Viernes, 15 de diciembre de 2017

El disputado escaño del señor Lago

(Gustavo Hernández, miembro del Grupo de Estudios Culturales A. Gramsci PIF-FPU. Dep. Historia Medieval Moderna y Contemporánea. USAL)

 

Jorge Lago, diputado cunero para la coalición de Podemos-IU Salamanca

A través de la presente crítica trataremos de analizar sobre qué factores han podido influir en que el diputado por Unidos Podemos, Jorge Lago, no haya sacado su escaño en la provincia de Salamanca. Parecía que, esta vez sí, la provincia iba a aportar un diputado de izquierdas a las coaliciones surgidas del advenimiento de la denominada nueva política, sumándose a otras provincias del interior de las dos Castillas, las cuales están en la base, desde hace ya muchos años, del triunfo de la derecha -esta vez sí, en singular- en nuestro país. Los más o menos buenos resultados en las elecciones autonómicas de partidos como Podemos, a los que se sumaba la siempre humilde aportación en nuestra provincia de Izquierda Unida, pero, sobre todo, la consolidación de Ganemos como referente de la nueva política para las izquierdas así lo hacía suponer. ¿Qué ha sucedido, entonces, para que, finalmente, no se haya sumado un candidato "salmantino" al proyecto de Unidos Podemos?

            Podríamos alegar que se trata de una cuestión casi antropológica de la población salmantina, con un voto siempre conservador, y que, incluso en esta ocasión con un 48,31%, habría optado por votar a la izquierda tradicional del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con un 21,31% de los votos. Sería normal creer, desde Madrid, que los salmantinos y salmantinas nos negamos por ello a entrar en la nueva política, al ser una provincia atrasada y pobre y, por tanto, conservadora, reticente o temerosa al cambio. ¿Es esto cierto? Puede que sí, sin embargo también existirán otros factores puesto que, modestamente, parecía que hubiésemos avanzado en este sentido mostrando nuestro apoyo en la ciudad a candidaturas como la de Ganemos. Nos parece más sensato, por lo tanto, buscar esta derrota apuntando, una vez más, hacia las contradicciones internas de la propia izquierda, que en esta ocasión no sumó (12,46% frente al 15,67% de Ciudadanos, que se consolida como tercera fuerza en la provincia).   

            En primer lugar, desde el primer momento Jorge Lago aterrizó en Salamanca como un extraterrestre, enviado desde Madrid, que no entendía muy bien, o así lo creí, el contexto de la provincia. Se presentaba como un hombre de cultura, en la ciudad Universitaria por excelencia. Si conociese un poquito más lo que es en realidad Salamanca, y lo que representa su Universidad, habría descubierto que, casi desde mediados del siglo XVII, para los que estudiamos su historia, esta institución es una cuestión local que sirve solamente para mantener un imaginario que vale poco más que para atraer turistas, así como algún que otro romántico, como el señor Lago, que piensan que las universidades españolas son un motor de transformación social y política a través de la cultura y no un lugar que sirve para justificar el mantenimiento de una de las mayores empresas locales y la vinculación socioprofesional y prestigio de sus élites, las cuales se colocan bien en el ayuntamiento, bien en la diputación o en la propia Universidad, mientras que otros, a veces los mismos, se van a las Cortes o al Congreso y al Senado. No vamos a dar nombres que todos y todas conocemos de sobra. Viejísima política, por tanto, también en la institución universitaria. Desde diversos colectivos universitarios hemos venido denunciando esta perniciosa relación que, por supuesto, condena nuestra provincia y nuestra Universidad al pasado. Pero no al pasado del bipartidismo surgido tras la Transición política, sino al pasado de la dictadura franquista, cuya efigie sigue presidiendo nuestra monumental plaza mayor. ¿Por qué no se habló durante la campaña de nada de esto?

            Salamanca, por otro lado, es mayoritariamente campo, es industria agroganadera. Tampoco se habló mucho de esto ni de las consecuencias que para la provincia puede representar la firma del TTIP (Tratado Trasatlántico para el Comercio y la Inversión) por parte de la Unión Europea, a la cual se alabó a pesar de la denominada "crisis migratoria" -entre otras muchas crisis que en el presente azotan a la UE como el "Brexit"- y la cara más xenófoba que ésta está mostrando en este tipo de cuestiones, potencialmente movilizadoras del voto de la izquierda. Se dejaron de lado la participación en asambleas como  la Asamblea de Apoyo a Personas Migrantes, la PAH, asambleas universitarias, coordinadora antifascista, etc. e incluso la propia asamblea de Ganemos. Se dejó de lado, en definitiva, a toda esa multitud de personas que también vivimos en Salamanca y que somos de izquierdas y que no tenemos miedo a ser definidos como radicales o antisistema puesto que, esas son, efectivamente, dos de nuestras características fundamentales. Considero que se equivocaron en esa estrategia en pos de conseguir mayorías que, finalmente, no se materializaron.

