). Pedro presente así a Jesús como Hijo del Dios Vivo, del Dios universal, más allá de las fronteras de Israel.

Mateo y su comunidad asumen esta confesión de Pedro y así lo expresan en estas palabras de fe pascual, que ratifican el carácter salvador de Jesús (es Hijo de Dios) y el sentido de la iglesia, que está superando un tipo de judaísmo nacional, y viene a presentarse como portadora de la salvación mesiánica. En nombre de los discípulos, Pedro ha confesado así su fe en Jesús, una fe que asume y proclama la iglesia de Mateo Pues bien, en vez seguir diciendo inmediatamente a sus discípulos que no hablen ni digan nada de él, como en Marcos (la prohibición de presentarle como Cristo aparece sólo en 16, 20), Mateo ha introducido aquí una cuña poderosa (16, 16-19), que, en un nivel, parece ir en contra del contexto, pero que, en otro, lo ilumina y desarrolla su sentido.

− 16, 17 Pero Jesús respondiendo le dijo: Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos.
18 Y yo te digo que tú eres una piedra, pero sobre esta Roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella.
− 19 Te daré las llaves del Reino de los cielos: y lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.


Ésta es una inclusión muy precisa, muy bien ajustada, que define la identidad del evangelio de Mateo, con su visión de Pedro como intérprete del mesianismo de Jesús y de la tarea de la Iglesia, en un momento en que resulta fundamental la apertura a los gentiles. Ésta es una doble confesión, de Pedro y de Jesús, situada aquí, en el centro del evangelio, en un camino ascendente (que nos lleva de Pedro a Jesús Hijo de Dios) y descendente (que nos lleva de Jesús a Pedro en el cimiento de la iglesia) .

1. Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo. Revelación del Padre. Jesús empieza presentando a Simón con su nombre oficial, y diciendo: “Bienaventurado eres tu Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos” (16, 17). Se llamaba Symeón (así aparece en dos textos arcaizantes: Hch 15, 14 y en 2 Ped 1,1), nombre helenizado como Simón (cf. Mt 4, 18; 17, 25), y su padre era Jonás (=Juan, cf. Jn 1, 41-42; 21, 15). Pues bien, este Simón hijo de Juan aparece como destinatario de una revelación superior, que no proviene de la carne y sangre (es decir, de los poderes normales de la inteligencia humana), sino del mismo Dios (del Padre de Jesús).

Esta revelación de Dios a Simón es para Mateo un (=el) acontecimiento definitivo del despliegue de la Iglesia, tal como aparecía en Mt 11, 25, donde se hablaba del misterio de Dios, escondido para los grandes y prudentes, pero revelado a los pequeños, entre los que ahora sobresale Simón, quien aparece también como objeto de una revelación divina, conforme a su propia confesión (Gal 1, 16). Así aparecen aquí las dos grandes revelaciones de la Iglesia:

‒ La revelación de Pablo aparece como fundamento y principio de la misión cristiana a los gentiles (cf. Ef 3, 5), conforme a la tradición paulina, en la que se funda la gran apertura misionera de la Iglesia. Según ella, hubo en la Iglesia primitiva, una gran revelación paulina, vinculada a la apertura del evangelio de Jesús a los gentiles.

‒ La revelación de Pedro, fundada no sólo en la pascua, sino en la vida histórica de Jesús, aparece en Mateo como principio y justificación de la apertura también universal de la Iglesia judeo-cristiana a los gentiles. En ese contexto ha reflexionado la iglesia de Mateo sobre el sentido del apelativo Cefas/Pedro/Piedra/Roca, que la primera Iglesia (quizá el mismo Jesús) ha dado a Simón.

Esta iglesia de la que Simón forma parte había corrido el riesgo de perder su identidad en la disputa entre judaizantes (=nomistas) y partidarios de la separación total respecto al judaísmo. Pero el mismo Dios, que es el Padre de Jesús, ha revelado a Simón que Jesús no es sólo el Cristo (en una línea que podría ser discutida, quizá como en Mc 8, 20, sino que es el Cristo en cuanto es el Hijo de Dios Vivo (16, 16).

