Martes, 12 de diciembre de 2017

Quién manda

Y quien manda es la economía. No nos engañemos. De los números (y de cuadrarlos) sale todo lo demás. Por eso no quiero que me engañen con mandangas de todo tipo en esta nueva campaña. Somos tantos ciudadanos, ingresamos tanto, y vamos a repartir esto en los gastos. Al final debería ser así. Así de simple. Pero nos lo hacen tan complicado.

           Y ahí deberemos contar con todos los ingresos del estado. Los que vienen de impuestos directos (los tipos de ahora mismo), indirectos, ayudas de afuera y de dentro. Y no más de esa cantidad lo que deberemos gastar. En cobertura social y educación, lo primero de todo. Luego en infraestructuras, defensa, en cultura y en deporte, y finalmente desembolsos en el exterior. Y si eso no cuadra a la primera (que supongo que no, como casi siempre) ir disminuyendo el gasto en sentido inverso y proporcional de la escala anterior, siendo lo último en utilizar lo tocante a sanidad, pensiones, sus ramificaciones y la cobertura social al menos a unos años vista (eso como mínimo). Cordura, equidad y respaldo mayoritario a ese principio de reparto. Eso sí que sería una buena gestión aceptada masivamente. Y lo demás trucos de trileros y burdos engaños.

           Sucede que hasta ahí nunca llegamos en debate alguno. Que eso no vende. Que el contrincante no deja llegar ahí (quizá porque a ninguno de ellos le interese llegar). Y esto, que debería ser más parecido a una comunidad de vecinos bien avenidos y sus consiguientes repartos de gastos, pasa a ser otra cosa farragosa, turbia, inentendible, adonde los dineros públicos se desvían con facilidad, adonde las distintas administraciones funcionan tan estancas que unas no dan cuentas a otras. Nadie parece vigilar a nadie y ahí se nos pierden las distintas y enrevesadas tuberías dinerarias, llenas de agujeros donde poner cazos oportunos. Sobran muchas cosas que incrementan el gasto. Y una reforma de la farragosa administración a tiempo arreglaría muchas cosas para hoy y para el futuro. Pero ese es un coto adonde tampoco interesa llegar en profundidad a cualquiera de todos ellos (los que en alguna medida ya viven instalados ahí, que son casi todos). Así de fácil y de difícil parece ser el asunto.