            En segundo lugar, nadie se creyó que Jorge Lago, persona contra la que no tengo absolutamente nada en contra, puesto que él, probablemente, sea una víctima más de este contexto, fuese el candidato ideal para la provincia. Ni por parte de Podemos, para quien la directriz de Madrid de colocarle en Salamanca a pesar de ser una persona que no tenía nada que ver con la ciudad sentó mal tanto a la ejecutiva local como regional, después de la purga que habían hecho en abril y por la que la anterior ejecutiva local se vio forzada a dimitir alegando "violencia interna". Ni por parte de Izquierda Unida, cuya militancia nunca estuvo cómoda dentro de esta coalición y lo que era a todas luces una imposición por parte de Podemos-Madrid. Ni, por supuesto, por parte de ningún otro colectivo al margen de estas dos organizaciones, salvo Equo, los cuales poco a poco se fueron quedando al margen tanto de participar en la campaña como de animar a otras personas a hacerlo y, mucho menos, a votar por la coalición. Especialmente las personas que conforman la asamblea de Ganemos a pesar del apoyo de ésta a Unidos Podemos en el último minuto, después de votarse en tres asambleas distintas (puesto que, en las dos anteriores, se había decidido no apoyar formalmente la candidatura. Parecía que la gente no estaba muy por la labor). La actitud de estos tres partidos que conformaban la coalición en ningún momento fue de voluntad democrática ni de implicar a la gente ni a su militancia, mucho menos de consensuar un candidato o candidata, lo que consideramos que habría sido fundamental a la hora de conseguir una fuerza similar a la que obtuvo Ganemos en las pasadas elecciones locales y de lograr el tan ansiado diputado.

            Podemos decir que todo esto influyó, finalmente, en que la campaña haya estado marcada por todas estas decepciones, tanto a nivel de partido como de militancia, de implicación de colectivos locales y de personas en un proyecto que se sentía como impuesto en pos de la construcción de un país que desde Salamanca, tal vez por esa naturaleza conservadora pero tal vez también por voluntad democrática de los colectivos que sí apostamos por un cambio democrático, no atisbábamos a comprender. Nada que ver con los procesos que han aparecido en ciudades como Barcelona, Valencia o, incluso Madrid, donde la fuerza de las mareas sí que ha tenido, o así creo, voluntad de integrar diversos proyectos de forma democrática y no de imponerlos de acuerdo con las prácticas de la vieja izquierda, que al menos "paquí", sí que se dejó sentir.

            Toca ahora hacer autocrítica y pensar en el futuro. El cambio político, a pesar de que, sin duda, existen motivos para llevarlo a la práctica, parece ser una cuestión de paciencia. Paciencia y habilidad política que no han mostrado nuestros dirigentes políticos, quienes ya se veían "asaltando los cielos". El ritmo en las ciudades como Salamanca es mucho más lento, el tiempo pasa más despacio. Las cosas deben hacerse mejor, con más pedagogía. Consideramos que el gran fracaso ha sido, en definitiva, no poner en marcha un proyecto integrador como sí que lo fue Ganemos, con unas primarias abiertas, la voluntad de integrar a distintos colectivos y sus propuestas y la participación de mucha más gente que la militancia de dos organizaciones como Podemos e Izquierda Unida, en la que yo también milito, pero que no han sido capaces de ilusionar a la ciudadanía. No han sido capaces ni de ilusionar a su propia militancia. Esta pequeña derrota debe aportarnos una enseñanza fundamental, que no es otra que la nueva política debe asentar las prácticas que, desde el 15-M, nos hicieron salir a las calles en contra de las burocracias de nuestros partidos, en contra de que estos no tuviesen un funcionamiento interno verdaderamente democrático. En pos, en definitiva, de hacer las cosas de otro modo para poder cambiar una situación secular de atraso en la que se encuentra nuestra ciudad. A veces es necesario primero dar un paso atrás para dar después dos hacia adelante. Espero que esta crítica pueda servir a dicho propósito.    

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Véase nuestra aportación en El Colectivo, Revista del Colectivo Estudiantil Alternativo CEA (febrero-marzo de 2014): "Turnismo político en la Universidad del paquí". Disponible en