Por revelación de Dios Padre, Simón Baryona ha formulado de un modo definitivo la fe cristiana, confesando que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Ésta ha sido según Mateo la revelación pascual de Simón, el principio de la fe cristiana, como de algún modo ha reconocido el mismo Pablo, cuando ha puesto la revelación pascual de Cefas en el principio de todas las revelaciones, como fundamento de la Iglesia (2 Cor 15, 5). Es muy posible que el mismo Mateo esté evocando aquí esa primera revelación, realizada de un modo especial por “mi Padre que está en los cielos”, por encima de todos los poderes de la carne y de la sangre. Ésta es la clave, éste es el centro del pasaje, que puede y debe compararse y entenderse desde otros pasajes también centrales de Mateo, como son 1, 18-25; 3, 17; 11, 22-27 y 28, 16-20.

Es muy posible que esta revelación de Dios a Simón y la Dios a Pablo, según Ef 2-3, se hayan formulado desde perspectivas complementarias, de manera que han de verse unidas y relacionadas, pues se vinculan con dos de los grupos más significativos en la vida y conciencia de la Gran Iglesia: un grupo fundaba su experiencia y tarea en la revelación de Pablo, que habría recibido el encargo de Dios para iniciar la misión de Jesús a los gentiles (según Efesios); el otro la fundaba en la experiencia y compromiso de Pedro (según Mateo), como he puesto de relieve en la introducción de este comentario.

La revelación petrina, destacada aquí por Mt 16, 17-19 se vincula de esa forma a la “paulina”, y las dos abren un espacio y camino de universalidad “no excluyente”, de manera que pueden vincularse y enriquecerse una a la otra, aunque la Iglesia Católica posterior haya dado primacía a la de Pedro. Comparando ambas línea, debemos confesar que la “revelación eclesial de Pedro”, tal como ha sido formulada en el origen de la Iglesia (cf. Lc 24, 34), tiene un origen más antiguo (como lo indica el mismo Pablo en 1 Cor 15), pero en la forma que aquí sigue ha debido desarrollarse y ratificarse en unos tiempos relativamente tardíos (tras la muerte de Pedro), igual que la “revelación de Dios a Pablo” (que en sí misma tiene un origen antiguo, cf. Gal 1, 16) pero, tal como aparece en la carta a los Efesios, ha sido formulada también bastante más tarde

Es difícil saber cuál ha sido la primera, y cual la que ha venido después, aunque es posible que ambas se hayan formulado al mismo tiempo, desde perspectivas de algún modo convergentes y complementarias, en tiempos bastante cercanos (en torno al 80 d.C.), y en comunidades también cercanas (Antioquía, Éfeso). Sin poder probarlo, pienso que la primera fijación del tema ha sido la de Pablo (a quien Efesios hace fundador de la Iglesia universal, abierta a los gentiles) y que el redactor final de Mateo conocía esa versión y ha querido matizarla, desde su propia perspectiva.

2. Tú eres una piedra, y (pero) sobre esta Roca. Ciertamente, Mateo no niega la versión efesina de Pablo, pero responde a ella y la completa, ofreciendo su propia visión del tema, en un contexto más judeo-cristiano, desde Antioquía, para indicar así que la “formulación petrina” de la Iglesia es anterior a la paulina, pues ha sido Simón Baryona el primero que ha confesado a Jesús Hijo de Dios, y ha recibido la tarea de expandir su Iglesia. Sea como fuera, ambas formulaciones (la petrina y la paulina) se han vinculado pronto, y han sido acogidas en el único canon del NT, sin que las iglesias hayan encontrado contradicción entre ellas. Así dice Jesús a Simón:

