Lunes, 11 de diciembre de 2017

Sed de agua, pero también de cultura

Sobre el pasado y presente de Cantalpino y los proyectos de regadío en la zona

Siendo un niño, oí de boca de los mayores que, cuando llegó el ff-cc. desde Medina del Campo a Salamanca, a finales del XIX, lo que representaba una clara señal de desarrollo y bienestar, no en  todos los sitios fue acogida con entusiasmo. Contaban los ancianos que el trazado inicial de la vía férrea, para ubicar la estación próxima al pueblo de Cantalpino, debía atravesar unos extensos prados municipales que mantenían alimentada la cabaña animal buena parte del año. La mentalidad de aquellos hombres no estaba en condiciones de admitir los perjuicios que, presumiblemente, podría ocasionar el paso de tal ingenio tan cerca de los animales que, además del presumible sobresalto, podrían sufrir algún atropello. Desconozco la fuerza que podrían oponer los temores de los habitantes de la zona a los planes de los técnicos responsables –que, supongo, sería escasa o nula-, pero lo cierto es que la estación quedó establecida a 8 km. del pueblo. Basta ver el plano del trazado para observar una especie de “meandro” que aleja la estación sin que exista ningún obstáculo topográfico que lo justifique. Es posible que todo sea una especie de leyenda negra, pero, cuando no existían vehículos particulares, la opinión generalizada culpaba a los antiguos de ese molesto inconveniente.

Pasaron los años y, a mediados de los 60, se planteó la posibilidad de acogerse a un proyecto de convertir en regadío una parte importante del término municipal, ante la llegada del llamado canal de Babilafuente. A pesar de que Cantalpino fue un pueblo pionero -cuna de una estirpe de hortelanos que vendían sus productos por toda la comarca e incluso llegaban con sus animales hasta la misma capital, en viajes de ida y vuelta-, en la época de la que hablamos, la superficie dedicada a los cultivos de secano era muy superior a la de regadío. Lo que hubiera supuesto un indudable progreso y revalorización del terreno, no fue aprovechado porque el desconocimiento y la desconfianza propalaron la idea de que las nuevas fincas transformadas en regadío sufrirían un recargo en los arbitrios que las convertirían en poco menos que ruinosas. Una vez más, el desconocimiento y, sobre todo, la falta de  información apropiada, malogró una nueva oportunidad de mejora.

Afortunadamente, los tiempos van cambiando y las nuevas generaciones actuales tienen otra forma de pensar y otro grado de formación. A pesar de las críticas justificadas a tanta ley de educación “a la carta”, quienes vivimos fuera del ámbito rural en que nos criamos, estamos en condiciones de valorar con mayor conocimiento de causa los innegables avances de niños y adolescentes formados en el medio rural, comparándolos con los de nuestra época. Es posible que esta mejoría en la formación de la juventud sea más patente en el medio rural que en el urbano. No cabe duda que la inmediatez de la información, los medios técnicos, la televisión, la informática y los viajes han convertido nuestros olvidados e incomunicados pueblos en pequeñas sociedades con todos los adelantos de la ciudad, las mismas comodidades, un mayor tiempo libre para el ocio y la diversión y, lo más importante, con el conocimiento de los medios y métodos necesarios para lograr ese bienestar. Aunque con alguna resistencia, ya se ha conseguido quemar alguna etapa de progreso y, por ejemplo, se ha formado alguna cooperativa para hacer más fácil y rentable la salida de productos al exterior.

Todo lo anterior enlaza con la satisfacción de comprobar la inmediata llegada a la zona del nuevo canal de riego de LA ARMUÑA. En esta ocasión, he podido comprobar la unánime aceptación del proyecto, conscientes todos los propietarios del enorme beneficio que representa para la comarca afectada.  La nada onerosa fórmula adoptada por la Administración para hacer frente a  esta obra, lleva aparejadas varias ventajas, siendo de las más importantes la previa concentración parcelaria de las fincas afectadas y un coste medio de riego por hectárea bastante menor que el actual, que, además, ya no necesita el uso de otra energía por parte del usuario, ya que el sistema no actúa por gravedad sino por presión en origen. Así pues, todo lo que signifique mayor progreso, más comodidades, más producción y diversificación en los cultivos, además de mayores beneficios, forzosamente debía ser bien acogido. Esta vez, la cultura ha hecho lo demás.

Francisco López Celador

Cantalpinés, Coronel del Ejército (R)

http://salamancartvaldia.es/not/49465/el-coronel-francisco-lopez-celador-pregonero-de-las-fiestas-de-cantalpino/