Lunes, 18 de diciembre de 2017

Camino de la Oclocracia

“España necesita un movimiento de renovación y regeneración democrática, que debe ser impulsado y protagonizado por los propios ciudadanos.”
Aristóteles decía que la democracia viciada acaba en oclocracia. Pero ¿qué es la oclocracia?. Pues bien si la democracia es el gobierno del pueblo, la oclocracia es el gobierno de la muchedumbre (no confundir con multitud). Es decir, la democracia se basa en la igualdad de los hombres mientras la oclocracia en la desigualdad, incultura, zafiedad e imposición. Es la peor degeneración posible de la democracia

En la que una masa de incultos inmorales y carentes de principios igualitarios, destrozan al pueblo y sus instituciones no sólo en beneficio propio sino con el claro objetivo de tiranizarlo; es decir anularlo mediante cualquier oscura y nefasta iniciativa a quien no piense como ellos: Se crea así una desigualdad escandalosa: - Los míos y los demás-. Pero en este caso los míos, son una muchedumbre llena de rencor que lo único que quiere es hacer daño a los demás y arrebatarles cuanto poseen.

Hay, un corrido mexicano que lo cuenta muy bien: “mi padre fue peón de hacienda y yo un revolucionario, mis hijos pusieron tienda y, mi nieto es funcionario”. De manera que de la incultura, se pasa por la protesta, enriquecimiento y la integración en el sistema de forma absoluta. ¿Cómo se llega a la oclocracia desde la democracia? Pues muy sencillo: a través del egoísmo, primero se aumentan las instituciones para dar participación a los ciudadanos en su propio gobierno. Después se promueve la libre expresión de cada cual y, aparecen los partidos políticos, sin freno ni cortapisa. Para justificar la convivencia se elabora una constitución mediante cual se crean unas directrices, aunque ya para entonces comienza a viciarse el sistema, pues la constitución admite muy diversas interpretaciones, para lo que es preciso crear otro organismo el Tribunal Constitucional, el cual esta formado por efectos a los grupos dirigentes.

Es decir, no son plenamente imparciales de hecho, aunque lo sean de derecho. Y esos grupos políticos e instituciones dan un paso más y la democracia se transforma en lo que se conoce como oclocracia, que es lo que llevamos disfrutando en España desde finales de los ochenta del siglo pasado, como poco.

Al mismo tiempo la cleptocracia, como su nombre indica es una democracia en la que el robo se generaliza y justifica. Bueno,- el robo de unos cuantos-, no de todos. Para ello se establecen múltiples impuestos y tributos que no revierten razonablemente en los beneficios para la población “paganini”. Sin embrago, eso no es suficiente (¡… el ansia viva que diría José Mota…!) y los cleptócratas se dan cuenta de que la gente les ve, incluso puede que alguno les diga: “¡mira niño, que la Virgen lo ve todo y que sabe lo malito que tu eres”!. Entonces dan un paso más Y comienza el lavado de cerebro al pueblo, comenzando por los inocentes niños educándoles en el odio, el clasismo, el desprecio a toda suerte de principios no se vayan a dar cuenta de lo que pasa en los bolsillos de sus padres, así crecen en una idiocia total asilvestrados en marañas urbanas, hasta que llega un demagogo bien dirigido y camuflado y se convierten en idealistas puros y duros, estos crean la muchedumbre que se opone a todo enarbolando la bandera de antisistema, disfrazados para ocultar su dosis de violencia, donde algunos periodistas les ríen las gracias. Son tan torpes que no se dan cuenta que sus cogotes serán los primeros en caer. En una oclocracia sobra la información y por ende sobran los periodistas.

¿Dónde estamos ahora y que puede pasar? Pues nos encontramos en pleno declive de la cleptocracia, aquí ha robado un ingente número de políticos y se ha robado en un ingente número de instituciones. Los partidos políticos llevan favoreciendo la cleptocracia desde hace décadas. ¿Y saben porque se aferran al sillón y no quieren dar paso a gentes mucho mejor preparadas y con más carisma que ellos? Muy sencillo, porque temen acabar en la cárcel, bien por colaborar o bien por mirar para otro lado y dejar hacer, por el cual pueden ser considerados cooperantes necesarios del robo. Por eso surgen otros grupos, unos decentes y otros en forma de muchedumbres, capaces unos y otros de cambiar dinero por votos.

Bueno, todo esto hasta que se arruine el país, se organice el “guirigay” salgamos todos a tiros, regrese la estaca a poner orden y vuelta a empezar. Esperemos que a pesar de todo este reguero de despropósitos, puedan ordenarse las cosas, se restablezca la verdad, y eliminemos la corrupción que ha sido la moneda común de este desasosiego que nos rodea. – Y que Dios nos ampare tú.

 

                Fermín González Salamancartvaldia.es       (blog marinerías)