‒ Bienaventurado eres Simón, Bar-Yona. Éste era su nombre completo y oficial, que le define por su padre (=es hijo de), desde su nacimiento en una familia patriarcal, como recuerda Jn 1, 42; 21, 15-17. Éste Simón no es uno cualquiera, pues lleva el nombre del primero de los doce patriarcas (hijos de Israel/Jacob), y es hijo de Juan/Yona, nombre común del judaísmo de tiempos de Jesús. Al presentarle de esta forma, con una bienaventuranza personal, aplicada a él en concreto (cosa que el NT sólo hallamos en referencia a la madre de Jesús: Lc 1, 45. 48; 11, 27), Mateo anuncia que lo que dirá después tiene mucha importancia (como expresión y consecuencia de una revelación especial del Dios Padre de Jesús, como vengo diciendo: cf. Mt 16, 17).

‒ Y yo te digo: tú eres una piedra (petros, sin artículo, 16, 18). Es muy posible que Jesús haya puesto a Simón ese nombre (Cefas, Pe,troj, Piedra, Pedro) en el tiempo de su vida (cf. Mc 3, 16; Jn 1,42), destacando así (quizá irónicamente) su dureza o también su falta de estabilidad, como guijarro del camino, canto rodado del arroyo, aunque, paradójicamente (por una inversión común en el Nuevo Testamento) haya recibido pronto un sentido positivo (aunque en su origen pueda tener un significado negativo de piedra de escándalo y tropiezo, como destacará el mismo Mt 16, 23).

‒ ¿Nombre personal o apelativo impersonal: Pedro o una piedra? No es fácil responder a esa pregunta. Ciertamente, Petros, Piedra, es el nombre común de Simón, en la tradición de los evangelios y en Hechos, desde Mc 8, 19 hasta Hch 15, 7, desde Mt 10, 2, (Simón, llamado Pedro) hasta Jn 21, 21. Es el más utilizado en Mateo (15 veces). Fue sin duda un nombre importante en las iglesias, y pudo tener cierto sentido positivo (la piedra es dura), pero también negativo o, al menos, irónico, pues las piedras son cantos rodados de camino, sin estabilidad, causa de escándalo, tropiezo o caída (cf. Mt 16, 23; cf. 1 Ped 2, 8; Rom 9, 33), siendo también guijarros de huerto o de campo sembrado (cf. petrode: 13, 5.29), que dañan la semilla e impiden el crecimiento de la planta .

‒ Una piedra cualquiera, esta roca. Normalmente se suele suponer que petros es aquí el nombre personal que Jesús ha dado a Pedro, pero eso no es nada seguro, de forma que alguien que sea este pasaje sin presupuestos de tradición cristiana puede pensar que Jesús dice a Simón: Tú eres una piedra (Petros sin artículo, simplemente una piedra). Eso es Simón por si mismo. Pero él ha recibido una revelación especial de Dios ¡la revelación definitiva! de tal forma que por ella (por don del Padre de Jesús) él se ha convertido el algo distinto, en mediador y garante de la Petra/Roca firme de la fe, cimiento seguro de la Iglesia de Jesús.

En sentido estricto, por sí mismo, Simón es petros sin más, una Piedra, y, aunque ese nombre esté viniendo a convertirse paradójicamente en nombre en signo de dignidad y distinción, en sí mismo es un apodo normalmente irónico (piedra que puede moverse, guijarro sin estabilidad ni fundamento). Pero desde su perspectiva posterior, escribiendo este pasaje en torno al 85 dC, Mateo no puede reinterpretar de alguna forma el nombre de Simón Bar-Yona, a quien Jesús llamó Cefas/Petros, con la ayuda que le ofrece la lengua griega en la que escribe y fija su evangelio, vinculando la palabra masculina Petros con Petra, en femenino, que significa ya roca o fundamento firme (como en Mt 7, 24), palabra que la misma tradición de Pablo ha relacionado desde antiguo con Cristo (cf. 1 Cor 10, 4).

