Domingo, 17 de diciembre de 2017

¿Quién gana las elecciones?

      Escribo las primeras líneas de este artículo antes de que abran las urnas. Así pues, independientemente de los resultados, dejo constancia de mi escepticismo sobre la existencia de una verdadera democracia, un concepto voluntarista y sublimado que lo mismo sirve para un roto que para un descosido; y, por desgracia, bastante más utilizado para descoser que para coser. En nombre de la democracia ­se han cometido verdaderas aberraciones, genocidios incluidos, lo mismo que en nombre de la libertad, los dioses, las patrias y otras ideas nobles en teoría. Basta echar un vistazo a la historia. Desde luego, la gente no decidía ni por asomo en la Grecia clásica, donde el "gobierno del pueblo" se limitaba al derecho al voto de una ínfima minoría. Desde entonces, las formas de gestión política calificadas de democráticas han sido muy variadas, comenzando por los adjetivos atribuidos: revolucionaria, popular, parlamentaria, orgánica, presidencialista... En unos casos han contribuido a mejorar la vida de los pueblos, en otros a la ruina y la pérdida de las libertades.

    A partir de este segundo párrafo, escribo conociendo los resultados provisionales. El partido que ha ganado, en número de votos y escaños, es el PP. En la práctica totalidad del país, Salamanca incluida, es el único que ha mejorado sobre las elecciones de diciembre. Si se respetase la voluntad de la mayoría, debería ser el partido encargado de gobernar. El líder del PSOE dijo durante la campaña que estaba convencido de que remontarían e incluso que ganarían las elecciones. Se ha equivocado. Si se respetase la lógica del honor, debería reconocer que o bien mentía o bien no se entera de la situación; en ambos casos queda inhabilitado como político al que se pueda confiar un programa de gobierno. Los mandamases de Unidos Podemos (no digo líderes porque han demostrado escasa democracia interna) prometían sobrepasar a los socialistas (el dichoso sorpasso). También han errado. El dicho popular asegura que los errores se pagan, pero en política no funciona la justicia sino los intereses creados. Las matemáticas contribuyen a embarrar el terreno de juego. Dos o tres perdedores juntos valen más que un ganador.

   Un detalle llamativo más: el fracaso estrepitoso de los sondeos. Según la última previsión de la encuesta "andorrana", publicada horas antes de la votación, "el PP sacaría entre 116-120 escaños, el PSOE y Podemos compiten en la misma franja con entre 83 y 87 escaños, Ciudadanos tendría entre 37 y 41 escaños".

    Quizá la valoración más ajustada a la realidad de un régimen democrático como el nuestro es que se trata del peor sistema, a excepción de todos los demás. No sé cómo terminará el asunto, qué alianzas ni que apoyos activos o pasivos se derivarán de estos resultados. Lo que sí sé es que la mayoría de los votantes no desean reproducir el Frente Popular que tanto sufrimiento provocó en España hace ochenta años. O sea, lo que sus instigadores llaman "nueva política", "el cambio " y "la sonrisa de un país". Algo hemos ganado.