Pero sobre esta Roca (kai epi taute te petra)… (16, 18). Jesús no edificará su iglesia sobre Simón en cuanto Cefas/pe,troj, Pedro, nombre que conserva siempre su ambigüedad, quizá su ironía, como guijarro, una piedra de tropiezo en el camino, como las arenas (a;mmoj( 7, 26) que no pueden sostener el edificio o como el pedregal (petrw,dhj de 13, 5.29, donde no puede crecer la semilla). Al contrario, el verdadero seguidor de Jesús es aquel que han edificado (7, 24) su casa (es decir, la iglesia) sobre la roca (ten petran,con artículo), es decir, sobre el cimiento seguro de las palabras de Jesús que significa “roca firme” y cimiento seguro de una casa (7, 24), que se identifica en el fondo con sus mismas palabras. En esa línea, la misma conjunción primera (kai) puede traducirse en forma ilativa (y) o adversativa (pero), en la línea de la traducción que ofrezco: “A pesar de que tú eres piedra, yo edificaré mi iglesia sobre esta Roca…”.

Esta distinción y vinculación entre piedra y roca plantea un tema clave para la Iglesia, que sólo Mateo ha desarrollado y resuelto de un modo consecuente. Sin duda este Simón (Simon), a quien Jesús dirige su bienaventuranza, llamándole paradójicamente petros (una piedra), ha realizado una función positiva en la Iglesia.

De esa manera, la respuesta de Jesús nos sitúa ante un juego de palabras entre petros-petra, entre una piedra y la roca, que forma la clave de comprensión de 16, 18, y que sólo tiene sentido claro en griego, pues tanto en arameo (como en su equivalente hebreo, kepha) se debería haber repetido la misma palabra: tú eres kepha y sobre esta kepha.. perdiéndose el juego de palabras-sentidos de la escena.
Ese juego consiste en afirmar que, por haber recibido una revelación muy alta de Dios, el mismo Simón que es Petros (una piedra movediza, incapaz de servir de fundamento) está relacionado de manera muy profunda con la Petra/roca firme sobre la que Jesús puede edificar su propia Iglesia. El texto distingue y vincula así dos palabras fundamentales:

(a) Jesús dice que Simón es Petros (Pedro, en masculino), piedra cambiante y movediza, guijarro del camino.
(b) Pero en otro sentido él añade que fundará su Iglesia sobre esa Petra (roca, en femenino) vinculada a la confesión de fe que el Padre de Jesús ha revelado a Pedro (¡esto no te lo ha revelado carne ni sangre, sino mi Padre…!) .

Toda la tradición cristiana (de Pablo a Juan) sabe que Jesús ha dado a Simón el nombre Petros, Piedra, con un matiz (significado) que resulta hoy difícil de precisar, aunque en principio vincula elementos positivos y negativos (irónicos). Pero sólo Mateo nos lleva (nos hace pasar) del Petros/Guijarro (canto rodado) al Petra/Roca de cimiento de la Iglesia, una Roca que en la línea de Mt 7, 24-27 ha de ser en principio la escucha y cumplimiento de la Palabra, es decir, del Sermón de la Montaña (tal como ha venido expresándose en Mt 5-7).

Este paso de Petros a Petra resulta paradójico y ofrece una de las interpretaciones más profundas del misterio pascual de la Iglesia, pues vincula aquello que es más débil/frágil (Petros, una piedra) con lo más fuerte (Petra, una roca de cimiento de la Gran Iglesia).

Esta vinculación y separación entre Petros/Guijarro y Petra/Roca marca el sentido de la frase de Jesús y el juego de palabras de la “institución petrina” de la Iglesia, con las consecuencias que el tema ha tenido para la cristiandad posterior, en especial para los católicos, que ha construido sobre pasaje gran parte de su eclesiología, hasta el día de hoy (2017). Se trata de un cambio absolutamente significativo y esencial, que marca el paso de la piedra móvil, cambiante y negativa de Simón a la roca firme de la revelación del Padre que ese Simón Padre ha recibido como Petra.

Ésta es la expresión más firme de la transformación de Simón que, habiendo sido (y siendo todavía Petros), ha venido a convertirse en Petra de la Iglesia.
Así lo ponen de relieve casi todos los comentarios. Baste citar a U. Luz, Mateo I, Sígueme, Salamanca 2010, ad locum). La distinción entre piedra/piedras (que pueden ser guijarros o cantos rodados) y roca (en el sentido de peña) resulta clara en Arameo y Hebreo, donde se emplean palabras distintas para casa caso. Esa distinción aparece también clara en el Griego del NT, como en Mt 27, 60, donde se dice que el sepulcro de Jesús estaba excavado en la roca (petra) y que pusieron encima o en su boca una piedra grande, un lithos. Mt 7, 24-25 afirma que casa firme tiene que edificarse sobre roca (petra), mientras que los necios edifican sobre piedras pequeñas o arena (ammon). Pues bien, nuestro texto (Mt 16, 18) ofrece un juego de palabras, que no es posible en arameo o hebreo, porque la misma raíz griega significa dos cosas: ho petros en masculina es guijarro y he petra en femenino es roca.

3. Edificaré mi iglesia… Nos hallamos, pues, ante un juego de palabras muy significativo.

(a) Por un lado, Jesús dice a Simón tú eres petros, que puede significar “tú eres Pedro”, en sentido personal (tú te llamas Pedro…), o también “tú eres una piedra”, en el sentido de un guijarro del camino.

(b) Por otro lado, “y sobre esta Petra/Roca edificaré mi Iglesia”. Ciertamente, las dos palabras (petros/piedra y petra/roca) provienen de una misma raíz, pero tienen sentidos distintos, que son difíciles de precisar si no es griego. El Jesús de Mateo podría haber utilizado en ambos casos la misma palabra.

(a) Podría haber dicho “tú eres Petros sobre este Petros (=guijarro) edificaré mi Iglesia”, pero eso resulta imposible, pues como indica 7, 24-27 un edificio no se puede edificar sobre una piedra movediza.
(b) Podría haber dicho: “tú eres Petra y sobre esta Petra (=roca) edificaré mi Iglesia”, pero eso es muy difícil, porque Simón Baryona no es por sí mismo una “roca”, sino una simple piedra del camino. Teniendo esto en cuenta pueden trazarse varias posibilidades para precisar el sentido de la frase
:

‒ Dentro de la tradición católica, suele decirse que las dos palabras (Petros y Petra) son de hecho equivalentes, pues han perdido los matices del griego antiguo y significan en los dos casos lo mismo Piedra/Roca. En esa línea añaden que Mateo ha querido hacer un pequeño juego de palabras, poniendo en un caso Petros (en masculino) y en el otro Petra (en femenino), pero sabiendo que el sentido de ambas es el mismo, de manera que no hay dificultad ninguna en decir que Simón es al mismo tiempos Petros y Petra, piedra del camino y roca, de manera que el sentido de la frase es éste: Tu eres Pedro/Piedra y sobre esa Piedra (que eres tú, Pedro) edificaré mi Iglesia..

‒ Pero la mayoría de los exegetas (protestantes, y muchos católicos), pensamos, que Mateo ha querido (ha debido) utilizar las dos palabras con matices diferentes, para indicar así la diferencia y vinculación entre Petros/Piedra y Pedra/Roca de la iglesia. Mateo sabe que no tiene sentido edificar la Casa/Iglesia sobre una piedra del camino, es decir, sobre guijarros que impiden el crecimiento de la planta (13, 5, 20) y pueden ser arrastrados por el agua del torrente (cf. Mt 7, 24-27). Pero él sabe también que Simón, llamado Pedro/Piedra, está relacionado con Petra/Roca de la Iglesia de tal forma que ni las puertas/poderes del infierno podrán prevalecer sobre ella o derribarla .

‒ Desde ese fondo es necesario confesar que existe cierta ambivalencia en las palabras, de manera que su sentido ha de estudiarse y fijarse teniendo en cuenta otros pasajes como Gal 2, 9 donde Santiago, Kephas/Pedro y Juan aparecen como “columnas” del edificio de la Iglesia de Jerusalén, y sobre todo insistiendo en la comparación con Ef 2-3, donde se afirma que la Iglesia ha sido edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (2, 20-22), conforme a la revelación que el mismo Pablo ha recibido (3, 2-3), de tal forma que él (Pablo), el más pequeño de todos los santos (creyentes) ha recibido la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza inescrutable de Cristo. Desde ese fondo, y conforme a todo lo anterior, podemos afirmar que este pasaje vincula dos signos y funciones pero sin identificarlas.

‒ Tú eres petros (petros, sin artículo). Ésta palabra se dirige directamente a Simón Barjona, pero no en una línea personal fuerte, como en Mt 14, 28; 16, 22 ; 17, 4; 18, 21; 19, 27; 30, 35…, donde se le llama Ho Petros, El Pedro, con artículo, mientras que aquí aparece sin artículo. En esa línea, en sentido estricto, este pasaje podría traducirse tú eres una piedra, un guijarro del camino, algo con lo que uno puede tropezarse (escandalizarse) y caer (16, 23: piedra satánica). Si se olvida esta acepción básica del término carece de sentido todo lo que sigue, se pierde la paradoja central de la escena y de todo el cristianismo.

‒ Y sobre esta Roca (sobre esta Petra . A diferencia de la anterior, esta palabra aparece de manera estrictamente personal e individualizada, con artículo definido (taute te petra). Es evidente que esta Petra/Roca, fundamento de la Iglesia, se relaciona con Petros/piedra (que es el mismo Simón Baryona), pero sin identificarse, de manera que ambos términos (Petros/Piedra y Petra/Roca) son relativamente independientes, aunque no pueda separarse de un modo total, como suponen las palabras siguientes (te daré las llames; lo que ates, lo que desates…) se refieren a Simón Pedro, en cuanto vinculado a la roca de la Iglesia.

‒ Desde una perspectiva narrativa, en la línea de todo el comentario anterior, “esta roca” no se refiere a Pedro en cuanto “piedra”, sino a la confesión de fe que el Padre de Jesús le ha revelado. A pesar de ser una piedra del camino, Pedro ha recibido una revelación de Dios y sobre ellas (sobre la palabra revelada por Dios y confesada por Pedro) edificará Jesús su Iglesia. No la edificará, por tanto, sobre la persona-Pedro sino sobre su confesión de fe. Esta relación entre Pedro/Piedra y la Roca de la fe (revelada precisamente a Pedro y confesada por Pedro) sobre la que Jesús edificará su iglesia constituye el centro teológico del Evangelio de Maeo, su mayor aportación a la historia cristiana.

Conclusión. Paradójicamente, Jesús resucitado, en su función de Hijo de Dios, con poder pleno en cielo y tierra (cf. 28, 16-20), concede a Simón Baryona el nombre y realidad de Petros/Piedra, presentando al mismo tiempo su confesión de fe como Petra/Roca o Peña (cimiento inamovible) sobre el que edificará su Iglesia, que así aparece ya en forma de comunidad autónoma, separada del judaísmo nacional, con promesa de pervivencia. Al afirmar que “las puertas de la Muerte no prevalecerán contra ella”, Jesús está diciendo, en el fondo, lo mismo que en 28, 20: “y Yo [Jesús] estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”.

Todo nos permite suponer que la iglesia que está al fondo de Mateo (Antioquía) ha formulado esta palabra como expresión de su más honda experiencia de fe, pues sabe que Pedro (muerto ya) ha cumplido su tarea de Gran Rabino fundador de la nueva comunidad mesiánica en la que caben los diversos grupos de cristianos. Agradecidos a Simón, hijo de Juan/Jonás, los cristianos de Antioquía, de origen básicamente judío, han apelado de esa forma a su memoria para fijar el sentido básico de su evangelio de Jesús .